Trabajar sin derechos laborales: El horror que esconde la industria del delivery

Escrito por el 12 Julio 2019

Una repartidora se mueve por las principales avenidas de Santiago, pedalea fuerte para alcanzar a hacer el pedido en el menor tiempo posible y que así no la penalicen en la calificación que hacen los clientes. Una consumidora bucea en las posibilidades de oferta que ofrecen plataformas como Rappi, Uber Eats o PedidosYa. No tiene que moverse de su casa para consumir, puede solicitar comida de un restaurante, remedios sin receta médica a una farmacia o hacer el pedido del mes, todo sin poner un pie afuera. No hay necesidad de salir al exterior o interactuar con otras personas.

Jerusalen, José, Víctor, José y Manuel. Foto: Camila Pérez Soto.

Por José Ojeda V, Camila Pérez S, Francisca Vargas R y Constanza Viera G.

Un informe de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), señaló que en 2018 aumentó el consumo online en Chile, el área de servicios, donde se inserta la industria del delivery, tuvo un alza de 41,9% respecto al año anterior, demostrando esta nueva tendencia de consumo que se está gestando en las ciudades más grandes del país.

El estudio “Nuevas formas de trabajar trabajo presente versus trabajo decente” de Growth from Knowledge (GFK) estableció que el 60% de la muestra analizada utiliza aplicaciones para consumir productos o servicios. Los usuarios son principalmente, mujeres, de 18 a 35 años, y del grupo socioeconómico C2. También agregó que una de cada cinco personas declaró conocer a alguien que trabaja en una App.

La radiografía es clara. El trabajo que proponen las plataformas digitales es el paraíso del capitalismo. Flexibilidad laboral llevada al extremo, ausencia de la figura del “jefe” y una supuesta “mano invisible” que regularía la frecuencia y acceso a los pedidos a las socias y socios de la aplicación a través de un algoritmo, porque es claro, que estas empresas digitales no ven a sus colaboradores como trabajadores con derechos.

¿Bajo qué necesidad nacen estas aplicaciones?

Gabriela Campos (20) está sola en su casa en Ñuñoa. Dice que prefiere usar aplicaciones de delivery porque es “muy floja” y le resulta más cómodo que la comida le llegue a la puerta de su departamento. Además, no le gusta ir a lugares físicos para comer. Lo encuentra demasiado masivo y con mucho ruido. “La comida igual es rica, pero si puedo comerla en mi casa, con mi familia o mis amigas, prefiero pedirla”, señala.

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En el último año, las cifras respecto a pedidos de comida a domicilio crecieron en cerca de un 15%, según los datos obtenidos por GFK. El aumento de estas cifras tiene relación con el uso en subida de aplicaciones como Rappi o Uber Eats. Esto, como señala el Sociólogo y Doctor en Estudios Culturales, Tomás Peters, es el problema que busca satisfacer el capital, que es la domiciliarización de la vida cotidiana. “Lo que busca es que ya no tengas que salir de tu hogar, que no tengas que hacer una vida en los espacios tradicionalmente presenciales, que tu movilización sea lo menos compleja posible”, explica Peters.

Hace 30 años atrás, agrega Peters, todas las políticas públicas estaban orientadas a vivir la ciudad. Sin embargo, este escenario ha cambiado radicalmente en los últimos años: “Lo que estamos viendo a nivel de estadísticas, es que la gente está yendo cada vez menos a vivir en la ciudad”.

Por lo general, Rappi o Uber Eats entregan promociones tras realizar varios pedidos, categorizando a las personas que ocupan las aplicaciones. Gabriela cuenta que le pasó algo similar: “Tengo un código de descuento sin envío hasta final de año y eso hace que sea más barata toda la compra. Entonces, sale el mismo valor que me saldría en el lugar (tienda física), pero me lo dejan en la puerta de mi casa”.

Gabriela toma su celular y comienza a “vitrinear” por Uber Eats. Dice que encuentra “brígido” que la gente deje de moverse tanto y ocupe una aplicación para comprar comida, pero también admite que se le ha hecho todo más cómodo y le gusta cómo funciona. Confirma el pedido de sushi y le llega un mensaje avisando que su pedido estará en 30 minutos en su departamento. “Sirve para mucha gente que tampoco puede salir a comprar, como los abuelos. También por si viene alguien a tu casa a último momento, puedes pedir algo rápido (…) Espero que salgan más aplicaciones. Hay cosas por mejorar, pero es cosa de tiempo”, sostiene.

Peters no ve de manera tan positiva el devenir del uso de estas aplicaciones. “Aplicaciones como Rappi buscan cómo ofrecer que tu tiempo se transforme a través de las aplicaciones. Bajo la idea de la cuarta revolución industrial, de que todo se pueda hacer digitalmente, esto se posiciona como la búsqueda de soluciones”, afirma.

“Es probable que, a futuro, negocios como restaurantes y tiendas de discos, librerías, etc, sean simplemente bodegas. A un restaurant le sale más caro tener garzones, cuidar, limpiar, antes que vender todos sus platos a través de Rappi”, señaló Peters. El académico planteó que la lógica detrás de esta aplicación se extenderá a todos los ámbitos y sectores de la sociedad. La librería, por ejemplo, sólo tendrá a un vendedor que buscará el libro cuando llegue el Rappi. El día en que llovió, comenta Tomás, los restaurantes estaban vacíos. No había nadie comiendo en los locales y lugares físicos. Sin embargo, las cocinas estaban “a full”. ¿La razón? La mayor parte de los pedidos, si es que no fueron la totalidad, estaban siendo gestionados a través de aplicaciones como Rappi o Uber Eats.

Trabajar a través de Apps, ¿explotación o flexibilidad laboral?

Trabajadores de Rappi y Uber Eats, Foto: Camila Pérez Soto

La masificación que han tenido las aplicaciones de delivery en nuestro país se deben principalmente al funcionamiento simple y conveniente de éstas, tanto para el consumidor como para el trabajador. La mayoría de los “socios repartidores” como se hacen llamar, son jóvenes menores de 30 años, quienes atraídos con la posibilidad de tener su propio horario y la promesa de ser sus propios jefes, deciden trabajar a través de estas Apps. El ingreso a ellas es bastante simple, solo se necesita ser mayor de edad, tener certificado de antecedentes penales limpios y contar con algún medio de transporte como bicicleta, motocicleta o automóvil. En el caso de los vehículos motorizados, se requiere tener permiso de conducir nacional o internacional. Los pocos requisitos para trabajar han cautivado a gran cantidad de migrantes que llegan de manera ilegal a Chile o que están proceso de conseguir una visa de residencia definitiva, y por lo mismo tienen dificultades para encontrar otros trabajos.

El principal problema al trabajar a través de aplicaciones es que no es considerado un trabajo. Las Apps de delivery consideran a los repartidores como colaboradores que prestan un servicio. No firman contrato de trabajo, y por tanto no son considerados como trabajadores por la dirección del trabajo, quedando sin ningún tipo de prestaciones laborales obligatorias estipuladas en el código del trabajo como vacaciones remuneradas, pago de cotizaciones previsionales o de salud. Estas empresas se respaldan bajo un vacío legal que sólo las beneficia a ellas.

Benigno Retamal, abogado de la Universidad de Chile, señala que entre los repartidores y las aplicaciones de delivery existe una subordinación y dependencia, debido a que los socios repartidores reciben órdenes y deben cumplir con compromisos de tiempo, lo que establece ante la ley un vínculo laboral entre ambas partes. Pero según la dirección del trabajo, si no existe un contrato laboral que establezca la relación entre trabajador y empleador, no existe una relación laboral. Según ellos, “la calificación de la naturaleza y tipo de contrato mediante el cual se realiza un servicio de distribución y entrega de productos requiere de un análisis caso a caso para determinar si se trata de un vínculo contractual regulado por el código del trabajo”.

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Ante el vacío legal en el que se encuentran estos trabajadores, los/as diputados/as de revolución democrática Maite Orsini y Giorgio Jackson propusieron la idea legislativa #MiJefeEsUnApp, que busca establecer legalmente la relación laboral entre aplicaciones y trabajadores. A través de la firma obligatoria de un contrato laboral, que especificará las obligaciones y deberes entre empleadores y trabajadores, se busca regularizar la situación precaria de los repartidores, poniendo énfasis en los horarios de trabajo y las remuneraciones. También, a través de este proyecto, se busca garantizar la seguridad de los repartidores, otorgándoles una cobertura médica obligatoria en caso de accidentes.

#MiJefeEsUnaApp Foto: Diario la Quinta

Pero según Giorgio Jackson, en entrevista con SocialGeek, es muy probable que la iniciativa no logre su aprobación, debido a diversos obstaculos como el lobby de las empresas en el congreso, la naturalización que tiene actualmente el concepto de autoexplotación, pero la más importante es que el Gobierno reconoce a través de las encuestas de empleo a los trabajos precarios como una ocupación remunerada, por lo tanto, al regular las Apps se estaría reconociendo una nueva forma de subordinación y dependencia, transparentando las reales cifras de desempleo en el país, lo que tendría gran costo político para el Gobierno.

De acuerdo a los obstáculos que presenta el proyecto, es probable que la regularización de las aplicaciones se lleve a cabo a través del proyecto de ley del gobierno sobre flexibilidad laboral.

“Un número más, un repartidor más”

Cada viernes, sábado y domingo a las ocho de la tarde se pone una mochila verde, su casco y monta su bicicleta. Cristian Eriza (25), es repartidor de Uber Eats y sus viajes suelen ser entre Providencia y Las Condes. Es estudiante de quinto año de periodismo en la Universidad Finis Terrae y señala que tuvo la necesidad de trabajar como repartidor para cubrir los gastos de su carrera y de la tesis que se encuentra realizando. Si bien trabajó part-time durante un tiempo, señala que prefiere trabajar en un lugar en que ni horarios ni jefes lo amarren.

Mientras piensa en las ventajas y desventajas de estar trabajando en aplicaciones de delivery, enumera más en contra que a favor, “nunca sabes cómo va a estar el día, cuánta plata vas a ganar, cómo va a llegar el producto ya que se puede reventar o se puede dar vuelta una bebida. Las calles son una desventaja, es una pega muy peligrosa. Yo ya me he caído por culpa de la imprudencia de un chofer que no respetó, han habido accidentes donde han muerto varios repartidores porque los atropellaron”, detalla.

Erazi cuenta que en el momento en que sufrió un accidente no se contactó con soporte, ni con nadie de Uber Eats. Entre sus compañeros comentan que, aunque avisen sobre los accidentes, los seguros a los que están afiliados nunca corren, “al final uno las ve por sí mismo”, indicó el estudiante.

Los repartidores de Uber Eats, Rappi y PedidosYa no tienen lugares de descanso determinados en los que estar entre un viaje y otro. Si las temperaturas son bajas o si está lloviendo torrencialmente, tampoco tienen un lugar estable para protegerse. No existen encargados que controlen cuánto tiempo pueden estar realizando viajes, por lo que fácilmente pueden trabajar las 24 horas del día sin que nadie les diga nada.

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Debido a la precarización laboral, han surgido nuevas organizaciones con una nueva sindicalización por parte de trabajadores de aplicaciones. Y es en esta línea en donde el sociólogo, Tomás Peters, señala que es importante cuestionarse cuáles serán las consecuencias y respuestas de los empleados ante estas pésimas condiciones laborales.

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Peters asegura que este tipo de servicios crean un desfase entre la legalidad y la innovación tecnológica del capital, debido a que las aplicaciones delivery no se rigen bajo leyes laborales chilenas o leyes de otros países debido a que no se encuentra reglamentado. Este negocio nace como si fuese una economía colaborativa, es decir, el repartidor cumple el rol de ayudar al funcionamiento, colabora para hacer que las lógicas funcionen, a la misma vez, que ayuda a otros. En este trabajo, la figura del jefe va desapareciendo en cuanto a las lógicas de dominación y poder. Las consecuencias se reflejan en la precarización laboral, las inexistentes garantías laborales y la nula seguridad de los trabajadores.

Al ser un trabajo con jornadas más flexibles y sin la necesidad de subordinación ante un jefe, se tiene la idea de que es el mercado quien regula su funcionamiento. Este fenómeno implica que cada empleador debe hacer su camino por sí mismo y así, con su esfuerzo individual, lograr sobrevivir en el mercado.

Cristian reconoce que trabajar cuando él quiera y desconectarse de la App para continuar al otro día es una gran ventaja que logra compatibilizar con sus estudios, pues sólo de esta forma puede ahorrar dinero y cubrir sus necesidades. Sin embargo, también destaca la nula interacción entre clientes y aquellos que se encuentran en la cocina preparando los pedidos. Señala que es la comodidad de los clientes lo que en la actualidad hace de las aplicaciones delivery un negocio masivo y rentable, y a pesar de ser repartidor hace dos meses, si realiza muchos viajes durante un mes recibe las “lucas” que él y otros muchos trabajadores tanto chilenos como extranjeros necesitan.

Participación de las mujeres en la industria del delivery

Trabajadora de Rappi. Fotografía de https://www.las2orillas.co. “Un repartidor de Rappi recomienda no trabajar ahí”.

Grecia tiene 26 años, es periodista y trabaja en un minimarket, el resto del tiempo en Rappi. Postuló varias veces a cargos relacionados al periodismo, pero como es oriunda de Caracas, Venezuela, le pedían tener la visa definitiva aprobada. El proceso es largo, y comenta que lleva 9 meses esperando la visa.

La mujer caraqueña es una de las tantas que están optando por trabajar en plataformas de la industria del delivery. “Las mujeres se insertan en desventaja, como en los otros ámbitos de la economía, pues deben lidiar con los mismos desafíos de carga mental y obligaciones patriarcales asociadas a su condición de mujeres”, afirma Ana María Castillo, periodista, docente de periodismo digital y Doctora en Comunicación de la Universidad de Chile. Además, agrega que esta desventaja y desprotección se expresa, por ejemplo, en que “la ley de protección a la maternidad se da sólo en condiciones de seguridad laboral y el trabajo en aplicaciones no cumple ninguna condición”.

En esa misma línea, las mujeres no sólo enfrentan la precarización laboral propia del trabajo en plataformas digitales, si no que también se ven más expuestas a situaciones de abuso, acoso o discriminación.

Hay repartidores que tiran muchos piropos. “Algunos se pasan de la punta, como mujer me doy cuenta cuando lo hacen de buena onda o cuando lo hacen con otra intención, pero se pueden tomar medidas contra eso, simplemente doy el número de ID del repartidor y lo pueden bloquear para que no le caigan pedidos cerca del lugar”, comenta Josefina, quien tiene 18 años y se desempeña como Shopper de Rappi en el Mall Portal Ñuñoa, es decir, que se encarga de comprar productos en supermercados.

Repartidores de Rappi. Fotos: Camila Pérez Soto.

Josefina ha visto sólo dos mujeres repartidoras en lo que lleva trabajando, lo asocia a que no es tan común ver mujeres en moto. Grecia por su parte, señala no haber tenido malas experiencias con sus compañeros repartidores hombres.

La periodista repartidora hace cuatros pedidos diarios máximo, porque tiene problemas a la columna que la imposibilitan de trabajar mucho rato pedaleando. Si existiera una regulación del trabajo en plataformas, Grecia probablemente podría hacer algo al respecto con su dolencia en la columna, pero la situación no es así. “Un seguro de salud sería importante porque uno está expuesto a accidentes”, señala.

Cristian, repartidor de Uber Eats, comenta que las mujeres trabajando “son muy pocas. Hay otras que se dedican en las motos a hacer la segunda, a ir detrás del chofer y sirve para darles indicaciones sobre la ruta y eso no lo pueden hacer, porque es ilegal. Ahí participan varias mujeres, yo me atrevería a decir que son las parejas de los conductores”.

Esta práctica sirve para cuidar las motocicletas mientras se bajan a entregar los productos, pero evidencia la condición de precariedad laboral en la que se encuentran las mujeres en estas plataformas de trabajo digital. Esto porque al no estar registradas como socias, ni siquiera podrían dejar constancia si sufren algún accidente.

Ana María Castillo es categórica al señalar que: “La discusión también debería abordar a las empresas que crean esta vinculación de “socias”, cuando en realidad lo que obtienen es ganancia neta, sin la responsabilidad de cuidar de sus trabajadoras -que en rigor no son sus trabajadoras-”.

No obstante, Grecia, mientras trabaja en el minimarket y responde esta entrevista, es enfática al decir que la regularización será positiva sólo si no pone obstáculos para ingresar a trabajar, debido a que el trabajo en plataformas es una alternativa que muchos extranjeros toman cuando recién llegan a Chile mientras buscan un trabajo formal.

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