Memoria nacional en el Día del Patrimonio

Escrito por el mayo 28, 2018

El pasado fin de semana se conmemoró una nueva edición del Día del Patrimonio, instancia en la que diversas instituciones y edificios históricos abrieron sus puertas para recibir a la ciudadanía, ofreciendo diversas actividades para la comunidad. En este contexto, diversas rutas ofrecieron una mirada distinta a lugares icónicos de la capital, testigos de violaciones a los derechos humanos.

Con 1.527 panoramas a lo largo de todo Chile se realizó este año la última versión del Día del Patrimonio Cultural, número que dista bastante de las 17 actividades con las que se dio inicio en el año 2000 a esta conmemoración. Tal ha sido la recepción de esta fecha, que el año 2017 asistió más de un millón ochocientas personas a los distintos eventos a lo largo del país.

Este año la celebración fue por partida doble, ya que por primera vez en 18 años se decidió extender la jornada a 2 días, con un maratónico despliegue que inició a las 9 de la mañana de este sábado para terminar cerca de las 6 de la tarde del domingo 27, con una infinidad de montajes, recorridos, charlas, aperturas de edificios históricos, exposiciones, entre otras actividades.

Además de los conocidos panoramas de este día como lo son la apertura de diversas instituciones gubernamentales, centros culturales y palacios en general, también se realizaron distintos recorridos enmarcados en la preservación de la memoria nacional en torno a las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura militar. Trayectos marcados de emotividad que nos enseñan a mirar hacia un pasado doloroso, para entender nuestro presente y buscar la reparación hacia el futuro.

Estadio nacional: un espacio de memorias 

El Estadio Nacional es un lugar dicotómico. En su superficie es un espacio para el ocio, el entretenimiento. La gente se congrega todas las semanas para disfrutar del deporte y la música entre otros eventos. Pero cuando miramos un poco más allá, podemos ver la cruda historia que cuentan sus muros, sus camerinos y sus graderías.

Con una breve introducción y un público de unas 30 personas, comienza este viaje mientras el guía explica el período previo a la dictadura. El monitor del grupo explica que este recorrido se compone de memoriales y sitios de memoria, siendo los primeros monumentos erigidos con posterioridad, con la intención de hacer un homenaje, mientras que los segundos son los mismos lugares donde ocurrió la historia de estas violaciones, preservados a lo largo de los años.

El estudiante de quinto año de sociología, Iván Lizana, fue uno de los asistentes a este recorrido y sostiene que una de sus principales motivaciones ser parte de este encuentro es ver lugares que no están abiertos al público durante el resto del año. «En el Estadio Nacional esto cobra otro sentido, ya que te permite conocer descubrir esas partes del recinto que suelen pasar desapercibidas, valorando la historia que muchas veces queda oculta», comenta. 

Una vez pasado el primero memorial, de a poco se va descubriendo como se conservan entre las modernas estructuras deportivas ciertos espacios detenidos en el tiempo, testigos de las más inimaginables violaciones a los derechos humanos desde septiembre mismo del año 1973.

Escotillas, galerías, camarines y baños son algunos de los lugares que en su momento sirvieron como celdas y centros de torturas, vestigios de delitos de lesa humanidad. Diversas fotografías emplazadas a lo largo de estos sitios de memoria, nos remontan a la época donde estos crímenes se llevaron a cabo. Las imágenes son a su vez complementadas con los vívidos relatos de detenidos por el régimen que comparten sus experiencias. Las intervenciones terminan en aplausos de respeto y muestras de agradecimiento por parte de los visitantes.

“Este periodo de la historia se lo saltan, los sobrevivientes tenemos la obligación de contar lo que pasó”, afirma uno de los guías cuando le preguntan qué significa para él tener que volver a encontrarse con un lugar tan significativo como lo es el Estadio Nacional. El patrimonio no se encuentra sólo en los edificios y monumentos. El valor de estos espacios no se encuentra en sus materiales ni en su mera utilidad, si no que está presente en la historia que representan, que convive con ellos mientras estemos dispuestos a recordar y dejar el legado a las futuras generaciones.

La corporación «Estadio Nacional, Memoria Nacional» realiza durante todo el año visitas guiadas de una duración aproximada de hora y media, donde los visitantes recorren los 10 puntos emblemáticos de este ex campo de concentración, mientras escuchan su historia contada por sus propios protagonistas.

Trazando memorias: Santiago y los derechos humanos 

Un punto neurálgico como lo es el centro de Santiago es la perfecta muestra de cómo conviven el patrimonio y los sitios de memoria en nuestro diario vivir. Este tipo de recorridos permiten bajar el ritmo, voltear la cabeza y percatarnos de lugares e historias que pasan desapercibidas el resto del tiempo. Una placa conmemorativa, un impacto de bala, son testimonio de aquello que duele recordar pero que no podemos dejar en el olvido.

La ruta de ConectaTours parte desde el GAM en dirección hacia la Plaza de Armas, en un recorrido que nos pone frente a frente a centros de tortura como la ex Clínica Santa Lucía, pero también con lugares como la Vicaría de la Solidaridad, principal aliada en la lucha contra las violaciones a derechos humanos durante la dictadura. Se aprecian numerosos espacios de manifestaciones contra el régimen de Pinochet, como el Palacio de Tribunales o el Paseo Ahumada. El trayecto se detiene unos momentos frente a la placa que hace homenaje a Leonardo Henrichsen, que grabó su propia muerte en el tanquetazo, como también a las afueras del Teatro Municipal, donde María Paz Santibáñez recibió un disparo y sobrevivió.

Entre los asistentes, también estuvo la hija del capitán del Ejército Osvaldo Heyder, Cecilia Heyder, quien fue víctima de la dictadura. Ella sostiene que «en este país es más importante un mall que la memoria de nuestros caídos y de lo que sucedió en Chile». Desde su perspectiva, los distintos sitios de memoria se encuentran en un estado de conservación que califica como una verguenza. Además, agrega que «mientras que no aparezca hasta el último de nuestros desaparecidos, la memoria no se puede borrar». 

Estos lugares con historias nos rodean y este viaje por cada uno de los rincones de la ciudad contribuyen al ejercicio de reflexión de sus ciudadanos frente a su historia, para que estos relatos no mueran con sus protagonistas. Porque la memoria también es patrimonio y no se puede perder.

 

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