Jorge González: La voz de los 80’s que aún resuena

Jorge González es un ícono para la música chilena. A continuación te presentamos una pequeña biografía por los parajes musicales de su vida.

Por Paula Ramos

Es 2025 y han pasado siete años desde que Jorge González compartió con el mundo su último disco. Es por eso que sorprendió a muchos cuando, sin previo aviso, lanzó un conjunto de ocho canciones en un sitio poco conocido de internet llamado Bandcamp. Pistas que duran trece minutos y colaboraciones con Colombina Parra llamaron la atención. Pero lo que más destacó, fueron las letras de cada canción, las cuales reflejan los pensamientos más íntimos de un artista que, luego de un ruidoso comienzo, lleva en silencio por mucho tiempo.

Actualmente es protagonista de múltiples libros que intentan narrar su historia, posee diversos proyectos solistas y trata de recuperarse del grave ataque cerebro vascular que sufrió en 2015, el cual fue tan duro que los médicos estimaron una expectativa de vida de tan solo seis meses. Gracias a extensos cuidados que incluyen ejercicio fisioterapéutico y el consumo de antidepresivos, Jorge ha logrado recuperarse, pero las secuelas aún son visibles. La pérdida de movilidad y habla lo obligaron a abandonar la música por un tiempo, aunque no por demasiado, ya que en agosto de ese mismo año estrenó un sencillo titulado Trenes trenes trenes y para noviembre ya estaba arriba de un escenario. Las ganas que demostró por mejorar, convirtieron aquel suceso en una conmovedora historia de superación que marcó su vida.Jorge González

Hace 43 años Jorge González Ríos, estudiante del liceo Andrés Bello N°6, estaba a minutos de presentarse por primera vez en un acto del colegio con su banda “Los Vinchukas”, un pequeño grupo conformado por amigos de un mismo curso: Claudio Narea, Miguel Tapia, Álvaro Beltrán y él mismo. A pesar de que fuera una obra sin muchas luces, que estaba siendo realizada en un pequeño escenario con poca gente e instrumentos prestados, pasaría a la historia. Sin que Jorge lo supiera, esa presentación marcaría sus inicios como artista.

De piel morena, mirada intensa, pelo color castaño oscuro y un ceño fruncido que lo caracteriza, el artista nació un 6 de diciembre del año 1964 en San Miguel, un barrio humilde que en esos tiempos era arrasado por la dictadura. Su familia se conformaba de una modista, dos hermanos y un vendedor de timbres de goma que era aspirante a cantante de boleros. Fue él, su padre, quien lo introdujo en el mundo de la música al interpretar aquellas románticas melodías y mostrarle auténticos conciertos de cueca que se realizaban en la residencia González-Ríos.

Ese gusto musical, nunca lo abandonó y en poco tiempo aprendió a tocar el piano, la guitarra y comenzó a crear una pequeña colección de casetes en donde predominaban bandas como los Bee Gees, Kiss y Beach Boys, de quienes tomaba inspiración cada vez que escribía canciones.

Los 14 años fueron cruciales para él. En ese momento conoció a los futuros integrantes de Los Prisioneros (Claudio Narea y Miguel Tapia) y comenzó a construir esa personalidad contestataria que lo caracterizó como artista.  “Nunca daba comentarios tibios cuando levantaba la mano”, dice uno de sus profesores en el podcast “Necesito poder respirar”. Jorge era un niño inquieto, irreverente, que siempre se cuestionó su entorno y se expresó a través de sus letras. Una de las más poderosas que hizo cuando aún era liceano fue la canción Cuanto vale el show, la cual hablaba de cómo la televisión monetizaba el sufrimiento de las personas que luchaban en la guerra de las Malvinas. Desde esas épocas ya repudiaba el manejo de los medios de comunicación.

El nombre “Los Vinchukas” pronto evolucionó a Los Prisioneros, quienes soñaban con ser conocidos, pero tenían un gran problema: sus ideas no encajaban con el régimen por el que estaba pasando Chile. En los 80’s el país vivía bajo una dictadura que no le permitía alzar la voz a nadie, había amenas, censuras y asesinatos; el escenario era aterrador y criticar abiertamente la dictadura era equivalente a firmar tu sentencia de muerte. Aún así, Jorge, quien escribía gran parte de las canciones, se atrevió a hacerlo sin renegar nunca de sus creencias, las cuales sigue defendiendo hasta el día de hoy.

Con 17 años entró a estudiar licenciatura en música en la Universidad de Chile, lugar en donde lo apodaron como Jorge González Líos debido a aquella personalidad ácida que lo metía en peleas con sus profesores. Ese año conocería a Carlos Fonseca, compañero de carrera e hijo del dueño de la disquera “Fusión”. En ese momento, Jorge no lo sabía, pero ese personaje impulsaría el ascenso de Los Prisioneros.

Era fines de 1983 y Fonseca tenía la idea de hacer un show sobre el rock chileno emergente en la disquera y se acordó de Jorge, quien sin dudarlo aceptó llevar algunas de sus canciones. Entre numerosos casetes grabados de forma sencilla, existía uno que sobresalía del resto, uno que contenía la mítica canción La voz de los 80´s. Apenas terminó de sonar, Fonseca sabía que estaba frente a un éxito, por lo que durante las siguientes semanas hizo todo lo que pudo para asegurar a la banda. Incluso improvisó un estudio en la misma disquería, el cual tenía cajas de huevos pegados en las paredes que funcionaban como aislantes de ruido. “Sin Carlos Fonseca no hubieran existido Los Prisioneros. La banda se decidió a existir cuando apareció él cómo manager”, confesó Jorge en una entrevista.

“¡Agudiza tus sentidos, date cuenta que estás vivo!”, decía el puente de aquella canción y con esa corta frase, Los Prisioneros lograron levantar a toda una generación que estaba aterrada de expresarse. Junto a ella llegaron Brigada de Negro, Mentalidad Televisiva, Sexo y No Necesitamos Banderas, letras que dejaban en claro la posición política de la banda y desafiaban a todo y todos.

Las primeras presentaciones en vivo terminaban, con suerte, en unos cuantos botellazos y pifias, pero su destino cambió una vez que empezaron a tocar en universidades. Tan Levin, un baterista quien trabajaría con Jorge años después, recuerda la primera vez que vio a un público conectar instantáneamente con Los Prisioneros.  “Fue como amor a primera vista, desde el primer momento todos estaban bailando y cantando sus canciones”, contó en el podcast «Necesito poder respirar».

A pesar de esa conexión que Jorge había logrado crear, le encantaba desafiar a su público. Los insultaba diciéndoles que eran unos cuicos y que no entendían sus letras, pero la gente lejos de ofenderse, los seguía ovacionando. Al año siguiente, Fonseca logró convencer a su padre de darles un contrato con la disquera, y fue así como el sueño comenzó a volverse real.

Para 1984 el álbum La voz de los 80´s ya había sido oficialmente lanzado y poco a poco estaba llegando a las radios más conocidas. Los Prisioneros cada vez ganaban más popularidad y pronto los invitaron a tocar en Sábado Gigante, el programa más importante para los chilenos en esa época. Luego, en 1985 se presentaron en La Teletón, un evento con fines benéficos transmitido por Televisión Nacional de Chile (TVN) una cadena que era dirigida por el régimen, razón por la que se decidió censurar a la banda cuando entonaron La voz de los 80´s por considerarla demasiado subversiva.

Muchas veces se les negaron presentaciones o los bloquearon en ciertas radios por la misma razón, pero esos contratiempos no evitaron que su fama explotara por toda Latinoamérica, llegando a personas de todas las edades. “Cantan la realidad, no cantan fantasías como los demás” dice una mujer en una entrevista callejera cuando se refiere a la banda.

Las distancias entre Los Prisioneros

Un año después se lanzó el álbum Pateando Piedras y en 1987 llegó La Cultura de la basura. Los Prisioneros estaban en su peak, aquellos discos vendían miles de copias y ni la censura podía evitar que las canciones se escucharan en cada esquina. En ese momento, Jorge estaba recién casado con Jacqueline Fresard, mujer a quien más tarde engañaría con Claudia Carvajal, esposa de su mejor amigo y compañero de banda, Claudio Narea. «En Santiago, tanto se me acercó la mujer de Claudio, Claudia, que me caí para no levantarme en años. Me enamoré profundamente y poco me importaba nada, así estaba de envanecido. Caro lo pagué y aún duele cagarla de tal manera” Confiesa Jorge en su libro Héroe. Inevitablemente su amigo se enteró, y cuando eso pasó, significó el primer punto de quiebre tanto para la banda como para Jorge. “Cuando me entero voy a su casa y le aforro. Él me pide que le pegue más, ‘pégame, me lo merezco’, me decía”, reveló Claudio en el programa Mentiras Verdaderas del canal La Red.

Al ser encarado, Jorge confesó que la relación con Claudia solo había sido un error y que se arrepentía profundamente, razón por la que la banda siguió adelante, pero sin la misma energía de siempre. Era 1990 y todos los bloqueos en festivales, radios y conciertos estaban dejando al trío sin dinero, razón por la que necesitaban realizar la gira del disco Corazones, uno bastante conceptual comparado con los demás, el cual tenía muchas canciones dedicadas a Claudia. El trío se distanciaba cada vez más, seguían tocando, pero sus amistades se estaban desvaneciendo. Desde aquel amorío, la relación con Claudio nunca pudo recuperarse. Hoy en día no se hablan, no son amigos, solo se recuerdan entre sí como compañeros de banda.

Y el distanciamiento entre los miembros de la banda se ha acentuado con los años. En 2024, Jorge demandó a Miguel Tapia, ya que reclamó que el ex­-baterista de Los Prisioneros lo habría engañado para firmar diversos documentos que buscaban rentabilizar el catálogo de la banda, sin su consentimiento, y sin recibir a cambio las ganancias correspondientes. Esta querella sigue siendo investigada.

Carrera solista

En 1992 el quiebre fue definitivo, razón por la que la banda se separó y Jorge inició su carrera solista, lanzando el álbum homónimo Jorge González en 1993 con la disquera EMI. Aquel disco vendió más de setenta mil copias, canciones como Mi casa en el árbol o Fe se escuchaban en todas las radios. Pero eso no fue suficiente para la disquera ni para Jorge, quien se estaba comenzando a sentir como un producto más. “Todo el lanzamiento de mi disco fue una cosa bastante horrorosa de la que quisiera olvidarme”, dijo apenado a la Revista El Carrete.

Su disco fue grabado en Los Ángeles y fue lanzado en un espectáculo realizado en el Hotel Sheraton, cosas que iban en contra de la imagen sencilla que Jorge había presentado en un inicio, razón por la que muchos medios comenzaron a criticarlo, comparando sus canciones con los antiguos éxitos de Los Prisioneros. A pesar de eso, Jorge debía nadar contra la marea, ya que había firmado para lanzar dos álbumes más con la disquera.

En distintas entrevistas defendía sus canciones: “Espero tengan la oportunidad de escuchar el disco entero, puesto que las canciones de promoción son solamente un aspecto, el resto del disco tiene muchísimas otras cosas que más de una ceja van a levantar” dijo con un tono de voz pasivo-agresivo en Noche de Ronda, programa de Canal 13, luego de que el presentador criticara la canción Mi casa en el árbol.

La gira que se iba a realizar para promocionar las nuevas canciones se canceló antes de empezar, ya que el disco no había tenido el rendimiento esperado. Así comenzó uno de los momentos más oscuros de Jorge González: «Me cogí una mala adicción: la cocaína. Buscando reemplazar el ejercicio del sexo busqué las drogas como auxilio, con negros resultados y una especie de renta cara” dijo en su libro Héroe.

Frente a toda la gente que le reclamaba haberse vendido, Jorge decidió crear un disco en el que incursionó con nuevos ritmos y letras, tomando inspiración directa de Víctor Jara. Titulado El Futuro se Fue, aquel disco fue el primero en revelar su lado más sensible, no solo eran sus pies los que aparecían desnudos en la portada, sino también su alma. No tuvo un éxito comercial, de hecho, desconcertó a la crítica y a los fans más acérrimos debido a la fusión con cumbia electrónica, algo que no iba “con el estilo” de Jorge.

El álbum Mi destino (confesiones de una estrella del rock) llegó en 1999, pero no llamó la atención de las personas como lo hizo la reunión de Los Prisioneros en los años 2000.

Luego de estar una década separados, volvieron de manera triunfal con dos conciertos en el Estadio Nacional, lugar al que llegaron 140 mil personas que aún sentían nostalgia por la legendaria banda. Eran los mismos de siempre, pero su dinámica había cambiado y algo hacía verlos desconectados entre sí. Estaba claro que ya no era el mismo trío sanmiguelino de los inicios. Los álbumes que lanzaron luego de su reunión tuvieron una recepción mixta: había éxitos, pero los desacuerdos creativos y la tensión se sentían en cada canción. Hasta que ocurrió lo inevitable y volvieron a separarse, esta vez para siempre.

De ahí, Jorge trató de reencontrase en distintas partes del mundo. Por momentos vivió en Nueva York y Alemania, lugares en donde se permitió tener esa tranquilidad que le había sido arrebatada por tanto tiempo. En 2016, un año después de su ataque cerebro vascular, recibió el Premio a la Música Nacional Presidente de la República, uno que reconocía toda su trayectoria como artista y de los más importantes en su colección. Junto a ese llegó el Reconocimiento como Figura Fundamental de la Música Chilena otorgado por la Sociedad Chilena del derecho al autor (SCD) en 2018 y el galardón Ícono Musa en los premios del mismo nombre en 2024.

Jorge González

A sus 60 años, Jorge González no solo es recordado como la voz que sacudió a toda una generación, sino como un artista que nunca dejó de incomodar y provocar a todo el mundo. Sus canciones siguen resonando en cada esquina, marcha y mente que recuerda con nostalgia a aquel artista que se atrevió a desafiar la censura en plena dictadura militar. Su enfermedad y sus años lo han debilitado, pero su legado siempre seguirá intacto en los corazones.

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