China y Estados Unidos, llevándose a todo el mundo por delante

Escrito por el 5 Julio 2019

Durante el último año, Estados Unidos y China se han enfrentado en una guerra comercial que ha puesto en una situación complicada a la economía mundial. Nuevamente, el llamado Tercer Mundo se ha visto arrastrado a luchas entre las potencias hegemónicas y urge la necesidad de pensar en nuevos liderazgos.

Los presidentes de China y Estados Unidos, Xi Jinping y Donald Trump.

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos ha dado muestras inequívocas de no estar dispuesto a ceder ante la cada vez mayor influencia China. El mandatario estadounidense, durante su campaña, ya señalaba su disposición a comenzar una guerra comercial con el gigante asiático. Su discurso se basa en que el poder de su país se ve afectado por la competencia desleal china, y que subir los aranceles a sus productos sería un incentivo para la industria nacional.

Ahora bien, más allá de este enfrentamiento económico entre chinos y norteamericanos, lo que es cada día más evidente, es que Washington ha visto su influencia mermada a nivel mundial. Tras la “calma” post-Guerra Fría, China ha comenzado a hacer sentir su importancia ante la comunidad internacional.

Sin embargo, quizás lo que debiese preocuparnos más, desde nuestra posición como habitantes del manoseado Tercer Mundo, es lo inverosímil que resulta nuestro papel de meros espectadores/peones en el eterno juego de poder que llevan a cabo las grandes potencias.

Mientras Estados Unidos no duda en levantar aranceles de forma unilateral, tampoco duda en sancionar a cualquiera que este dispuesto a tener relaciones normales con alguno de los países que ellos consideren indeseables, siendo Cuba e Irán dos de los casos más conocidos. Durante los últimos meses, la campaña mediática de Donald Trump para posicionar a Irán como una de las mayores amenazas del mundo, ha sido constante, dejando paso a la posibilidad de un eventual enfrentamiento armado.

De igual manera, China ha sido tajante en cuanto a su posición sobre Hong Kong, intentando restar cada vez más autonomía a la región. Junto con lo anterior, desde 2015, Pekín ha llevado a cabo la construcción de islas artificiales en una zona que aún mantiene una jurisdicción en disputa con otros países, ignorando cualquier respeto a la resolución multilateral de esta clase de problemas

En otras palabras, pareciera que sin importar si hablan chino o inglés, los países que aspiran a llevar a llevar el dominio mundial, tienen siempre en común una postura de intransigencia hacia el resto. Esta situación hace urgente la necesidad de crear nuevos liderazgos a nivel internacional.

Por supuesto que esto no es una tarea sencilla ni mucho menos, sin embargo, de la misma forma en la que China ha restado fuerza al control estadounidense, no es imposible considerar opciones que durante el siglo XX se hubiesen descartado con rapidez.

Chile es un pequeño país de 17 millones de habitantes. Al igual que el resto de los países de Sudamérica, el grueso de su economía se basa en la exportación de materias primas. Esto se traduce, en términos geopolíticos, en que somos un país intrascendente en las grandes decisiones. Pasa lo mismo con nuestros vecinos, quienes en su mayoría tampoco resultan relevantes.

Sudamérica es una región sumamente rica en recursos naturales, pacifica en comparación a otras partes, al menos en lo que refiere a los enfrentamientos entre países; no tenemos graves diferencias religiosas como si existen en otros lugares del mundo, lo que ayuda a generar un terreno fértil para una unión de esfuerzos políticos y materiales.

Ahora bien, no se trata del Sueño Bolivariano, ni de predicar el concepto de la hermandad sudamericana. Hablando desde una perspectiva geopolítica, Sudamérica solo puede aspirar a la autodeterminación desde su conjunto. Solo el trabajo regional, en materia económica, política, social, cultural, e inclusive militar, pueden brindarnos la posibilidad de dejar de ser países que se dejan llevar por la corriente.

Por supuesto que hoy en día las condiciones no están dadas. No existe interés en crear nuestros propios referentes en materia internacional, el abrumador nivel de corrupción también juega un rol importante a la hora de hacer fracasar esta clase de proyectos. Ni hablar de aquellas personas, presentes en todos los países, que han logrado con relativo éxito, mantener vivas divisiones que apestan a un nacionalismo anacrónico.

A pesar de esto, hoy, al igual que siempre, debemos aspirar a un proyecto propio, con el objetivo de hacer a un lado la injerencia de intereses extranjeros. Quizás un proyecto así, demore décadas antes de funcionar, pero esto no debiese ser un contra a la hora de intentarlo.

La lucha entre Estados Unidos y China, aunque nunca se traduzca en un conflicto armado, obligarán al resto del planeta a tomar una posición, y solo una organización firme y resuelta, puede evitar que sean ellos quienes decidan que políticas podemos llevar a cabo en nuestras propias naciones.

 

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