El camino de Gustavo Gatica
Un informe de la Fiscalía detalla que durante el estallido social del 2019 hubo 464 víctimas de trauma ocular. Una de ellas fue Gustavo Gatica. Su caso se enmarca dentro de las graves violaciones a los derechos humanos realizadas durante el estallido social por parte de agentes del Estado. Su camino de vida lo llevó a convertirse en una figura política y social que trasciende más allá de lo individual. Ahora, Gustavo Gatica buscará impulsar cambios desde la institucionalidad, tras una vida marcada por la búsqueda de la justicia e igualdad social.
Por Isidora Ruiz y Fabián Rojas
El 8 de noviembre de 2019 Gustavo Gatica Villarroel (27) quedó ciego, esto luego de recibir dos impactos de balines ejecutados por el oficial de Carabinero Claudio Crespo. Esto ocurrió después de 21 días de masivas protestas y manifestaciones a lo largo de todo el país. Las demandas de quienes salieron a la calle se basaron principalmente en cuestionar el modelo económico impuesto en Chile en los últimos 30 años, un modelo que prioriza el lucro por sobre los derechos sociales.
“Regalé mis ojos para que la gente despierte”, fueron las palabras que le dijo Gustavo a su madre en la Clínica Santa María. Horas atrás, en las cercanías de la Plaza Baquedano, el estudiante de psicología era víctima de violencia estatal. La imagen de sus ojos heridos quedó para siempre en la memoria histórica de Chile.
Actualmente el mismo joven que sufrió en carne propia la cruenta violencia y represión estatal, fue electo diputado de la República con más de 90 mil votos. Pero, ¿quién es en realidad Gustavo Gatica?, ¿cuáles eran sus convicciones para marchar aquel 2019?, ¿qué lo llevó a convertirse en diputado?
Represión y descontrol policial
Era un viernes primaveral en la capital chilena, Gustavo cocinó algo rápido mientras veía Los 80. Ese día no estaba muy seguro si salir a manifestarse, pero en una conversación de idas y vueltas decidió junto a su compañero de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC), Matías Campos, acudir a las protestas. “Nosotros salimos a manifestarnos por la injusticia que logramos visualizar, además la U siempre fue movida en lo social”, relata su amigo. Gustavo salió a la calle con una polera negra, jeans rasgados en las rodillas y la misma mochila que solía llevar a la universidad. Quedó en juntarse con su amigo en una construcción cercana a la calle Carabineros de Chile. A las 18.07 horas Matías recibió un mensaje de Gatica y hasta ahí todo parecía normal. Sin embargo, veinte minutos más tarde, todo cambiaría.
Gustavo Gatica recibió dos disparos de balines por parte de la fuerza policial. El autor de los disparos fue Claudio Crespo, oficial de la institución en aquel momento, apodado por sus compañeros como «el carnicero». Para Rodrigo Núñez, enfermero voluntario y coordinador de La brigada, una organización de 45 profesionales que ayudaron a heridos desde que empezó el estallido social, ese día estuvo muy complicado. “El ambiente estaba tenso, había mucho gas y violencia (…) La policía estaba en un estado delirante y eufórico”, comentó Núñez.

El ataque
Al momento del ataque, Gustavo fue auxiliado por José González, un enfermero de la Universidad Católica del Norte. “Masculino, 21 años, trágicamente inestable, hipotenso, pérdida de sus dos cavidades oculares, se desconoce la magnitud, se necesita traslado inmediato y apoyo de SAMU”, fueron sus palabras alertando por radio a los demás voluntarios. Los minutos pasaban y cada segundo era crucial para salvaguardar su vida.
Gustavo entró en shock. Sus ojos habían sido brutalmente mutilados y por sus mejillas corrían lágrimas de sangre. Eran instantes donde la razón se apaga, se deja de pensar y se actúa por impulso o por sobrevivencia. Esa tarde fue la última vez que pudo ver, pero fue con el pasar de los días que se daría cuenta de lo que esto significaba. “En esos minutos no asimiló lo que le había sucedido, no dimensionó que había perdido la visión”, reflexionó su ex compañero y amigo Matías Campos.
Los instantes posteriores también fueron complejos. Carabineros no daba tregua y las maniobras de evacuación se hacían cada vez más complicadas. En esa incertidumbre y tensión, el fotógrafo Osvaldo Pereira, logró capturar y retratar parte de lo vivido en Chile durante el estallido social: Gustavo sentando en la vereda y herido por la policía nacional. Minutos más tarde, sería trasladado en una ambulancia a la Posta Central, donde finalmente sería derivado a la Clínica Santa María.
Sus compañeros se enteraron de lo sucedido a través de un mensaje de WhatsApp que llegó al grupo de la generación. Melvin Anabalón, profesor y director de carrera en el año 2019 en la Escuela de Psicología de la UAHC, mencionó que fue bastante complejo lidiar con las reacciones de sus alumnos. “Tenía a la mitad del curso llorando y deprimido. Por otro lado, había varios con una ira impresionante y con sed de venganza por su compañero”, dijo Anabalón.

Sus raíces
La familia Gatica-Villarroel es oriunda de la Villa Pacífico, ubicada en la comuna de Colina, a unos 37 kilómetros al norte de Santiago. Sus padres, Enrique y Prudencia, son profesionales de la educación. Ambos son profesores y han trabajado en colegios públicos y particulares. Su historia de vida ha sido remecida en más de una oportunidad. Ocho años antes del ataque a Gustavo, sufrieron la pérdida de Carol, de tan solo 19 años, por culpa de un cáncer en los huesos de la pelvis.
Enrique Gatica, hermano mayor, menciona que su familia ya tenía una conciencia social desarrollada, por lo que Gustavo haya decidido salir a manifestarse en el 2019, no fue para nada extraño. “Siempre hemos estado involucrados en temas de justicia. Fue natural que participáramos en estas movilizaciones. Íbamos a las marchas de No+AFP. Mi hermano está muy involucrado en el tema de los derechos de los animales, es vegano y es activista en ese ámbito”, afirmó Enrique en La Tercera.
Gatica, durante el estallido social, solía salir a protestar junto a uno de sus amigos. Matías, de 21 años en ese entonces, había entablado amistad con el ahora diputado durante su primer año de universidad en 2017. “Era un poco tímido en un inicio, por lo general no se relacionaba tanto con personas externas a nuestro círculo de amigos. Pero luego siempre se vio como una persona alegre, buen compañero y súper bueno para la talla”, menciona su amigo de universidad.
En ese momento ambos salieron a marchar. Las conversaciones junto a su amigo se referían a las injusticias que observaban en el país, como el homicidio de Camilo Catrillanca en 2018. Es por esto, que a pesar de ser introvertido en la universidad, las convocatorias por las contingencias los atraían a luchar por sus convicciones. En esos años, esos jóvenes estudiantes buscaban cambios, progreso y un país más justo. Gustavo, por tanto, cuando hace seis años decidió por voluntad propia salir a manifestar su descontento por un sistema injusto y desigual, él ya tenía una posición y un pensamiento crítico del sistema político que imperaba.
—En el 18 de octubre, en el estallido social, a mí me hizo salir a protestar la desigualdad. Creo que eso lo que engloba todo. O sea, había un tema de desigualdad en el acceso a la salud, a la educación y a la vivienda que a mí me sonaba injusto. Quizás sin interiorizarme tanto en cada uno de los temas, se me hacía inaceptable que fuese así” —comentó Gatica en una entrevista a La Tercera en el año 2024.
Una nueva realidad
Han transcurrido seis años desde el ataque a Gustavo Gatica Villarroel (27). La tarde del ocho de noviembre de 2019, en pleno estallido social, cambió por completo la vida del entonces estudiante de tercer año de psicología. Las lesiones provocadas por Carabineros al disparar hacia el estudiante, destruyeron sus dos globos oculares, lo que lo dejaron casi inmediatamente ciego. En ese momento solo había interrogantes, rabia y ganas de luchar.
Gustavo ingresó a la carrera de Psicología en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano el año 2017. Sus profesores lo recuerdan como un alumno tímido, algo reservado, pero siempre alegre, educado y cordial. Sus pares, como una persona empática y realmente un amigo con el que contar. Su compromiso político siempre estuvo ligado a la cultura. Aficionado a la fotografía, Gustavo se hacía partícipe de toda convocatoria social, algo que según Álvaro Ramis, rector de la UAHC, está muy ligado a la vocación y valores sociales inculcados por sus padres, ambos profesores.
Esta herencia ha sido la impronta de Gustavo como estudiante de psicología. Su profesor de Psicología Organizacional 2, Melvin Anabalón, lo recuerda como un estudiante comprometido con las luchas sociales y como un alumno centrado en los problemas que acaecían a la comunidad, sin embargo, siempre como un actor secundario.
—Él participaba de todo lo que es esta universidad, la cual es muy crítica del modelo y que colabora activamente de las movilizaciones sociales. Gustavo era partícipe de todo ello. No era el que llevaba la voz, pero él se plegaba a todas las iniciativas. Cuando había una protesta, una marcha, un paro, Gustavo estaba ahí —comenta Anabalón, su exprofesor.
Esta mirada social fue lo que lo llevó a salir a manifestarse durante el estallido social. Pero que luego de un “charchazo” de realidad, como lo definió su hermano mayor Enrique Gatica en 2019 a Ciper Chile, cambió su realidad de forma radical. Gustavo salió de su casa ubicada en la comuna de Colina sano y volvió 18 días después como una persona no vidente.
Durante su estancia en la clínica Santa María, la lucha no cesaba por Gustavo. Cientos de personas se congregaron en el frontis del hospital para exigir justicia por su compañero, amigo y alumno de la comunidad. Las muestras de apoyo plasmadas de puño y letra de un pueblo ansioso de lucha coreaban “fuerza Gustavo”.
—Si tuviera que definir a Gustavo Gatica en una palabra, ¿cuál sería?
—Sin duda, fuerte.
Así lo definió, desde su oficina, Álvaro Ramis — rector de la UAHC— con la voz entrecortada y con los ojos llorosos. Esta cualidad también la resaltó su hermano Enrique, que para Ciper en el año 2019 dijo: “Mi hermano es bien fuerte y resistente, en ningún momento se ha derrumbado”.
Para muchos de sus conocidos este hecho fue el despertar de Gustavo Gatica. La pérdida de su visión sólo lo impulsó a salir adelante y convertir su trágico pasar en fortaleza para enfrentar el futuro venidero.
—Sigan luchando. Por favor no pierdan la lucha. No podemos permitir que todos estos sacrificios, toda la sangre que se ha derramado, todos los esfuerzos que se han realizado, queden en nada —le dijo Gustavo a su hermano a días de haber sido internado en urgencias.
Gustavo no solo pudo ser capaz de salir adelante con su vida tras el ataque que sufrió, también demostró que lo sucedido ese ocho de noviembre fue un punto de inflexión positivo para su vida. Su profesor y rector aún se sorprenden al recordar a Gustavo durante ese periodo. Ambos están de acuerdo que este hecho, aunque traumático, fue un giro en su forma de ser en el mundo. “Apareció un Gustavo totalmente distinto” que “no se dejó amilanar por lo que le pasó”, comentan.
En este nuevo despertar, dijo Ramis: “La injusticia, el dolor, la rabia permanecen, pero al mismo tiempo las capacidades para sobreponerse también. Él ha sido capaz de mostrar que hay que seguir peleando. De tensionar la institucionalidad, pero no fuera de ella”.
Tras 17 días internado, Gustavo logró salir de la Clínica Santa María y tres años después se recibió como psicólogo. Su reingreso a la universidad fue difícil e incierto, pero las autoridades universitarias respaldaron la continuación de sus estudios. Especializaron a profesores y funcionarios con programas para apoyar la formación y autonomía de su estudiante.
Su profesor, Melvin Anabalón, lo recuerda entre risas: “Le digo, Gustavo, ¿no vas a continuar el otro semestre? ‘Profe, me dice, pero, ¿usted está loco? Yo en marzo vuelvo a clase’”. Ese lado enérgico y expresivo fue el que lo caracterizó durante sus años de estudiante, que por lo demás solo fue pospuesto un año.
Camino al Congreso
Es el año 2025 y Gustavo Gatica da un salto inesperado. Ad portas de las elecciones parlamentarias y presidenciales del 16 de noviembre, lanza su candidatura oficialista por el distrito 8 de la capital. No era la primera vez que el psicólogo había sido considerado para entrar al mundo de la política. En 2020 recibió una propuesta para pertenecer al primer proceso constituyente, también fue consultado para formar parte del Parlamento, pero la respuesta siempre fue la misma: no estaba preparado.
Sin embargo, el presente año Gustavo se decidió. Comenzó a centrarse en tomar los sueños que habían movilizado al pueblo chileno durante el estallido social y encauzarlos hacia el cambio, teniendo un respaldo de vida y el deseo de que nunca haya otro Gustavo Gatica o Fabiola Campillai lo empujaron a elegir dar el paso.
—Gustavo quiere hacer cambios profundos desde adentro del sistema y sacarse la rabia en el sentido de que no basta solo con criticar desde afuera. Si él tenía la posibilidad de entrar a un cargo dentro del Estado, en este caso, en el Congreso como diputado, lo iba a hacer. Y a raíz de esto, realizar cambios estructurales con mayor profundidad —dice su amigo Matías.
El 2025 Gustavo fue electo diputado por el distrito 8 con una de las primeras mayorías en votación popular. Sus propuestas se enmarcan en la salud mental, en la discapacidad y los derechos humanos. Sin duda, la historia de Gustavo Gatica refleja los principios que siempre estuvieron en su vida. Fuerte y decidido a lograr cambios, pretende lograr justicia no sólo por él, sino por el conjunto de víctimas del estallido social y la ciudadanía que cree en su voz.
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