Matapanki: punk, superpoderes y Quilicura en la nueva rareza del cine chileno

La irreverente ópera prima de Diego ‘Mapache’ Fuentes —que su propio director describe como “una patada en la cara, pero con cariño”— mezcla estética punk, humor absurdo y una identidad profundamente local. Tras su paso por el FICValdivia y el Festival Internacional de Cine de Berlín, Matapanki se posiciona como una de las propuestas más singulares del cine chileno reciente.

-Constanza Herrera

Ricardo es punk, vive en Quilicura, toma con sus amigos y cuida a su abuela enferma. Hasta que un día prueba un extraño brebaje alcohólico, el Matapanki, y descubre que cada vez que bebe adquiere superpoderes. Lo que comienza como una fantasía termina escalando hasta lo impensado: accidentalmente mata al presidente de Chile y desata un conflicto internacional.

Ese es el punto de partida de Matapanki, el debut como director de Diego ‘Mapache’ Fuentes, una película que mezcla cine de superhéroes, estética punk y humor absurdo con un retrato profundamente local de la vida en Quilicura.

Premios y reconocimiento

El film, que se estrenó comercialmente el pasado jueves 26 de marzo, fue galardonado con los premios a Mejor película chilena y Mejor largometraje juvenil del Festival Internacional de Cine de Valdivia 2025 y la Mención especial del jurado Categoría Generation 14+ del Festival Internacional de Cine de Berlín 2026.

Sin embargo, este éxito tomó por sorpresa a su director, quien lejos de imaginar la recepción que tendría la película, asegura que comenzó el proyecto sin grandes expectativas. “La hicimos sin pretensiones. Pensamos en que iba a llegar un nicho tal vez. Para nosotros la meta máxima era estrenarla en Valdivia, pero iba a quedar ahí y chao, para la casa”. 

La película, que surgió inicialmente como proyecto de egreso de la carrera de Cine de la Universidad del Desarrollo, nació de “una talla entre dos amigos, entre Joaquín, el co-creador, y yo”, recuerda Fuentes. 

“Estábamos cansados de postular ideas pensando en que salieran seleccionadas por la universidad. Entonces empezamos a pensar cosas que nos interesaban”, cuenta el director.

Influencias del cine japonés

En medio de esa búsqueda apareció una de las principales referencias: Electric Dragon 80.000 V, película japonesa de culto dirigida por Sogo Ishii. “Me gustó un montón. Básicamente hay dos personajes que se buscan para pelear”, explica Fuentes. A partir de ahí, la idea comenzó a tomar forma entre bromas y exageraciones. “Yo obligué a Joaquín a ver esa peli y empezamos a molestarnos con la idea de hacer algo similar”.

De esa broma inicial surgió la premisa que terminaría definiendo la película. “Yo le decía: weón, hagamos algo de un punk que pelea con los weones”. A partir de ahí la historia comenzó a escalar: aparecieron los poderes vinculados al alcohol y, más tarde, la dimensión política que atraviesa el relato.

La película también dialoga con diversas influencias del cine y la animación japonesa. Entre ellas aparecen referencias a Ultraman y Neon Genesis Evangelion, además de guiños al cine de ciencia ficción occidental. Incluso existía una escena inspirada en Star Wars que finalmente no quedó en el montaje final.

“La talla empezó a escalar y la postulamos pensando que no iba a quedar”. El proyecto, sin embargo, fue aceptado y con el tiempo se transformó en el largometraje que al día de hoy se ha ganado el corazón de la audiencia.

El éxito posterior de la película tampoco estaba en los planes. “Más que los festivales, que igual lo agradecemos un montón, creo que lo más bacán ha sido la recepción de la gente”, expresa Fuentes.

Cine con identidad local

Durante el desarrollo del proyecto, el equipo comenzó a notar que la película despertaba entusiasmo entre los propios habitantes de Quilicura, comuna donde transcurre gran parte de la historia.

“Cuando la gente se enteraba del proyecto y les contábamos lo que estábamos haciendo, se ponían súper contentos porque hay pocas películas que ocurran en Quilicura”, comenta Fuentes. Para él, esa reacción tiene relación con la forma en que la comuna suele aparecer representada en los medios. “Cuando se nombra en la tele es porque mataron a alguien o pasó algún crimen feo. Entonces era bacán para ellos que su barrio fuera tomado en cuenta para otras cosas”.

La respuesta del público se hizo aún más evidente después de las primeras exhibiciones. “Cuando terminamos de mostrar la película nos llegan mensajes muy bonitos. Hay gente que se emociona, gente que recuerda a su abuela, a sus amigos”, cuenta.

Matapanki

Afiche Matapanki

De la vida real al guión

Esa cercanía con la vida cotidiana también se refleja en los personajes de la historia, varios de los cuales están inspirados en personas reales. “El Mella está basado en un amigo del mismo nombre y son iguales. Cuando vio la película dijo: ‘bueno, soy él’”, relata Fuentes. Otros personajes surgieron a partir de recuerdos personales: Claudia toma como punto de partida a una excompañera del colegio, mientras que la Mademoiselle está inspirada en una mujer que le vendía alcohol cuando era menor de edad.

Para el director, la decisión de situar la historia en Quilicura no fue solo geográfica, sino política y estética. “El tema de Quilicura era crucial para nosotros”, afirma. “Sentíamos que era necesario mostrar bien la comuna, no exorcizarla, mostrarla como es. Hay mucha gente increíble y es un lugar súper raro, que tiene su propia mitología”.

Cine con acento chileno

Esa preocupación por la representación también se trasladó al lenguaje de la película. Desde el inicio, el equipo tomó una decisión clara: los personajes hablarían con acento chileno, sin intentar neutralizar su forma de expresarse.

“Encuentro que no podís hacer películas chilenas en neutro. Creo que no existe tampoco el español neutro, es como una invención”, afirma. Para Fuentes, el lenguaje está profundamente ligado al mundo que la película retrata y separarlo de ese contexto habría significado perder parte de su identidad.

“Era imposible hacer la película de otra forma”, dice. “Nosotros hablamos así y no tenemos por qué pedir perdón por eso. Si alguien quiere entendernos, que ponga subtítulos”.

Más que una provocación, la postura responde a una convicción sobre el rol del cine. “¿Por qué censurar algo tan bonito que es la identidad que tenemos? Es la forma en que hablamos”, reflexiona. “Eso es lo bonito del cine y del arte en general: que podís entrar en los mundos de los demás y ver qué cosas piensan, qué cosas les importan”.

La película también juega con el idioma en algunos momentos clave. Aunque ciertas escenas están habladas en inglés, la pronunciación de los personajes —lejos de buscar un acento nativo— mantiene una entonación claramente chilena, reforzando el tono irreverente que caracteriza a Matapanki.

En esas secuencias, además, el diálogo aparece sin subtítulos. La decisión fue deliberada. “¿Sabís que hay un corte que tiene subtítulos? Igual siempre fui partidario de que no tuviera, porque lo encontraba más chistoso”, explica “Mapache” Fuentes.

La elección responde al punto de vista del protagonista, Ricardo, quien tampoco entiende inglés. “Sentía que no ponerle subtítulos era poner a toda la gente en la misma posición que él”, comenta el director. “Creo que era más inmersivo, más entretenido. Aún así, la escena permite comprender el desarrollo de la historia a través del contexto y de los elementos visuales que aparecen más adelante.

Apuesta visual

Más allá de estos juegos con el lenguaje, Matapanki también destaca por sus decisiones visuales. Una de las más llamativas es el uso de rotoscopia, una técnica de animación que consiste en intervenir o dibujar sobre imágenes filmadas previamente con actores reales.

En la película, este recurso aparece especialmente en las secuencias de acción y en los momentos donde el relato se acerca a lo fantástico. La rotoscopia permite exagerar movimientos, acentuar golpes y transformar escenas cotidianas en situaciones visualmente más cercanas al cómic o a la animación, reforzando el tono híbrido de la historia.

Pero más allá del resultado visual, el uso de rotoscopia también fue uno de los varios desafíos que enfrentó el equipo durante la realización del film. Según su director, el proceso estuvo marcado por un aprendizaje constante y por la necesidad de enfrentarse a aspectos del trabajo cinematográfico que hasta entonces parecían lejanos.

“Yo la pasé muy bien haciendo la peli. Porque, bueno, no solo me tocaba grabar cerca de mi casa, sino que también fue mucho aprendizaje”, explica.

Aprendizaje, autogestión y atrevimiento

Al tratarse de su primera experiencia dirigiendo un largometraje, Fuentes debió enfrentarse a desafíos que antes no había abordado, y que imaginaba reservados para proyectos posteriores, como la dirección de actores o la planificación de escenas de pelea junto al equipo de coordinadores de acción.

A pesar de las limitaciones presupuestarias, el equipo logró sacar adelante la película mediante un trabajo colectivo sostenido principalmente por las ganas de realizar el proyecto.

“Fue súper bonito darnos cuenta que somos capaces de hacer todo eso con poca plata y más con las ganas. Siento que la película igual se hizo muy a pulso, desviando esas necesidades y tratando de parcharlas, pero con parches bonitos. Se nota la costura de la película, pero es una costura bien hecha”.

Para el ‘Mapache’ Fuentes, el recorrido de Matapanki también dialoga con una tendencia más amplia del cine chileno reciente: la búsqueda de nuevas formas y miradas fuera de lo convencional.

“Creo que el éxito de Matapanki está en poder demostrar, al igual como lo viene haciendo el cine chileno durante los últimos 15 años, que hay una vitalidad y una belleza muy profunda en lo extraño, en lo distinto”, reflexiona. 

Para el director, justamente en esa diferencia reside parte del valor del cine. “La gente siempre te va a decir que cuando eres algo diferente o algo inusual estás mal o estás equivocado. Y encontrar fortaleza y mostrar al mundo que si somos eso, podemos ser bellos, heroicos y gloriosos, como lo ha sido la propuesta que se ha logrado entre todos,  es muy valioso”, reflexiona. 

“Les invito a buscar eso: lo extraño, lo diferente. Y darle cabida al error. Es muy importante”.

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