Prevenir o lamentar: La urgencia de las políticas públicas ante lluvias extremas en el sur
Escrito por Noreia Cáceres el junio 23, 2025
La prevención de desastres climáticos en Chile se ha convertido en una necesidad impostergable. Las lluvias extremas registradas en las últimas semanas dejaron en evidencia, una vez más, la fragilidad de nuestras ciudades frente a eventos climáticos cada vez más intensos. Puerto Varas, Osorno, Los Lagos y La Araucanía fueron los puntos más afectados, y la pregunta se impone: ¿qué está haciendo el Estado para evitar que estas situaciones se repitan?
Por Noreia Cáceres
Un desastre anunciado
Calles inundadas, viviendas destruidas, cortes de electricidad y evacuaciones masivas: escenas que ya no sorprenden a nadie. Un sistema frontal dejó más de 40 mil hogares sin luz y provocó el colapso de caminos rurales en la zona sur del país.
Pero quizás lo más impactante fue el tornado que azotó Puerto Varas en mayo, un fenómeno altamente inusual que afectó a más de 300 personas y dañó 250 viviendas. Este hecho se suma a otros anteriores: solo en 2023, más de 57 mil personas fueron damnificadas por temporales en las regiones de Biobío y Valparaíso, según datos de SENAPRED.
¿Desastres naturales? No tanto
Aunque los medios suelen hablar de “desastres naturales”, cada vez más especialistas insisten en que ese concepto es erróneo. La vulnerabilidad humana no es producto del azar, sino de malas decisiones.
“Los desastres son generados por las personas, los desastres no son naturales. No es natural que, por ejemplo, un aluvión afecte a las casas. Lo que nosotros hacemos es ubicarnos donde normalmente escurre el agua, y eso hace que, obviamente, nos afecte a nosotros, nos impacte.” Afirma Fabiola Barrenechea, jefa del Observatorio de Desastres de la Universidad Bernardo O’Higgins.
La construcción en zonas de riesgo, la falta de regulación urbanística, el debilitamiento de las políticas de ordenamiento territorial y la escasa inversión en infraestructura resiliente son factores que agravan las consecuencias de fenómenos que podrían haberse enfrentado de forma distinta.
Políticas públicas y la prevención de desastres climáticos en Chile
Desde el ámbito de las políticas públicas, la prevención de desastres climáticos en Chile sigue siendo un tema secundario. Para la cientista política ambiental Pamela Poo, académica de la Universidad de Chile, existe una falta de voluntad estructural por parte del Estado.
“También yo hago una crítica a los Estados, porque de continuar en esta senda, la verdad es que es muy difícil que logremos quebrar la tendencia, y por lo tanto, siento que la ciudadanía va a quedar un poco a la deriva, teniendo que asumir los costos de que la política no haya hecho el trabajo que tiene que hacer.”
Si bien desde 2022 Chile cuenta con una Ley Marco de Cambio Climático, su implementación ha sido lenta y desarticulada. Muchos planes de adaptación aún no aterrizan en los territorios, y la desconexión entre el nivel central y los municipios se mantiene.
La prevención de desastres climáticos en Chile requiere voluntad política
Las lluvias no son el único problema. Las olas de calor también se intensifican. En localidades como Chimbarongo y Talca, hubo más de 100 días con temperaturas superiores a los 30 °C en 2023. La Dirección Meteorológica de Chile y el Ministerio del Medio Ambiente han advertido que estos eventos serán cada vez más frecuentes y peligrosos.
Frente a esta situación, la prevención de desastres climáticos en Chile no puede seguir dependiendo de gestiones reactivas. Es urgente implementar políticas que incluyan:
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Inversión pública en infraestructura verde y drenaje.
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Prohibición efectiva de construir en zonas de riesgo.
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Planes locales de emergencia climática con participación ciudadana.
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Educación comunitaria en gestión del riesgo y prevención.
¿Qué estamos esperando?
La prevención no debe seguir viéndose como un gasto innecesario o un privilegio de las grandes ciudades. Es una responsabilidad del Estado y un derecho ciudadano. Más aún, es una herramienta concreta para salvar vidas, proteger hogares y disminuir el impacto económico de cada nueva emergencia.
La evidencia es contundente: las lluvias intensas seguirán, los incendios serán más frecuentes, y los sectores más vulnerables seguirán siendo los más golpeados. Esperar que el clima se calme no es una estrategia. Es simplemente irresponsable.
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