Hernán Rivera Letelier: “cada uno tiene que seguir protestando”

Escrito por el 24 Junio 2018

El escritor chileno se refirió a su último libro El hombre que miraba al cielo,  publicado este 2018. La novela, que se sitúa en el año 2015 en Antofagasta, habla del cielo chileno, el desierto, la venganza, la contaminación y la muerte. “Ni el Estado, ni los políticos hacen algo, y las mineras pagan para que no se haga nada. Hay que sobrevivir”, denuncia.

Si hay algo que disfruta mucho hacer el escritor pampino, Hernán Rivera Letelier (1950), es conversar con las personas. Responde a todas las preguntas con dedicación y sonríe frente a la cámara cada vez que le piden una fotografía. Eso si, no disfruta mucho de Santiago, “porque la gente en la ciudad se olvida del cielo”, confiesa.

Es un sábado de junio y el autor está de visita en el Mall Costanera Center, lo invitaron de la Feria Chilena del Libro para firmar sus publicaciones y contar de su última novela El hombre que miraba el cielo (2018, Alfaguara). La historia, que se desarrolla en Antofagasta y San Pedro de Atacama, tiene de protagonistas al Mirador, un hombre en sus sesenta años, misterioso se detiene cada día simplemente a mirar el cielo. ¿Por qué? “El sermón de este viejo es un sermón mudo. Él no dice nada, pero incita a la gente a que deje de mirar el celular o el suelo y mire el cielo”, agrega Rivera Letelier.

La triada se completa con la Saltimbanqui y el pintor de pavimentos, quienes se juntan en circunstancias muy particulares, ya que el desierto los llevará a enfrentarse a un pasado de infortunios y a descubrir el real motivo del viaje. En sus menos de 100 páginas el texto se convierte en “una novela que no diga nada y a la vez lo diga todo. Hay muy poca acción, pero está el amor, la amistad, la venganza, el odio, la muerte, está todo”, adelanta Rivera Letelier.

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El cielo estrellado que chorrea

Si hay un lugar en Antofagasta donde siempre se puede encontrar al escritor, es el Café del Centro, un espacio parecido a su oficina, en donde muchas veces surge la inspiración.

Uno de esos momentos ocurrió en el año 2013 cuando había entregado su novela décimo tercera, Historia de amor con hombre bailando. Durante una semana quedó en blanco, hasta que un día se encontró con una joven muy particular y decidió pedirle el nombre para crear un personaje. Ese sería Loredanna, la Saltimbanqui.

Al momento de leer el libro uno se conecta con la inmensidad del universo versus la finitud del ser humano. ¿Eso es lo que esperaba provocar?

Exacto. Viví en la pampa como 45 años, y en el desierto el cielo te chorrea por los cuatro costados. Cuando trabajaba en la mina, a veces se cortaba la luz y quedaba todo a oscuras.  Los compañeros se iba a dormir, yo en cambio, me iba a una colina de arena y me tendía de espaldas a mirar el universo, el cielo era un espectáculo cósmico increíble y gratis.

El pintor de pavimento se reconoce como un escritor que espera cambiar la historia de la literatura universal. ¿Cómo se logra la universalidad? ¿Usted se siente así, cuando ve que sus obras están en 21 idiomas y en los 5 continentes?

Con mucha suerte, si. Mis libros, no yo, son universales. Creo que hay que seguir la norma de Tolstoi quien dijo “escribe a tu aldea y serás universal”. Hay gente que piensa que para ser universal tiene que escribir novelas que ocurran en Nueva York o en París, pero no es así. Si se sabe encontrar el lenguaje y forma universal, estás al otro lado.

Esta novela expone uno de los principales problemas que afectan a los habitantes de Antofagasta. El arsénico en el agua y el concentrado de cobre en el aire ¿Cómo ve el presente y futuro que enfrenta su región?

El problema continúa. Cada uno tiene que seguir protestando, en mi caso desde mi escritura, porque en Antofagasta el índice del cáncer es el más alto del país. En un período de cinco años se me han muerto como diez amigos y amigas de cáncer. Ni el Estado, ni los políticos hacen algo, y las mineras pagan para que no se haga nada. Hay que sobrevivir.

Usted menciona que el protagonista viene de Temuco y es hijo de padres mapuche. De alguna manera deja entrever el conflicto entre el Estado de Chile y la nación mapuche, no lo relata, pero lo menciona. ¿Qué otros temas lo conmueven?

Todos los problemas me conmueven al final y trato de ponerlo o nombrarlo en mis libros. Trato de tirar palos a diestra y siniestra, sin caer en el panfleto, en el discurso incendiario, porque no me gusta eso.

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Una obra de arte en sí misma

Esta última entrega llega justo cuando se produce el estreno de la ópera chilena El Cristo del Elqui en el Municipal de Santiago, hito por el cual se siente muy expectante.

La obra musical está inspirada en dos de sus libros, La reina Isabel cantaba rancheras (1994), y El arte de la resurreción (2010), y fue llevada a las tablas por el compositor chileno Miguel Farías y el sociólogo Alberto Mayol. La experiencia para él es algo nueva, ya que “nunca en mi perra vida he entrado a una ópera y ahora voy a ver una mía. O sea es increíble esto, es emocionante”, enfatiza.

El Vendedor de Pájaros, Compañía de Teatro Las Librepensadoras.

Pero eso no es todo, como se sabe, la literatura de Rivera Letelier es fuente de inspiración para diversas ramas de las artes. Su obra, que consta de 18 libros, entre ellos novelas, cuentos y poemas, se ha plasmado en el teatro, el cine y los comics.

Hoy es posible encontrarse en la cartelera nacional con una propuesta de Historia de amor con hombre bailando (2013) en versión musical en el CorpArtes, y el viernes seis de julio se estrenará El vendedor de pájaros en Teatro Caminoobra que se basa en el movimiento feminista obrero, y narra la historia de cinco mujeres que hacen la revolución en una oficina.

Ante la versatilidad de su obra, el autor manifiesta sentirse “un tipo con mucha suerte, porque entre los escritores soy un privilegiado”.

Sin embrago, para llegar a este punto hay que volver mucho tiempo atrás, cuando descubrió que quería ser escritor, y para lograrlo tenía que ser este autor universal. “Soy un convencido que en artes, el uno por ciento es talento, el 49 por ciento es esfuerzo, trabajo y perseverancia, y un 50 por ciento es suerte“, comenta.

Si bien nació en Talca, el escritor se reconoce como un hombre de pampa, de la mina, del trabajo y del desierto. Con dos meses de edad llegó a vivir a esas tierras desoladas, en la oficina salitrera Algorta, y permaneció allí hasta que su madre murió cuando tenía nueve años de edad. Luego de eso la familia se separó.

¿Cómo definiría a este niño que tuvo que sobrevivir en la soledad, vendiendo diarios y alejado de toda su familia?

Himno del ángel parado en una pata (1996) es mi novela más íntima, más autobiográfica. Ahí está mi infancia hasta los 11 años. Es un niño extraño, porque yo me alejaba de la patota y me iba a los cerros completamente solo a oír el silencio, ese de planeta abandonado que se siente en ese desierto. Iba a conversar conmigo mismo y lo hacía en voz alta, hablaba con mi duende y creo que porque me crié en ese desierto, soy escritor.

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La montaña, el mar y el desierto

Para el autor antofagastino, el desierto es uno de los paisajes más propicios para encontrarse a uno mismo, bien lo demuestra su fructífera obra. A éste se suma la montaña y el mar. De ambos tiene grandes recuerdos, en el primero casi muere producto del frío, y en el segundo descubrió que podía escribir.

En los 70’s la vida lo lleva a recorrer Chile por tres años, y una de esas aventuras ocurre en Playa Chinchorro, Arica ¿Qué fue lo que descubrió allí?

¡Ahí escribí mi primer poema! Fue una historia muy linda, que la narro en el libro Canción para caminar sobre las aguas (2004). Estaba muerto de hambre en la playa, teníamos una radio portátil y había un programa de poemas, los auditores podían mandar sus versos y se leían tres por noche. El día sábado se premiaban los tres mejores de la semana.

Yo mandé un poema y me gané una cena en el Hotel El Morro, y fue extraordinaria la experiencia, era un hotel elegante y llegamos nosotros hipientos y no nos querían dejar entrar. Tuvimos que llamar a la radio, para que les dijeran que éramos los poetas (cuenta entre risas).

¿Es allí cuando decide dedicarse a la escritura?

Cuando descubro que tengo un poeta adentro, era un poema sobre el amor. Ese poema lo escribí de un tirón, no corregí ni una palabra. Yo no tenía ni la más mínima noción de la poesía, pero lo hice. Ahora corrijo 70 veces siete, cada línea, cada párrafo, cada capítulo.

¿Qué es aquello que lo motiva a pasar de su trabajo en la mina a la escritura?

El hambre. En mi casa no había ningún libro, y yo nunca había escuchado la palabra poema o poesía. Pero aprendo a leer con el libro Lea y descubro dos páginas, que las leía y volvía a leer, no sabía que eran poemas. Me fascinaban esas páginas, porque ahí estaba el germen del escritor, o sea yo soy un convencido que el artista en general nace. Nace con cierto don, talento o sensibilidad, el asunto es que cuando uno descubre ese don, tiene que cultivarlo, trabajarlo, sacarse la cresta, porque o sino se va entre los dedos.

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SQM, la política y la derecha nefasta

Hernán Rivera Letelier ha estado 45 años relacionado a la Sociedad Química y Minera de Chile, conocida como SQM o Soquimich. 30 años como obrero minero, en donde trabajó en la empresa Anglo Lautaro, y 15 años dando charlas a jóvenes en pueblos de Iquique y Antofagasta.

En el 2015 se dio a conocer  que la minera financió campañas políticas de manera transversal, tanto a la derecha como a la izquierda. Ahora vuelve a la polémica cuando el ex accionista, controlador y yerno del dictador Augusto Pinochet, Julio Ponce Lerou, fue convocado a asesorar ah honorem a la empresa.

¿Qué le parece  esto?

Es como una burla o no? En este país los que mandan son los que tienen la plata y ellos hacen lo que quieren. Entonces cada uno desde su trinchera tiene que denunciarlo y hablar sobre esto, y los que puedan hacer algo, que lo hagan, los diputados, senadores, por ejemplo…pero ellos están más podridos.

¿Y usted va a seguir vinculado a SQM pese a todo?

Yo no estoy vinculado a SQM, trabajé 30 años cuando eso era Anglo Lautaro, empecé a los 15 y trabajé hasta los 45 años. Después de eso, me fui de SQM, me fui de la pampa a vivir a Antofagasta, y pasó lo que pasó con La Reina Isabel cantaba rancheras. En ese momento empecé a dar charlas en los colegios, auspiciados por SQM. Estuvimos haciendo diálogos por cuatro o cinco años.

En 2005 usted fue candidato a diputado. Ahí fue apoyado por el Partido Socialista. Qué implicó eso?

Yo nunca he militado por ningún partido, yo no tengo religión, soy un tipo libre, yo creo en mi libertad, nada que me ate, que tenga estatutos y normas. Soy libre como un pájaro, las únicas ataduras son los cordones de mis zapatos.

¿Qué experimentó durante ese proceso que lo lleva a decir: “toco madera, nunca más”?

Vi la podredumbre por dentro, vi que los políticos son capaces de vender a su mamá por una cuota de poder chiquitita. Son capaces de cualquier cosa, en los tres meses que estuve de campaña, al mes y medio ya decía que no votaran por mi. Hasta una amenaza de muerte hubo en mi casa, atendió mi hija y ella quedó sin dormir como tres semanas. Una huevá asquerosa, fue como levantar la carpa de un circo y ver la miseria por dentro.

Y no piensa escribir sobre eso en algún momento?

No, no da ni para un cuento.

Usted ha dicho públicamente que se reconoce como un hombre zurdo ¿Qué piensa del gobierno actual? 

Creo que el gobierno más malo de izquierda es mejor que cualquiera de derecha. Aunque izquierda y derecha son la misma huevá. Los compañeros viven de Plaza Italia para arriba, visten Armani, andan en autos de lujo, una mierda, se perdió la mística.

El Hombre que miraba el cielo es la última novela del escritor Hernán Rivera Letelier, y se encuentra en librerías bajo la edición de Alfaguara. En la Feria Chilena del Libro tiene un valor de 11.400 pesos.

Además, hasta el 23 de junio se podrá ver en cartelera Historia de amor con hombre bailando en CorpArtes, mientras que El Vendedor de Pájaros, obra de teatro dedicada a las mujeres librepensadoras y feministas de las salitreras, estará en cartelera desde el 6 hasta el 14 julio en Teatro Camino.

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