La debilitada lucha campesina

Escrito por el abril 24, 2017

por La Raza Cómica

Muy agradecidos por la disposición y paciencia de Alicia, ante los imponderables de la tecnología de las comunicaciones, pudimos escuchar sus impresiones respecto a las reivindicaciones campesinas en la actualidad. Como dirigenta de ANAMURI (Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas), se encuentra al tanto de los problemas y discusiones respecto a la situación del campo, sin perder de vista el recorrido histórico de las victorias y afrentas que ha sufrido el mundo rural en Chile.

Su relato recoge momentos de emoción y esperanza, así como también la impotencia y frustración que implica sentarse en una mesa tripartita a dialogar con gobiernos y empresarios que no tienen mayor interés en respetar el buen vivir campesino: “Uno siente que se están riendo, esa es la peor conclusión que yo saco”.

Comenzamos la conversación a propósito del Día de la Lucha Campesina (17 de abril), que conmemora en Latinoamérica la masacre de 19 campesinos del Movimiento Sin Tierra en Brasil. Nos señala la relevancia de la efeméride, además de adelantar el próximo hito a relevar en las organizaciones campesinas del país: el 27 de abril, día en que se cumplen 50 años de la Ley de Sindicalización Campesina, que fue apenas unos meses antes que se decretara la ley de reforma agraria.

Experiencia contada en primera persona, catalogada como “maravillosa, cómo los campesinos se sintieron dueños de su destino”, pues permitió la existencia de sindicatos campesinos, antes prohibidos en el sistema de latifundios. Una especie de sueño dorado para el campo chileno, que fue posteriormente aplastado por la dictadura de Pinochet y las trasnacionales que llegaron en masa junto a las promesas de democracia.

A lo largo de la entrevista, Alicia Muñoz llama a una reflexión más profunda sobre los problemas actuales que enfrenta el mundo rural, no perdiendo de vista los acontecimientos de hace medio siglo atrás: “nosotros, hombres y mujeres del campo y pueblos originarios tenemos que reflexionar frente a estas dos leyes, que son leyes vitales para el campo. Para que los campesinos sigan existiendo, para que el campo y la tierra vuelvan a ser de quien la trabaja, como era el slogan de años atrás de los mexicanos”.

“Este es el año de la reforma agraria”, nos recuerda desde un principio. Y bien vale la pena el ejercicio histórico en pos de una mayor movilización, considerando el estado actual en que se encuentran los habitantes y trabajadores rurales. Nos cuenta que llevan diez años pujando por un estatuto que regule la situación de los temporeros, quienes “en este minuto no tienen posibilidades de hacer una lucha, una negociación colectiva, no pueden negociar, no pueden hacer huelga, no pueden hacer nada. Están al arbitrio de los empresarios”.

El problema de la tierra no es muy distinto a lo que está pasando con la reforma al código de aguas. Se han encargado de separar la tierra del agua, que es fundamental para el campesinado.

Sí. Eso fue lo peor que le pudo haber pasado a este país, pues. Estamos hablando de que están arrinconados los campesinos a los extremos, de tal manera que la migración de los hijos, y de mucha gente, empezó hace muchos años a emigrar a las ciudades. Empezaron a quedar viejos solos en el campo. Y por otro lado las tierras; el favoritismo que le empiezan a dar a las trasnacionales. Ayer, o antes de ayer, discutía con unas personas que decían “pero son los que invierten”. ¡Y claro que aquí tienen que haber inversiones! Pero inversiones que vayan acorde con las necesidades de la población, de la gente. No esos grandes monstruos que les van a instalar a los sectores, y que al final la gente sigue quedando al margen de aquel beneficio.

Y en el caso de la tierra, como se han hecho parte los grandes inversionistas, los grandes empresarios -tanto nacionales como trasnacionales- han hecho del agua un negocio. Y uno dice ¡cómo!: uno va a la cordillera, al campo, y resulta que uno ve de dónde nace el agua. Es todo natural. Y que venga gente con plata y diga “yo soy dueño, yo vendo, yo hago, y transo en el mercado” un bien natural, que nos corresponde a todos los ciudadanos de la tierra. Que esté el agua separada de la tierra es el crimen más grande que se ha cometido en la humanidad

¿Cómo evalúa el nivel de organización de los campesinos en general?

Tenemos debilidades grandes. Nosotras somos una organización de mujeres; gritamos mucho, hacemos muchas cosas. Pero somos las mujeres. Y ustedes saben que el tema de las mujeres está lejos todavía de ser igualdad en este país. Y por lo tanto tenemos que esforzarnos el doble por hacer muchas más cosas, estar vigentes. Nosotras vemos al resto de las organizaciones campesinas que no están fortalecidas, están muy debilitadas.

Hay gente que ya no le interesa participar. Porque también las organizaciones se han puesto un poco flojas, no movilizan a la gente por este tipo de problemas. Por ejemplo a mí me gustaría ver a todas las organizaciones campesinas movilizadas por el tema del agua, movilizadas por el tema de la tierra, movilizadas por toda la contaminación que se le aplica al campo; ya sea para vender mejor la fruta, con plaguicidas… (…) Pero no hay una decisión política de las organizaciones de salir y tener una propuesta por la tierra, por el agua, por el medioambiente, lo que sea. Pero una propuesta que se acepte escuchar en unidad, en conjunto. Yo creo que eso sería una solución importante. Pero eso no pasa. Y eso da pena. Tener que ver a las organizaciones tan debilitadas.

Para acceder a la entrevista escucha el capítulo completo de La Raza Cómica en Ivoox y conoce más contenidos en su sitio web y Facebook.

Fotografías: Anamuri.cl

 

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