La manzana cultural de Quinta Normal

En el sector norponiente de la capital, entre Av. Mapocho, Av. Radal, Ayuntamiento y Padre Tadeo, se forma toda una cuadra dedicada a la cultura. Entre sus panoramas figuran diversos eventos y talleres para la población.

Por Diego Muñoz Cabezas

Agatha y Bucky pasean tranquilos por el largo segmento de pasto que se encuentra en la parte trasera del anfiteatro de Quinta Normal, mientras su dueña, Claudia, revisa tranquilamente su celular. Hace cuatro meses comenzaron a vivir en el sector y descubrieron el parque que rodea la casona Dubois. A ella le gusta porque el sector es cerrado y porque se formó una comunidad de gente que va a pasear a sus perros. «Todos los cuidan, tienen sus vacunas, además se saben los nombres”.

La anécdota anterior forma parte de una de las muchas historias del Club de perros, uno de los tantos panoramas del Centro Cultural Casona Dubois que, junto a la Biblioteca Pública Profesora Marta Ugarte Román, el anfiteatro, el parque y la explanada forman una manzana entera dedicada a la cultura. En esta manzana cultural se realizan durante el año diversas actividades como obras de teatro, eventos y talleres.

Judy Vilches trabaja como recepcionista en la casona Dubois, explica que: “La gente está muy motivada preguntándome por los panoramas». Desde mediados de marzo comienzan las inscripciones a los talleres que se extienden de abril hasta noviembre. Entre estos cursos figuran La Escuela de Música Popular Marti Palacios, La Orquesta Infantil y Juvenil, el Teatro Musical Inclusivo, entre otros. Las inscripciones se hacen mediante el Instagram @casonadubois, donde se informan las diferentes actividades durante el año.

Antes de ser el moderno centro cultural, los terrenos estuvieron abandonados desde la década de los ochenta, cuando la última heredera de francés Andrés Dubois, Ivette Darlant (hija adoptiva) no pudo evitar la expropiación que el municipio impuso desde 1964. El terreno se
convirtió en un basural. En el año 2006, se reiteró el interés municipal por estos terrenos. La reconstrucción comenzó desde el 2008 y en el año 2011 se reinauguró el edificio, como un espacio dedicado a la enseñanza de diversas disciplinas artísticas.

Aprender dentro del Centro Cultural Casona Dubois

La Escuela de Música Popular Marti Palacios es un taller que nace del sueño del fundador de la legendaria Sonora Palacios de impartir clases musicales. Esto a través de la fundación que lleva su nombre, donde enseña a tocar guitarra, bajo, batería, bronces y las voces. Se ha basado en la música que escuchan las personas en el día a día, como la cumbia o el rock, alejándose de los tradicionales aprendizajes de música folclórica, entregando un espacio más libre de exploración musical y la experiencia de ser un músico.

“La misión de la escuela es tomar personas de todas las edades, que estén interesados en la música y quieran desarrollar sus capacidades musicales”, explica Felipe Zamorano, profesor del curso de guitarra y bajo y también guitarrista de La Sonora 5 Estrellas. Zamorano comenta sobre el papel vital que cumple tanto la casona, siendo el espacio físico, como el Departamento de Cultura de Quinta Normal, para el desarrollo de la escuela y así fomentar el interés que hay hacia la música popular.

El guitarrista también expresa que aunque su área sea la musical, ha visto como en la casona se exploran diferentes tipos de arte, y menciona que ésta le parece “un polo de desarrollo cultural”, vital para todas las disciplinas artísticas.

Otro panorama es el curso de arpillera textil. Luz Verónica Cruz realiza las clases desde febrero de 2023, debido a que existía un público
de gente adulta mayor que deseaba realizar actividades manuales. “Me contrataron desde la casona para realizar el curso, después continué realizándolo gratuitamente”, explica Cruz. El taller perdura hasta hoy, y esto se debe a su popularidad. Luz Verónica aclara: “Los talleres por lo general son para 15, 18 personas y hemos tenido más de 30”. Además, menciona que el espacio que ha aportado el edifico es óptimo, pues cuenta con las sillas y mesas necesarias, además del acceso al baño.

Durante la fase final del taller de arpillera del año anterior se realizó una exposición en el anfiteatro, con los trabajos de las arpilleras.
Luz Verónica destaca igualmente que los talleres son para más que pasar el tiempo o recreación. «Es también para la gente que se siente sola pueda ir y tener una actividad de conversación”.

Panoramas fuera del aula

Además de los talleres, en el parque exterior de la casona Dubois se realiza una feria de emprendedoras, la cual está disponible la primera semana de cada mes. Hace tres años, el Departamento de la Mujer de Quinta Normal invitó a mujeres emprendedoras a instalarse con puestos para reforzar las actividades que se realizaban por las vacaciones de invierno. Evelyn Nudelman, dirigenta de la agrupación, comenta que después hablaron con la alcaldesa para continuar.

“En nuestra agrupación somos como ocho emprendedoras, que estamos permanente en la feria”. Explica que con las diversas actividades que se realizan podrían ser más de cien las mujeres emprendedoras beneficiadas. “Cuando hay eventos grandes, la casona sube a las redes sociales las actividades, ahí hay un enlace o correo para postular, la mayor exigencia es ser de la comuna”, complementa la dirigenta.

Más que una biblioteca

Mientras estaba embarazada, Nicole Méndez llegó -primero observando- a la Biblioteca Pública Profesora Marta Ugarte Román: “Vine un tiempito antes de tenerlo porque me dijeron que era bonita”, comenta, mientras observa de reojo a su hijo, el cual tiene dos años y tres meses. “Chequeaba un poco los libros. Empezaba también a ver sobre la crianza, cosas que me sirvieran”.

La biblioteca pública de Quinta Normal se encuentra conectada por un pasillo con la casona y cuenta con múltiples salas: una enorme ocupada como espacio de lectura, que al contar con estantes removibles también podría funcionar como zona de eventos, otra sala que cuenta con computadores y acceso a internet para el público, también, está la sala infantil, donde Nicole se encuentra.

“La biblioteca me ha servido demasiado, sobre todo cuando tienes un espacio reducido donde vives o si mi hijo necesita elementos para expresarse y uno no las tiene en casa”, complementa Méndez. La sala es colorida, contrastando con los sobrios tonos de la biblioteca –colores que se camuflan como vívidos a ratos debido a la luz que emana de los grandes ventanales-, tiene el piso acolchado y sobre este unas pequeñas sillas y mesas provistas de lápices con papeles para dibujar. Sobre algunos estantes destacan libros con imágenes coloridas y diversos utensilios disponibles para los infantes, como podrían ser juguetes y peluches.

Valentín Boffi, quien se encuentra realizando su práctica en la biblioteca, explica que de los once meses que lleva ha notado que esta es más concurrida por las tardes y con un público variado, mayormente infantil. Pero con el retorno a clases el público adolescente se ha vuelto más presente. El stock de la biblioteca es muy variado. “Tenemos literatura chilena, literatura universal, poesía chilena, cine, teatro, artes, manualidades, juvenil, infantil”, explica Boffi.

Además, en la biblioteca se imparten diversos talleres y al igual que en la casona estos son publicados a través de la cuenta de instagram (@bibliotecamunicipal.qn). Rigoberto Santander fue el director de la biblioteca desde 2016 hasta 2019. Él explica que las bibliotecas y en especial los libros son supervisados por la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (Dibam), institución que entrega cierta cantidad de libros dependiendo del volumen de usuarios.

Santander también comenta que durante su gestión se realizaron diversas actividades. “Con la embajada de la India, realizamos La India Maravillosa, donde ellos nos donaron libros”. El único compromiso para la donación fue llamar una de las salas El Rincón de la India y los
libros se basaban en temas como el yoga y estaban principalmente en inglés.

Rigoberto Santander narra que al iniciar el trabajo muchos vecinos no tenían el hábito y fomento lector, por lo que comenzaron a realizar obras y contar historias para motivar a la gente. Esto se desarrolló con el lema “Eres tú, la biblioteca es tuya, es tu biblioteca”, buscando la cercanía con la comunidad. “Entonces nos dimos cuenta de que la biblioteca era más que una biblioteca”, concluye Santander.

“Hace años atrás estaba inscrito, había que traer una cuenta para eso. Ahí podías retirar libros”, recuerda Sergio Vargas, con una voz clara y segura. Junto a él, boca arriba revoloteando en el pasto se encuentra Kitty, su perrita de tres años. “Aquí es la única parte donde puedo soltarla y sentirme bien”, comenta. Vargas menciona que por temas de tiempo y trabajo no puede ser parte de los cursos de la casona y que, aun así, acude a los eventos masivos que se realizan en la explanada y suele pasear por las tardes a Kitty, siendo inconscientemente parte del Club de Perros del Centro Cultural Casona Dubois.

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