Precarización más allá de la brecha salarial

Escrito por el mayo 2, 2019

En el Día Internacional del Trabajo, analizamos junto a la Cooperativa de Economía Feminista los principales problemas que enfrentan las mujeres en relación al trabajo –tanto asalariado como no remunerado-, muchas veces invisibilizados por la problemática reiteradamente abordada de la brecha salarial.

Cuando hablamos de mujeres y trabajo, inmediatamente pensamos opresión. Esto, porque las mujeres se ven vulneradas en prácticamente todas las esferas de la vida, y el trabajo no es la excepción. Sin embargo, al hacerlo tendemos a pensar de forma casi automática en la brecha salarial por género que se da en todos los países del mundo. Probablemente porque es el dato objetivo que produce más escándalo y el más fácil de digerir, muchas veces el debate se limita a eso: a las injustas diferencias salariales entre hombres y mujeres.

Y aunque la brecha salarial es un problema real (según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, nuestro país ocupa el quinto lugar en el mundo entre las naciones con mayor diferencia de sueldos entre géneros), estas cifras sólo permiten hacer una lectura parcial de lo que comúnmente denominamos “el mundo del trabajo”, o el “mercado laboral”.

Sin embargo, desde la Cooperativa de Economía Feminista, explican que el sólo referirnos a este grupo nos lleva a hacer una lectura bastante miope de las vulneraciones que sufren las mujeres en relación al trabajo. Las economistas indican que «es importante recalcar de qué se está hablando cuando se habla del mundo del trabajo. Generalmente, cuando nos referimos a ese concepto, se está apuntando a un perfil: a un tipo de trabajo que es el remunerado y pertenece la esfera pública, un espacio constantemente masculinizado, y del cual no todas las mujeres forman parte».

Aún si nos referimos a este mundo constituido por mujeres asalariadas, hay problemas de base más profundos tras la tan abordada brecha salarial. Desde la Cooperativa, por ejemplo, apuntan a la informalidad laboral: Un punto importante que afecta principalmente a las mujeres es la informalidad del trabajo. ¿Por qué? Porque generalmente los trabajos informales y que además son muy precarizados son los que permiten a las mujeres compatibilizar lo público con lo privado, o sea, el trabajo no remunerado (labores domésticas y de cuidado de terceros), con el trabajo remunerado».

Pensiones de miseria

Así, resulta imposible separar el problema de la brecha salarial de problemas sistémicos que nacen de la conjunción del mundo público y privado. El que las mujeres busquen compatibilizar los trabajos domésticos y de cuidado con un trabajo remunerado se traduce también en la búsqueda de jornadas parciales. Como esto disminuye las remuneraciones, incide de forma directa en las posteriores pensiones de miseria que reciben las mujeres en nuestro país.

Por otro lado, si hablamos desde el punto de vista del trabajo en su totalidad, si bien las mujeres tienen menos trabajo remunerado, tienen una carga global (trabajo remunerado y no remunerado) mucho mayor a la de los hombres. Eso también se ve plasmado en que tienen peores pensiones, porque éstas solamente se atribuyen al trabajo remunerado.

Por otro lado, desde la Cooperativa explican que el ciclo del trabajo de cuidados responde a comportamientos muy distintos a cómo el mercado valora el trabajo. Así, las mujeres a la hora de jubilar, en lugar de disminuir su jornada laboral, la aumentan. Contrario a lo que se piensa, el ciclo de cuidado se acrecienta una vez que las mujeres se retiran del mundo laboral asalariado.

Trabajo no remunerado: la base de nuestro sistema

El trabajo doméstico no remunerado es finalmente un factor que permite que el sistema capitalista se mantenga en pie. Si se valorizara lo que efectivamente se genera en el espacio doméstico, no podría ser concebible el sistema capitalista y la explotación que de ahí surge. Es el trabajo no remunerado aquello que permite sostener la vida.

Desde la Cooperativa de Economía Feminista detallan: «El rol que hoy en día está teniendo el trabajo no remunerado es que está sustentando este sistema en base al expolio. A modo de ejemplo, gracias a que hoy en día un trabajador puede ir al trabajo porque llega a su casa y tiene comida, una camisa limpia, su cama lista, y alguien que lo cuide en caso de enfermedad, el sistema puede mantenerse. Por lo mismo, pensar un sistema desde el feminismo es per se anti capitalista«.

El expolio tiene que ver con el valor que se le quita a las mujeres desde una perspectiva de explotación en el espacio del trabajo  remunerado. En el espacio del trabajo asalariado se está quitando parte de los excedentes que se generan en el espacio privado. «Si se valorizara lo que se genera en el espacio «más acá del mercado», sería inconcebible pensar en un sistema capitalista, porque el excedente que se genera ahí es enorme», explican las economistas.

La punta del iceberg

La Cooperativa de Economía Feminista señala que «la brecha salarial hoy en día es sólo la punta del iceberg. Incluso es un poco burdo y restringido hablar de brecha salarial, porque hablas de ciertas mujeres, aquellas que ya están insertas en el espacio remunerado. Lamentablemente el tema de la brecha salarial se roba demasiada atención, entonces termina siendo el foco de las problemáticas de género. Además, el problema puede terminar siendo abordado desde perspectivas que no permiten mirar el problema de fondo, que tiene que ver con la conjunción de los espacios públicos y privados en la economía».

Desde la Cooperativa proponen que quizá más que hablar de brecha, «habría que hablar de feminización de los trabajos y cómo eso se traduce en precarización.  Por ejemplo, lo que uno puede observar con los trabajos que de alguna manera son traducciones mercantiles de lo que antiguamente hacían las mujeres en el espacio privado o comunitario, como la educación, es que son áreas feminizadas y que no casualmente están precarizadas».

Para la Coperativa, lo más relevante que viene a plantear la economía feminista es que “es necesario un cambio sistémico, ya que la brecha salarial como cualquier otra opresión que se vive dentro del mercado laboral, es sólo un ejemplo de lo nefasto que hoy en día es el sistema, sobre todo para las mujeres».

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