Viernes Santo, la purga poética de Rafael Rubio

Escrito por el 16 Mayo 2019

El poeta de la generación de los 90, Rafael Rubio, publicó este lunes su última colección de poemas,  en donde se adentra en sus infiernos para, con la rigurosidad que le caracteriza, purgarse del dolor convirtiéndolo en belleza.

Con una concurrida asistencia de poetas y letrados se realizó este lunes el lanzamiento del libro Viernes Santo, del “joven promesa de la poesía” Rafael Rubio. En conversación con el director de la editorial de la Universidad de Valparaíso, Cristián Warnken, y la destacada poetisa y autora del prólogo, Alejandra del Río, se profundizó en el rol protagónico del dolor en la obra, y en la poesía como una medicina purgatoria.

Nacido en un entorno de amor a la poesía, al ser hijo y nieto de los reconocidos poetas Armando y Alberto Rubio, Rafael es uno de los grandes exponentes de la Generación de los noventa de la poesía chilena. En su lírica destaca la rigurosidad propia de los maestros del Siglo de Oro español (de quienes es devoto), lo que le ha válido en más de una ocasión, el apodo de “Talibán de la métrica”.

Por otro lado, el poeta también ha reconocido que gracias a la tradición española aprendió una cosmovisión que ha caracterizado su lírica, marcada por “la visión panteísta del mundo de San Juan de la Cruz; la importancia de la forma de Góngora; la precisión y austeridad de Quevedo y la ambientación bucólica de Garcilaso”, en su palabras (Palabras en torno al oficio, 2003).

Con esa misma vitalidad e intensidad rítmica que ya son una constante desde sus primeras publicaciones, el autor presenta Viernes Santo,  un salto “a la boca del lobo”, una internación al dolor  y a la angustia más profundos para impregnarse sin tapujos de “lo más bajo” y, con la misma transparencia, convertirlos en un elemento estético.

Según Del Río, el libro “aúna lo más alto de lo bello con lo más terrible de lo bajo”, evocando una sensación contradictoria de placer y tristeza. Para la poetisa, esta intención se remonta a cuando Rubio recopiló los poemas de su padre, momento en que señaló que “la poesía refuta la muerte”. Coincide el poeta en que allí inicia el proceso de ir al infierno y ver que “la única salida que queda es la purga, que es este libro”, propone la prologuista.

Al respecto de este uso “terapéutico” o “medicinal” de la poesía, Del Río reconoce que hoy está desprestigiado y suele ser objeto de burla o tildado de cliché, a pesar de que “usar la poesía para sanarse a uno mismo es tan antiguo como el ejercicio mismo de la escritura“. Agradeciendo al autor por mostrar esta como una posibilidad seria para literatura, expresó: “Nos da esperanza, en que en tiempos de mucho dolor, hay una técnica llena de alma y amor, que es la poesía”.

Una de las sombras recurrentes en Viernes Santo es el suicidio, así el comienzo del cuarto capítulo reza: “La muerte me seduce lentamente. / Levanta su vestido, despacito. / Se acerca con su risa, y de repente / me dice: Rafael, te necesito”. Otro ejemplo es la Cueca del suicida, cuyos primeros versos son: “El oficio de vivir / es trabajo demandante. / Primera vez en la vida / que quiero quedar cesante”.

Respecto a si considera que escribir su poesía es una vía de resistencia al suicidio, el poeta solo responde: “La poesía me ha salvado el pellejo en más de una vez, literalmente”.

Rafael Rubio ha llegado, de esta manera, a comprender que “la poesía no es un género literario, sino que es un género de vida”. Y así ha cambiado la importancia que como “Talibán de la métrica” le otorgaba a la rigurosidad de la estructura. “En este libro dejé de ejercitarme, yo antes creía en el ejercicio poético, que un poema se podía salvar por la perfección de su forma. Ahora no, “un poema se salva por la capacidad de conmover a alguien”, asegura.

Fuentes anexas:
Antología de la poesía joven chilena, de Francisco Véjar (2003) Segunda edición, Editorial Universitaria.

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