Rafael Otano: el oficio de mirar

La Facultad de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile realizó en el mes de agosto la ceremonia para entregar el Premio Libertad de Expresión José Carrasco Tapia; en la instancia, el galardón fue otorgado en la categoría trayectoria periodística a Rafael Otano, destacado comunicador y académico, quien se desempeñó como editor de las revistas Mensaje y Apsi durante la dictadura. 

 

-Por Peter Maldonado Cuevas

“No creo que él esté muy contento que uno le diga maestro pero fue alguien que nos guió, que nos hizo crecer”, menciona Claudia Lagos, ex estudiante de Rafael Otano, académica, mientras lee un perfil que le ha escrito cuando, en agosto de este año, el periodista recibió el Premio de Libertad de Expresión José Carrasco Tapia a la trayectoria, otorgado por la Escuela de Periodismo de la Facultad de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile. “Su capacidad de generar redes afectivas, hizo que nos encontráramos con otros colegas con quienes seguimos siendo, admirándonos mutuamente”, agrega sobre uno de los nombres clave del periodismo de la transición en Chile. 

De España al mundo

Rafael Otano Garde nació en Pamplona, España, en 1939, en un país aún marcado por las heridas abiertas de la Guerra Civil y por el peso autoritario del franquismo. Desde muy joven su vida estuvo atravesada por una formación intelectual rigurosa: estudió Humanidades, Latín clásico y Teología, disciplinas que dejarían una huella profunda en su manera de mirar el mundo. Estas áreas del saber, más allá de lo académico, le ofrecieron una estructura ética y un sentido de profundidad que luego trasladaría a su trabajo periodístico. Así lo relatan diversos testimonios y entrevistas recogidas en publicaciones como la revista Mensaje y en archivos de programas de estudio de las universidades donde luego enseñó. Quienes lo conocieron en esa primera etapa lo recuerdan como un hombre de aspecto sobrio, de caminar pausado y mirada concentrada. Delgado, de estatura media, solía vestir con discreción —camisas de tonos neutros, chaquetas oscuras, zapatos cómodos— y con una elegancia sin ostentación. Su cabello, en los años setenta ya ligeramente encanecido, acentuaba una expresión serena que transmitía confianza y escucha. No levantaba la voz con frecuencia, pero cuando hablaba lo hacía con una cadencia pausada y con una dicción nítida, como si cuidara cada palabra. Su presencia, más que imponente, era cercana, y eso le permitió moverse con soltura tanto en redacciones agitadas como en aulas universitarias o espacios de reflexión intelectual.

No fue casual que eligiera como oficio un tipo de escritura que, más que describir, buscara comprender. Aquella formación temprana moldeó un modo de mirar que se volvería marca registrada en toda su trayectoria. Su primera gran experiencia periodística fue en revistas opositoras a la dictadura cívico militar impuesta por Augusto Pinochet. Colaboró con Mensaje, publicación que sufrió la censura más férrea, y poco después se convirtió en editor fundador de Agencia Publicitaria y de Servicios Informativos Ltda (APSI) en 1976. Allí vivió el periodismo como resistencia: páginas que debían pasar por los filtros de la censura, artículos escritos a contrarreloj, números que circulaban casi clandestinamente. Décadas más tarde, al recibir el Premio José Carrasco Tapia en la categoría trayectoria periodística, recordó esa etapa con una frase que sintetiza el clima de la época: “Había que hablar con muchos que no podían hacerlo, había que armarse de valor con un coraje que era, en aquellas circunstancias, silenciosamente contagioso”. APSI fue, en efecto, una voz entre muchas que intentaban romper el silencio impuesto por el régimen.

Retorno a Chile y la transición

Con el retorno de la democracia, Otano volvió a Chile luego de estar 12 años en Madrid, esta vez como editor general de APSI entre 1990 y 1995. El país se adentraba en la transición y él acompañó ese proceso desde la escritura, intentando dar cuenta de los avances y de las sombras, de los pactos y de las renuncias. No se conformó con la mirada triunfalista de la época: sus crónicas buscaban mostrar que la democracia también podía construir silencios.

En 1995 publicó Crónica de la transición, un libro que se convirtió en referencia obligada para entender esos años. No era un simple inventario de hechos, sino un relato cargado de observación crítica, con personajes, tensiones y contradicciones. En 2024 apareció la edición definitiva y ampliada, lo que confirmó que su mirada no había perdido vigencia. Otros libros como Treinta veces libertad o El oficio de mirar reforzaron su lugar como cronista y ensayista. En este último, el título lo dice todo: mirar no es solo observar, es iluminar lo que permanece oculto. Esa idea volvería en su discurso este 2025, cuando escribió para el premio de la Universidad de Chile (al que no pudo asistir debido a un accidente de última hora): “Pienso en el coraje que el reportero necesita para iluminar, para hacer brillar un objeto anónimo, un concepto tembloroso, un adjetivo perdido. El periodista mira las cosas de una manera distinta a la del ciudadano común. Las persigue, las interpela, las desnuda”.

Su vida académica

Otano también dejó una huella en las aulas. Enseñó en la Universidad Andrés Bello y en la U Chile, y allí cultivó algo más que la transmisión de técnicas. Sus estudiantes recuerdan que les enseñaba a formular preguntas que permanecieran, a desconfiar de las respuestas fáciles y a pensar el periodismo como un compromiso con la ciudadanía. Una exalumna lo resumió así: “Desde fines de los 90, él formó a varios de los que estamos acá. Fue alguien que nos guió, que nos hizo crecer. Muchas de las preguntas que él plantó siguen siendo articuladoras de nuestro quehacer periodístico, docente, ético y estético. […] Incluso muchos de los ejercicios que aprendimos con él en clase seguimos repitiéndolos, como las entrevistas a las abuelas”. Quienes lo tuvieron como profesor saben que esa enseñanza no era abstracta: se encarnaba en ejercicios, lecturas, conversaciones, y en una manera de relacionarse que ponía el afecto en el centro.

Reconocimiento a la trayectoria

Es así como en 2025 su trayectoria fue reconocida con el Premio Libertad de Expresión José Carrasco Tapia. Fue un momento de justicia y honra para un periodista que había sido parte del coro de voces contra la dictadura y que más tarde supo leer con lucidez las luces y sombras de la transición. En su discurso de aceptación, Otano repasó la desaparición de medios que habían sido vanguardia de la resistencia “Cayeron seis revistas, cayeron dos diarios, cayeron algunas radios comunitarias y no hubo ningún funeral”, “Todos estos medios estaban destinados a terminar, una especie de sacrifico ritual” mencionó en algún momento para el Museo de Prensa de la Universidad Diego Portales. Además, alertó sobre la fragilidad de la prensa en democracia; habló de los nuevos desafíos como la irrupción de lo digital; y recordó su participación en la fundación de El Mostrador en el año 2000, el primer diario digital chileno, que según él supo conectar con un público político amplio y plural.

La vida de Rafael Otano es testimonio de que el periodismo puede ser una forma de militancia ética y cultural, representa una figura singular en la historia del periodismo chileno desde las revistas censuradas de la dictadura hasta la docencia universitaria, desde sus libros hasta su participación en proyectos digitales, ha mantenido una coherencia rara en el oficio: ejercer la palabra como un acto de libertad. Narró lo que otros no podían, iluminó lo que otros no veían y enseñó a mirar con atención. En un tiempo donde la información circula sin pausa, pero la verdad a menudo se diluye, su legado es una invitación permanente a no conformarse con mirar: hay que interrogar, incomodar y, sobre todo, comprometerse. Ese, como él mismo dijo, es el perfil más propio del periodista.

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