La irresponsable política exterior de Estados Unidos
Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, el mundo entero se ha sorprendido por su falta de manejo político.
Desde su aprobación explicita al uso de la tortura, su negativa a legislar sobre la compra de armas de fuego -donde no solo peca de negligente, sino que derechamente es partidario de su uso- a su interés en poner fin a la Neutralidad de la Red, el gobierno de Trump ha estado plagado por polémicas.
Sin embargo, más allá de ciertos elementos que competen fundamentalmente a los estadounidenses, la política exterior de Estados Unidos bajo la administración Trump, podría considerarse desastrosa por decirlo de una manera amable.
Las continuas falencias del Departamento de Estado del gobierno de Trump, han complicado el normal funcionamiento de los conductos regulares de la política exterior, sin embargo, sumado a esto, el nombramiento de Mike Pompeo, ex director de la CIA, como Secretario de Estado, John Bolton como Asesor de Seguridad, y la llegada de Gina Haspel como la nueva directora de la CIA, han generado todo un revuelo.
En primer lugar, los tres son considerados «Halcones», lo que se refiere a su visión de que es Estados Unidos quien debe golpear en la mesa y dictar las normas que el resto de la comunidad internacional debe seguir. Por otro lado, con estos tres nombramientos, el actual Secretario de Defensa, James Mattis, general retirado, ha pasado a ser considerado, contra todo pronostico, como uno de los moderados dentro del gobierno estadounidense.
A continuación un breve análisis de algunos de los mayores desastres diplomáticos de Estados Unidos en la era Trump.
Adiós Norcorea
Esta semana tuvimos una magistral muestra de lo errática que han sido las relaciones exteriores de Estados Unidos el último tiempo. Nos referimos a la cancelación de la esperada reunión entre Trump y el líder de Norcorea, Kim Jong-un.
El encuentro estaba programado para el 12 de junio en Singapur, fecha en la cual se discutiría el desarme nuclear total del régimen comunista. Sin embargo, y a pesar que al menos en cuanto a declaraciones parecía que efectivamente Norcorea estaba dispuesta a poner fin a sus ambiciones nucleares, Donald Trump anunció el pasado 24 de mayo que la reunión no se llevaría a cabo.

Reunión entre Kim Jong-un y el Presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in
Esto, en palabras del presidente norteamericano, porque el país asiático ha mantenido una postura confrontacional y que no ha generado la confianza suficiente para que las conversaciones de paz sean fructíferas.
La verdad es que si bien Norcorea había aumentado la agresividad en su discurso, a medida que se iba acercando la fecha de la fallida reunión, esto se puede explicar en dos factores desencadenados por Estados Unidos.
En primer lugar, a menos de un mes de la reunión en Singapur entre Kim Jong-un y Donald Trump, Estados Unidos y Corea de Sur llevaron a cabo los ejercicios militares Max Thunder, realizados cada año con el objetivo de coordinar sus fuerzas ante un eventual enfrentamiento con Corea del Norte. Estos ensayos militares, que si bien estaban programados con mucha anticipación, difícilmente compensaban el riesgo de poner en jaque conversaciones de paz que podrían haber puesto fin a un conflicto de más de 60 años y que mantienen a la región al borde de una guerra devastadora.
Y si lo anterior ya estaba complicando que las conversaciones del 12 de junio fueran fértiles, las declaraciones del Asesor de Seguridad de Estados Unidos, John Bolton, terminaron por arruinar la reunión. Bolton aseguró en una entrevista que se estaba contemplando llegar con Corea del Norte a un acuerdo similar al que se hizo con Libia para poner fin a su programa de armas nucleares. Estas palabras fueron pésimamente recibidas en Pyonyang, puesto que Muamar Gadafi, el líder libio que firmó el acuerdo el 2003, terminó muerto tras las revueltas de la Primavera Árabe, en donde los rebeldes fueron apoyados por Estados Unidos y la OTAN.

John Bolton, Asesor de Seguridad de Estados Unidos
Venezuela y el fantasma del intervencionismo en Latinoamérica
Mucho se podrá discutir si es que las elecciones del 20 de mayo en Venezuela fueron o no transparentes, si Nicolás Maduro es o no un representante democrático, sin embargo, las declaraciones del Vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, dan poca cabida para las dobles lecturas.

El Presidente de Venezuela, cuestionado por la transparencia de las elecciones presidenciales del 20 de mayo.
“El Presidente Trump está completamente comprometido con hacer lo que sea necesario” señaló Pence a principios de mes, al ser consultado si el gobierno norteamericano considera aún la opción de una intervención militar en Venezuela.
Para Estados Unidos, el gobierno de Nicolás Maduro es un régimen carente de cualquier sustento democrático. Es por esto, que para los norteamericanos Venezuela no solo es una amenaza para su propia gente, sino que también lo consideran un agente desestabilizador en la región.
En concordancia con su histórica política de tratar a Latinoamérica como su patio trasero, Estados Unidos ha señalado que, para restaurar el orden en Venezuela, están dispuestos incluso a utilizar su poderío militar.
El solo insinuar que se pueda intervenir con fuerzas armadas en Venezuela, ya es un fracaso de la política exterior de Norteamérica, puesto que deja en evidencia no solo su falta de tacto -que podría ser lo de menos-, sino que es un reconocimiento implícito al fracaso de sus propias sanciones económicas, que ha decido mantener e inclusive aumentar, y a la presión ejercida a través de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Más allá de las opiniones personales respecto a si el gobierno de Nicolás Maduro esta más cerca a una democracia o una dictadura, la postura de Estados Unidos no hace sino retomar la posibilidad de lo que fue gran parte de sus políticas hacia América Latina durante el siglo XX, un intervencionismo salvaje, que se sustentó en base a la tortura y el asesinato de decenas de miles de personas.
Fin al acuerdo nuclear con Irán
Un tema que ya desde hace semanas generaba expectativa y finalmente se resolvió el pasado 8 de mayo, fue la salida unilateral de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán.
El acuerdo, firmado durante el gobierno de Obama, buscaba poner fin al proyecto de desarrollo de armas nucleares iraní, lo cual garantizaría que Estados Unidos levantaría algunas de las sanciones impuestas. Sin embargo, el acuerdo ya desde su comienzo fue cuestionado por el sector más conservador norteamericano, puesto que no afectaba mayormente al régimen islámico en Irán.
Lo anterior, sumado a que el principal aliado de Estados Unidos en la región, Israel, nunca compartió la idea de que algo positivo se podría sacar del acuerdo nuclear, terminaron por echar por la borda el trabajo diplomático conjunto de todos los países del Consejo de Seguridad de la ONU, junto con el de Alemania, para poner fin al afán de armas atómicas de Irán.
Ahora Estados Unidos ha señalado que al haber puesto fin por su parte al acuerdo, retomarán las sanciones, dejando en aprietos a sus aliados europeos, quienes han declarado que ellos si respetarán lo firmado. Las dificultades para la Unión Europea, consisten en que ahora es Irán quien ha impuesto sus condiciones si es que se quiere mantener el acuerdo sin la participación estadounidense.
Entre las las condiciones se encuentra una retribución por la salida unilateral de Estados Unidos del tratado, que se entreguen garantías de que Europa mantendrá las operaciones financieras de Irán en su territorio, así como asegurar que la compra de petróleo no se verá afectada.
A continuación un análisis de HispanTV frente a las condiciones que Irán impuso a la Unión Europea:




