Editorial: Me gusta hacer memoria

Escrito por el junio 1, 2023

Editorial de la Radio JGM a 50 años del golpe, y tras las años de legislaciones que han permitido el olvido: Hacer memoria.

Por Paula Cárdenas

El 16 de noviembre recién pasado, entre bostezos y posaderas cuadradas luego de estar 21 horas sesionando, la Cámara de Diputados y Diputadas aprobó parte del proyecto de Presupuesto 2023 presentado por el gobierno de Gabriel Boric. Pero la aprobación venía con letra chica: a unos meses de cumplir 50 años del golpe civil y militar que abrió pasó a la instalación de Pinochet en el poder, las y los honorables diputados y diputadas de la República decidieron quitarle el financiamiento a los sitios de memoria.

Villa Grimaldi, Londres 38, José Domingo Cañas 1367, entre otros espacios, se quedaron en ese momento solo con el título legal de sitio de memoria, porque plata para la mantención por parte del Estado no había.

Mientras, entre palmadas felicitadoras se encontraron los figurines ultraderechistas del Partido Republicano, otrora numerarios Opus Dei cómplices de la dictadura, contentos de haber dejado sin financiamiento al “Museo de la Memoria Selectiva”. Mientras, la derecha tradicional se escudaba en sus clásicos argumentos de esencia supuestamente moderada, de que al chileno promedio no le interesa gastar el presupuesto nacional en estas cosas, que hay una inflación desbordada, que el Ejecutivo tiene que negociar mejor. Por su parte el partido de la transición, la Democracia Cristiana, se deshacía en excusas de errores que se comprometían a rectificar, ahora sí que sí, en el proceso senatorial.

Y de que el Estado violó derechos humanos parece que nadie se acordó. 

Pero yo sí me acuerdo. 

Yo no viví la dictadura, – la oficial al menos – pero sí puedo recordar algunas cosas. Puedo recordar cuando en cuarto básico escuché por primera vez «Te recuerdo Amanda», de Víctor Jara, y que fue una de las canciones que más me habían conmovido a tan corta edad.

Y que después en mi adolescencia lo busque a Víctor y me encontré con un destino manchado por la bota militar, una bota chilena, la bota de un Estado. Ese mismo Estado que había forjado mi joven camino asesinó a quien cantó las palabras más sinceras que alguna vez había escuchado.

También me acuerdo de cuando me tocó hacer un trabajo en Londres 38 para el colegio, gracias a un profesor que fue despedido por hablar del Golpe Militar. Londres 38, el lugar en donde me dí cuenta de que Victor no había sido el único. Donde también me dí cuenta de que yo no era la única que pensaba como Víctor. El sitio en el que por primera vez sentí que pude conversar con quienes ya no estaban allí. Con quienes se parecían a mí. Donde sentí miedo sin haber amenaza aparente. Donde la muerte se huele y donde la resistencia se encarna. La resistencia se encarna. Londres 38, el lugar donde pude percatarme de que no puedo olvidarlo. 

No puedo olvidarme no solo porque creo que hay que reconocer nuestra historia. Sino que porque simplemente no puedo. Esto no se olvida porque la sentencia del congreso deja descalzos a los sitios de memoria. Esto se vive en la carne, todos los días por las calles que transito, donde me pregunto si alguna de las personas desaparecidas habrán pasado por aquí, reído en este lugar, vivido en aquella casa, esperado la micro en esta misma esquina. 

Y para qué vivir en el pasado me han dicho, si ya pasó, ya fue. Pongamosle punto final nos han dicho a todes. Y nos lo han intentado imponer una, dos, tres veces: con leyes de amnistía, con normas que guardan el secreto de quienes fueron los torturadores reconocidos en la Comisión Valech, con un congreso que devolvió los inmuebles donde se torturó, intentado borrar así la sangre que se desparramó en sus paredes. Quieren que mañana amanezcamos reparades y sigamos en un futuro neutro, donde partimos de cero. Pero es que no partimos de cero, porque yo me acuerdo. Y no me puedo olvidar. 

Ver la resistencia de quienes han pasado por todo lo que este Estado les ha tirado me da fuerza. Ver que la valentía no acabó en los setenta me revitaliza. Ver que otres también recuerdan, que lo sienten en su cuerpo como yo lo siento, le da sentido a seguir aquí y no caer ante la profunda tristeza que me evoca saber que hay quienes ya no están porque les mataron para que los gringos puedan instalarse en nuestra tierra y usurparla como se les da la gana. 

Me gusta hacer memoria. Sí, Me gusta, y no solo un poquito, sino que me gusta mucho hacer memoria. Y más me gusta que hagamos memoria. Y no solo me gusta, la necesito. Y creo que la necesitamos, en plural.  

Mural Brigada Ramona Parra

* Editorial basada en reportaje “Las Políticas del Olvido (o “una clase política con amnesia”)

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