NO SOMOS DE EXCELENCIA

Escrito por el 4 Enero 2019

Por Alejandro Cárcamo

Recuerdo el momento en el que di la prueba de admisión para entrar al Liceo, uno que no era de excelencia, pero se encontraba en una “buena comuna”, éramos al menos 15 en una sala y nos comentaron que se harían cuatro cursos con todos los alumnos que llegaron ese año al colegio. Fuimos repartidos del A al D, según nuestros resultados, yo quedé en el C.

A medida que pasó el tiempo en el colegio, los detalles se fueron sumando. Fui parte del grupo de alumnos invitados a no ir el día del simce, muchos del D tampoco fueron. Ese curso, que nunca logró tampoco ningún tipo reconocimientos ni otro tipo de incentivos, era un curso problemático para los directivos y profesores, se sabía en los recreos, que muchos de ellos robaban y ya tenían otro estilo de vida en primero medio. Al terminar ese primer año, el curso se desintegró entre los otros, pero al menos 20 alumnos fueron expulsados sin sumario alguno.

Recién los protocolos de alerta se activaron cuando al director del Instituto Nacional lo mojaron con bencina, en un contexto de tomas y varios paros que estaban estorbando la normalidad del liceo de excelencia. Esa noticia fue la que desató una ola de discusiones, entre las cuales, recién nacía la gran pregunta sobre la violencia en los establecimientos escolares, pero no todos, sobre los que tienen el nombre para merecer dicha discusión.

La llegada de Aula Segura nos cuenta un anuncio importante, el rechazo oficial de las comunidades escolares y lo deshumanizada que está la labor docente, la encarnizada lucha que llevan los directores de los liceos emblemáticos por demostrar poder, frente a lo que podría decir cualquier otro director de un colegio en riesgo social, sobre sus condiciones de hacinamiento, techumbres perforadas, goteras, problemas con el tráfico de drogas, amenazas a los profesores y administraciones coimeadas, porque eso no interrumpe el normal funcionamiento de la educación en Chile, eso es y sigue siendo gran parte de la educación en nuestro país.

Los expulsados del D, que se fueron a los “liceos vertederos”, colegios con recursos insuficientes, sin manuales para abordar los problemas de violencia, cobertura de prensa, datos sobre su administración, son parte de un registro inabordable de alumnos perdidos en la “limpieza”, porque la seguridad es y sigue siendo un beneficio exclusivo, sigue siendo más fácil decir que hay que sacar la hierba mala para arreglar los problemas de la educación, que hacerse cargo de los problemas que como sociedad estamos proyectando a nuestros hijos.

Aquellos estudiantes como los del D,  van a tener que seguir buscando colegios, ya que la Ley no trajo ninguna novedad para ellos, quizás algún colegio termine acogiendo lo que el Estado considere desecho, quizás alguna noticia aparecerá de una familia empobrecida y marginada, que por la responsabilidad de su hijo o hija, ven con desdén alejarse el sueño de la movilidad social. Pero más allá de los muros de esos colegios, no llega el fuero de la Ley.

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