Catalina Pérez, presidenta de Revolución Democrática: “El proceso constituyente no se va a agotar en la Convención Constitucional”

Escrito por el octubre 22, 2020

Catalina, uno de los nombres más populares para recién nacidas durante los años 90. Pérez, el quinto apellido más común en Chile. Pero Catalina Pérez no encarna una historia habitual. Nació a fines de 1990 en Suecia, donde sus padres fueron exiliados durante la dictadura. A los 4 años regresó a Chile y en 2018 se convirtió en una de las primeras diputadas nacidas después del regreso a la democracia. Su firma está en uno de los documentos más relevantes de los últimos años de la política chilena: el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, que hoy tiene al país a pocos días del comienzo de un proceso constituyente.

Por June García

catalina perez

Foto: Catalina Pérez, diputada y presidenta de Revolución Democrática. Radio Universidad de Chile

Estira sus días entre Santiago, Valparaíso y Antofagasta. Mientras está a la cabeza de Revolución Democrática, el partido más grande del Frente Amplio, desempeña también sus funciones como legisladora del distrito tres. Comenta que se siente privilegiada de poder dedicarse mucho a su trabajo, que eso la ha mantenido bien durante el tiempo de la pandemia. A pesar de haber estado cuatro horas votando, haber asistido a una reunión electoral, a una jornada de inserción del frente estudiantil de su partido y de haber realizado múltiples videollamadas, a las nueve de la noche se mantiene de buen humor.

Después de varios meses de semana distrital virtual, por primera vez volvió junto a su equipo al territorio. Extrañaba el espacio de poder encontrarse con las personas de su distrito, de recorrer, estar ahí, conversar y de hacer de la política un proceso de aprendizaje permanente con mucha horizontalidad en su construcción. “Yo creo que la política tiene mucho de presencialidad, de corporalidad. Entonces dijimos, como ya, en verdad tomemos todas las medidas sanitarias que haya que tomar, pero volvamos. Es irremplazable la relación que generas con la dirigenta de la olla común yendo a su casa a tomar tecito un rato, a tener una reunión por zoom con ella para hablar de lo que falta para la olla. Creo que esa relación no se podía postergar por mucho más tiempo y decidimos salir”.

El poder no se ve como una mujer joven de región

A un año de haber asumido como diputada, junto a su equipo de trabajo decidieron que era viable una candidatura suya a la presidencia del partido. Sería la primera elección en la historia de Revolución Democrática que tendría como resultado a una directiva encabezada por una mujer. Con 50.9% de los votos, en enero del 2019, Catalina Pérez se convirtió en la primera presidenta de su partido. La decisión de disputar ese espacio fue más simple que apropiarse del trabajo en el congreso. Un año de función legislativa la ayudó entender profundamente los elementos de dominación que juegan en el espacio del poder contra las mujeres, especialmente las jóvenes de regiones distintas a la Metropolitana.

“Creo que el haber pasado por eso, me hizo tomar una noción distinta de cuáles eran los límites de nuestras posibilidades de incursionar en el mundo público, de ganar espacios, de entender un poco. Siento que es un pensamiento que tenemos mucho las mujeres jóvenes de regiones, toda esa conjunción de factores: pensar que es obvio que hay alguien más inteligente, más bacán, que lo va a hacer mucho mejor que nosotras, que está mucho más capacitado y que es el indicado para conducir este proceso”, afirma Pérez.

Los aprendizajes no han llegado envueltos en seda, al comienzo del mandato sintió muy amenazado su liderazgo al interior de Revolución Democrática. Sabe que, de no haber sido diputada, una persona como ella jamás hubiera llegado a ser presidenta del partido, por origen de clase, por región, por juventud, por ser mujer. “Cuando el poder no se ve como tú, hay otras figuras que aspiran o que se auto reconocen más en ese espacio”, comenta la congresista. Ser diputada le dio el estatus para disputar ese espacio de poder, pero no le dio el estatus necesario para que ese poder se viera como ella.

En lo colectivo está la fuerza

Desde muy joven la militancia ha sido importante para la diputada, su primer espacio fueron las Juventudes Comunistas, a los trece años. Tiempo después se incorporó a Revolución Democrática, donde milita desde el 2014. En ambos partidos ha internalizado el valor de lo colectivo y la importancia de construir fuertes equipos de trabajo.

“Si hay algo que he aprendido y creo que ha sido bacán aprenderlo en los últimos años, es que no tienes por qué saber todas las respuestas. Uno, tienes que saber hacerte las preguntas adecuadas. Dos, tienes que saber rodearte de la gente apropiada, reunir a las personas necesarias para dar las mejores respuestas posibles. Soltar un poco el peso que una espera tener sobre los hombros, pero también a su vez, entregar tu peso y confiar en la construcción política de un trabajo colectivo, pero en serio. Creo que eso te entrega otra perspectiva de lo que debiesen ser los desafíos”.

Aunque no siempre lo entendió de esa manera. A los 22, al momento de decidir quién encabezaría la federación de su universidad, olvidó esa premisa principal y se puso a ella como objetivo por sobre la colectividad. Ese incidente la quebró y configuró bastante de lo que hoy es su personalidad y su nueva militancia.

“Ahora tengo harto cuidado y trato de reforzarlo para los demás, para que los demás me lo refuercen a mí devuelta. Esto de una como instrumento político de la revolución y, por tanto, todo lo que una puede entregar es una entrega que se hace en función de un proyecto político colectivo. No en una noción como media devota de entrega absoluta y negación del yo, sino que más bien una concepción de que el desarrollo de la propia personalidad está dado por la configuración de un espacio colectivo también. Ese vínculo siento que te da mucha tranquilidad y mucha noción de piso de realidad en todas sus dimensiones”, cuenta reflexionando sobre el pasado. 

Un punto relevante que destaca Catalina Pérez sobre su trabajo colectivo entorno al poder, tiene que ver con el objetivo que existe detrás de la búsqueda de este. “La diferencia, siento yo, entre el nosotros y el ellos, es que nosotros aspiramos y disputamos el poder, pero aspiramos a disputar el poder para repartirlo, no para acumularlo. Creo que esa idea es súper relevante a la hora de entender por qué y para quiénes estás donde estás”.

El anhelo frenteamplista

La timonel de Revolución Democrática sueña con que termine el divorcio entre el mundo social y la política institucionalizada. Cree que es uno de los desafíos más relevantes de la política chilena post transición. El proyecto que desea para el conglomerado político al que pertenece lo tiene muy claro: “Quisiera que el Frente Amplio fuese la representación de un proyecto político de izquierda, profundamente transformador, mayoritario, que represente el fin de dicho divorcio, entre lo social y lo político, que aspire a ser gobierno, a ocupar los aparatos del estado para transformarlos y que sea capaz de convivir en la calle con una lógica de profundo territorio, junto al manejo de las burocracias”.

Reflexiona sobre la falta de identificación por parte de su sector, de los sujetos políticos que se mueven y que se relacionan en este ciclo. También sobre la necesidad de entender que el poder no está solamente en las instituciones del estado y que la revolución que esperan realizar, solo es posible en la medida en que se construye una base que sostiene un poder popular enorme, capaz de irrumpir y de generar un quiebre en las hegemonías. Por lo que, a opinión de la parlamentaria, no sirve solo ganar elecciones, sino que también necesitan construir ese poder popular.

“Me encantaría que toda esa concepción la representara el Frente Amplio, que finalmente este espacio fuese el conductor de ese proceso, de esa idea de nueva izquierda. Eso va a marcar el ciclo político de Chile en los siguientes 50 años y nuestra generación será parte de este momento histórico. De verdad tenemos una responsabilidad súper grande”, puntualiza la diputada.

25 de octubre

 “La gente tiene que ir a buscar comida a una olla común, después de eso no te da miedo ir a votar”, empieza enunciando Catalina Pérez ante una pregunta sobre el miedo y el plebiscito. No le teme al miedo de la población en general, lo que la inquieta es la incapacidad del gobierno de proteger a las personas y de realmente cumplir con todas las medidas necesarias para tener una primera votación de forma segura. “Me parece que lo que hicieron para el 18 es criminal no más”, agrega haciendo alusión al plan específico de Sebastián Piñera para las fiestas patrias.

Sus preocupaciones también tienen que ver con la desconfianza en las instituciones y en la institucionalización del proceso de descontento. “Me da susto que el proceso constituyente no logre conseguir su objetivo, incluso más allá del resultado, más allá del Apruebo y la Convención Constitucional, temo que realmente no logre generar ese cambio de ciclo. Por eso es que me parece tan importante que seamos gobierno. El proceso constituyente no se va a agotar en la Convención Constitucional, ni el objetivo se va a conseguir con una constitución increíble. Vamos a necesitar un gobierno que sea capaz de generar la correlación de fuerza necesaria para lograr esas transformaciones y por eso que la responsabilidad es hoy día, no es mañana, no es en 4 años más”.

El viernes 15 de noviembre de 2019, la presidenta de Revolución Democrática fue una de las personas que habló en el punto de prensa convocado tras la firma del Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución. Empezó su intervención diciendo que lo que ahí había ocurrido no fue mérito de los partidos políticos, sino que fue de la gente que les recordó que había que retomar la esperanza de que Chile podía ser distinto.

Catalina Pérez se toma con mucha seriedad la responsabilidad que está en sus manos, sabe que, si al plebiscito va a votar gente muy distinta a la que vota normalmente, es un reflejo de la posibilidad que tuvo la revolución de octubre, de materializarse en una transformación institucional importante. Si eso ocurre de esa manera, la correlación de poder cambia en favor de las fuerzas políticas transformadoras. “Nosotros tenemos una responsabilidad aún más grande, que es ofrecer esa alternativa. Entonces creo que el resultado del plebiscito va a determinar en gran medida, qué tanto podemos soñar con un proyecto político transformador que lidere Chile en el siguiente ciclo. Y nos jugamos la vida en eso, en dar la garantía que ese gobierno no solamente tiene la voluntad de hacer transformaciones, sino que realmente tiene la capacidad de llevarlas a cabo”.

 

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