La frontera de lo humano y la ciencia ficción travestí: imaginaciones políticas en tiempos de devastación

La siguiente columna nos invita a reflexionar sobre lo que nos hace humanos en tiempos de genocidios y guerras en el mundo, esto a partir de una serie de discusiones sobre «la frontera de lo humano» con la poeta y escritora, Claudia Rodríguez, quien nos convoca a imaginar existencias distintas posibles en el presente, y nos recuerda que una comunidad puede crear mucho más allá del mundo que percibe. 

 

 

Diego Lagos Garrido. Integrante Colectiva Ají y en la quebrada del Ají.

Hace un tiempo, con Claudia Rodríguez, como era habitual, nos adentramos en una conversación sobre la humanidad y lo humano. En esa oportunidad, el diálogo surgió a partir de diversos comentarios públicos en torno al genocidio en curso en Gaza, así como de declaraciones que aluden a renunciar a lo humano o a reconocerse fuera de ello, o como ex humana, tal como lo expresó Rita Segato en su último paso por Chile. 

Lo pensamos desde distintos lugares y, sobre todo, desde la idea de la ciencia ficción travesti, propuesta por Claudia, como una contribución necesaria para pensar el presente y el qué hacer. Días después, le propuse que pudiéramos discutir, junto a otras y otros, sobre la “frontera de lo humano”, incorporando la noción de borderlands de Gloria Anzaldúa, que nos permitiera realizar distintos cruces. Con entusiasmo, Claudia aceptó.

En ese contexto, nos incentivó una columna escrita por Javiera Manzi y Claudio Alvarado, titulada “Radicalmente humanos”, en la que planteaban la siguiente tesis: ante la brutalidad del genocidio palestino, algunos sectores de la intelectualidad crítica han caído en una deriva apocalíptica que llama a «tirar la toalla». Aquí creemos lo contrario, en el valor de la esperanza como afirmación política de una humanidad aún posible.

La frontera, como planteó Gloria Anzaldúa hace algunas décadas, no es solo un espacio geográfico, sino un entramado complejo, físico, cultural, simbólico y espiritual, atravesado por violencias, resistencias y mestizajes. La frontera es un borderland donde distintas identidades se mezclan, conviven y se oponen. Esa zona intermedia es también contradicción, dolor y creatividad.

Esta conceptualización nos permite comprender fenómenos actuales, visualizar lo que ocurre en ese borderland y pensar políticamente esas contradicciones, dolores y creatividades como formas de imaginación que permitan pensar el presente. Esta imaginación se complementa con la ciencia ficción travesti, planteada por Claudia, que propone un desplazamiento. No se trata de imaginar un mundo distante, sino de pensar desde el acá y el ahora.

Claudia inscribe su idea de ciencia ficción en aquella que imagina distintos mundos posibles en el presente, y no en la que solo proyecta devastación y una deriva apocalíptica. Contra esta última también se sitúa la propuesta de Javiera y Claudio, al enfrentar la discusión desde una perspectiva que haga posible la humanidad, la vida y una existencia distinta.

La frontera y lo humano tienen sus genealogías históricas. Han atravesado el genocidio de distintos pueblos, el desplazamiento forzado de diversos grupos humanos, así como la tortura, la desaparición y la muerte de múltiples personas. Se trata de un hilo de violencias que ha ido delimitando aquello que se considera humano.

Por ello, a mi parecer, resulta fundamental dialogar en torno a la frontera de lo humano, entendida como esa zona intermedia, esa contradicción de lo humano que nos confronta con un dolor desgarrador y, al mismo tiempo, con una potencia creativa para imaginar el presente. En este punto, se vuelve clave incorporar la propuesta de la ciencia ficción travesti, como un desplazamiento necesario que problematiza el proyecto de vida y su mandato de desesperanza aprendida, y que busca tensionar precisamente esa desesperanza.

El escenario mundial actual nos enfrenta al horror transmitido en vivo, que opera como un refuerzo de la desesperanza. Se consolida así la idea de la devastación y del fin apocalíptico, junto con una consecuencia política que afirma que no es necesario hacer nada, porque todo estaría ya destinado a la destrucción. Frente a este horror, la comunidad pierde sentido, y observamos cómo una individualización cada vez más creciente orienta el actuar público.

Por el contrario, la comunidad, desde las líneas que aquí se han planteado, adquiere una relevancia central. Claudia reflexiona sobre cómo las comunidades, durante la pandemia, se organizaron para responder de forma anticapitalista y para defender la vida. Y nos recuerda que una comunidad puede imaginar y crear mucho más allá del mundo dado. Esa comunidad, creo, debemos situarla en la frontera. Esa conjugación nos permitirá construir una reflexión más coherente con lo que está sucediendo y con los afectos de quienes habitan ese espacio.

Pensar desde la frontera de lo humano no implica ofrecer respuestas cerradas ni soluciones inmediatas. Implica, más bien, habitar esa zona intermedia donde el dolor convive con la imaginación, y donde la desesperanza no se acepta como destino, sino como un mandato que puede ser tensionado. En ese borde, la ciencia ficción travesti y la noción de borderlands se vuelven herramientas para sostener la pregunta por la humanidad como algo aún en disputa. Frente al horror y a la individualización, situar la comunidad en la frontera permite volver a imaginar formas de vida compartidas, posibles y deseables, aquí y ahora.

Esta reflexión es también una forma de recordar a Claudia, en la práctica compartida de pensar juntas.

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