Centro de primates de Peñaflor: Jamás subestimes el poder destructivo de un humano

Fueron encerrados en jaulas, amordazados, amarrados en sus extremidades. Fueron obligados a consumir drogas como tabaco y alcohol, desarrollando una adicción. Hoy están en un centro para rehabilitarse. Este es el pasado de los monos que ahora viven en el Centro de Rescate y Rehabilitación de Primates de Peñaflor, víctimas del tráfico y del mascotismo de especies exóticas. 

Por Rafaela Castillo Pimentel

Pedro da su pequeña mano a los visitantes. Es risueño, muestra sus dientecitos como si estuviera posando para las fotos. Mira a su cuidadora; el mono le hace gestos que imitan las sonrisas humanas, con sus pequeñas manitos suaves y peludas que parecen humanas. Con falanges y uñas humanas. Pero él no es humano. 

Los monitos son alegres, juguetones, tiernos y ponen una sonrisa en el rostro de cada visitante. Son traviesos, pillos e intrépidos. Aparentemente sus sonrisas – que podrían parecer un gesto tierno – probablemente sean actitudes aprendidas, ya que fueron entrenados para ello a base de maltratos. 

Había un viento helado en el Centro de Primates de Peñaflor. La vegetación y árboles se asemejan al hábitat de sus pequeños inquilinos. El relajante cantar de los pájaros de esta comuna alejada del ajetreo de la capital era sobrepasado por los cantos de los monos. Los ruidos de las rejas siendo agitadas son constantes, a veces resuenan los platos metálicos siendo arrojados.

Este santuario actualmente tiene más de 140 primates. Se fundó hace 31 años cuando Elba Muñoz vio la necesidad de un santuario de estas especies en el país. Todo comenzó con un mono barrigudo que llegó a su casa familiar, nombrado como Cristóbal. Así, más personas le fueron llevando distintos tipos de primates para que se hicieran cargo de ellos, ya que veían que tenían mejores condiciones para cuidarlos. Conseguir tantos permisos para tener especies exóticas en una casa es casi imposible, y ahí fue cuando nació la idea de convertirse en un santuario. Actualmente, tienen un equipo con veterinarios, staff que cuida a los animales y hace los recorridos, además de los voluntarios. 

Todas las especies de primates que son decomisadas en Chile van al Centro de Primates de Peñaflor. Porque una vez que un mono es sacado de su hábitat, le es imposible volver a insertarse socialmente en la selva. Aquí, la esperanza de vida de los monos aumenta como mínimo cinco años, por lo que varios ya superan los 40 años de edad.

Caminando por los angostos pasajes entre las jaulas, se pueden ver carteles que dicen “La extinción es para siempre” y un irónico “Jamás subestimes el poder destructivo de un mono”, acompañado de un dibujo de un mono muy humano sobre una excavadora y cortando una palmera. Los encierros de los primates son amplios, están conformados por jaulas interconectadas con puentes flotantes y con doble malla para seguridad de ellos mismos y de los visitantes. Este lugar es hogar de cuatro especies de monos. Monos capuchinos, saimiri, araña y papiones sagrados.

Los monos capuchinos tienen la capacidad cognitiva de un niño de 7 años, manos con cinco dedos y pueden imitar expresiones faciales humanas. No son tan diferentes a nosotros y son la especie que más se trafica. Se les llama Capuchinos por el parecido de su coloración con el manto de los monjes capuchinos. Recorriendo el santuario, camino por al lado de uno de ellos, una pequeña criatura me mira a los ojos con rostro afligido mientras se soba su pancita. Me quiere hacer sentir pena por él para que le de comida, pero todos los visitantes le acaban de dar de comer hace sólo minutos. Les gusta engañar.

Los papiones sagrados son más conocidos en nuestro país como “Monos Poto Colorado”, por el órgano de color rojo intenso que poseen bajo su cola. Su hocico tiene una nariz pronunciada y ojos más pequeños. En el Centro de primates, la mayoría de los papiones son más bien pequeños, delgados y con poco pelo por su pasado de maltrato que no les permitió desarrollarse adecuadamente. Un solo papión fue rescatado de pequeño y pudo desarrollarse con todos los cuidados. La diferencia es abismal. Es más grande en tamaño, imponente con su pelaje que es como una melena frondosa y esponjosa de un blanco grisáceo. 

El mono araña es una especie críticamente amenazada por la fragmentación de su hábitat, el tráfico de sus ejemplares como mascotas y la caza. Tienen extremidades largas y sueltas, al igual que su cola. Son de color negro y sus manos tienen cuatro dedos. Trepan suavemente las rejas de su encierro, parecieran deslizarse. Agarran la comida de las manos de los visitantes a grandes puñados. Se les recomienda a los hombres del grupo que tengan cuidado con ciertas jaulas de esta especie, ya que algunos tienen miedo al género masculino por asociarlo a sus maltratadores.

Los monos saimiri, popularmente conocidos como monos ardillas, son la especie más pequeña que hay en el Centro. Son de un tono amarillento con café, con su rostro y orejas de un color crema. Sus ojos son grandes y de un negro profundo que parece reflejar su entorno. Tiene colmillos afilados. Caben en la palma de una mano, pero se hacen notar con sus fuertes chillidos. Son rastreros y les gusta buscar comida entre la tierra. Según la organización, son los segundos más traficados como mascotas después de los capuchinos. 

Cada cuál tiene sus propios dones, pero hay características que todos los monitos del santuario tienen en común. Todos son familiares genéticos nuestros y todos son juguetones, con un especial gusto por engañar a las personas. 

Monos Araña en Centro de Primates de Peñaflor

 

Las crueles cadenas del tráfico

Brian, Huguito, Jose, Mimí, Panchita, Vicente, Madison, Martina, Gino y Ronaldito. Estos nombres están marcados al lado de cadenas y correas con las que fueron encontrados estos monos. Collares de perro, cordones de zapatillas, cadenas corroídas y oxidadas. Algunas se ven gruesas y pesadas, pero otras se ven delgadas y frágiles. Son tan ligeras que estos animales fuertes e inteligentes podrían haberse liberado de ellas. Podrían quitárselas o romperlas, pero son sometidos a tal nivel que olvidan o incluso desconocen las capacidades de su propia especie. Son monos que no saben que son monos, y se desarrollan sin saberlo, creciendo humanizados. Esto es el mascotismo, quitarle al animal la posibilidad de pertenecer a su especie; la facultad de ser animal. 

Al lado de la pequeña mesa de madera con las cadenas y amarras, hay unas cajas amontonadas, también marcadas con nombres. Francisquito, Cisarro, Titi, Hernancito. La madera está sucia con marcas de humedad, son construcciones rudimentarias y sin cuidados. Tienen algunos orificios desordenados y que parecen hechos a la rápida, supuestamente para dejar pasar un poco de aire y luz, pero que claramente no son suficientes. Sus dimensiones son pequeñas, más aún teniendo en cuenta que dentro llevaban a un ser vivo. La de Francisquito tiene un papel pegado que dice “ANIMAL VIVO (mono)”, con un dibujo de una caricatura para niños de un mono comiendo un plátano con una sonrisa en la cara. Otras dos cajas solo llevan stickers de “frágil” con un dibujo de una copa rota. 

En estas cajas de transporte vivían los monos por mínimo 20 días de viaje en malas condiciones, mismo lugar donde hacían sus necesidades, sin luz, con apenas aire. Cuando los primates están bajo mucho estrés, se automutilan. Se comen su propia cola o dedos, por lo que muchos monos llegan con amputaciones al refugio de Peñaflor. 

A muchos de estos monos se les entrenó para fumar o beber alcohol, ya sea como forma de entretenimiento para shows circenses o a modo de chiste. Les parecía gracioso, pero les estaban haciendo desarrollar adicciones a estas sustancias. Eventualmente muchos de estos primates fueron decomisados y trasladados al Centro de primates. Aquí, los médicos veterinarios los encontraban con abstinencia, teniendo que empezar tratamientos para dejar estas drogas, incluso con antidepresivos.

Aquí también hay monos que fueron usados para experimentación científica. Darwin, Aristóteles y Sócrates son tres monos capuchinos que fueron adquiridos por el Laboratorio de Neurociencia de la Universidad de Chile en el año 1999, junto a otros 86 primates. Eran situados en cajas transparentes, con un fierro detrás de su espalda y una plataforma a la altura del cuello, todo esto con el cráneo abierto para tener su cerebro expuesto. El fin de este experimento de marketing era monitorear su actividad cerebral al mirar imágenes publicitarias en una pantalla. Perdieron pelaje, estaban desnutridos y su sujeción les generó graves lesiones. Darwin además tenía cortes de mediana profundidad y presentaba una quemadura en su pene. En 2001, algunos de estos monos fueron entregados al Centro de Rescate y Rehabilitación. Han pasado 24 años y el caso sigue abierto y sin fallo.

El santuario expone en el recorrido algunas de las noticias que aparecieron en la prensa sobre este hecho. Algunos titulares dicen “Denuncian crueles experimentos”, “¡Monos encerrados por más de 20 años!” y “Animales sufren espantosas torturas en universidades, acusan ecologistas”. Otros no le toman la seriedad necesaria: “Sócrates quedó para la corneta” y apodos como “Doctor Frankenstein”. 

De manera similar han llegado monos provenientes de circos, como el grupo de papiones sagrados que fueron decomisados del Circo Los Tachuela por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y la Brigada Investigadora de Delitos Contra el Medio Ambiente y el Patrimonio Cultural de la PDI. Según informes médicos, estos sólo eran alimentados con zanahorias, y parecían nunca haber visto tierra ni pasto. Tenían dientes mutilados, heridas profundas y desnutrición.

Papión Sagrado en Centro de Primates de Peñaflor

 

monos, no mascotas

Al lado de las historias anteriores, los monos mascotas se perciben como si vivieran en el paraíso. Personas que dicen querer adoptar uno, como si de un perro o gato se tratase. A simple vista puede no sonar tan malo, pero los rastros en los cuerpos de estos monos no dicen lo mismo. “Puedes sacar al mono de la selva pero no a la selva del mono”, dicen algunos carteles del centro.

Un caso emblemático de tenencia de primates es el de Felipe Camiroaga, quien tenía dos monos capuchinos: Carlitos Clinton y Florita. La Sociedad Protectora de Animales se los entregó. Él amaba a los animales y cuidó de la mejor forma posible a sus dos monitos, pero al poco tiempo tuvo que entregarlos. Años después, en 2014, surgió una polémica cuando el payaso y empresario conocido como Tachuela Grande acusó al Centro de maltratar a los monos de Camiroaga. Afirmó que estaban encerrados en una cárcel y que vivían mejor antes en la casa de Chicureo del fallecido animador. La directora, Elba Muñoz, respondió que ahora viven mucho mejor que antes. Agregó que una figura televisiva tan conocida como Camiroaga no podía tener monos, porque hace que la gente crea que tenerlos como mascota está bien, validando en parte el tráfico de animales exóticos y cayendo en el relativismo. “Si lo tiene Felipe ¿por qué no lo puedo tener yo?”.

Generalmente se ve al tráfico de especies exóticas como un problema del pasado, pero actualmente está incluso más vigente de antes. Según el SAG, entre enero y junio del año 2024, en la región de Tarapacá se han decomisado siete primates que corresponden a monos ardilla y capuchinos. Ninguno contaba con los certificados necesarios para acreditar su legítima procedencia como especies protegidas, ingresando por pasos fronterizos clandestinos. Sue Vera, directora regional del SAG afirma: “Esto es un fenómeno que no habíamos observado antes, ya que entre 2016 y 2023, es decir durante 8 años, nuestro servicio logró el rescate de siete ejemplares de monos, cifra que ahora en tan sólo 6 meses ya hemos alcanzado”. 

Chile es parte de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) desde 1975. Este convenio multinacional de las Naciones Unidas protege a más de 40.900 especies en peligro de extinción de la sobreexplotación, pero entonces ¿por qué el tráfico de primates sigue vigente? Porque sigue siendo un negocio lucrativo.

Si buscas monos capuchinos en TikTok, aparecen sólo mascotas. Uno está sentado en un sillón comiendo galletas, luego uno en una silla de bebé dando golpes para exigir comida y a otro mono sentado en una mesa comiendo un huevo frito con tenedor. Stickers de Whatsapp, memes, videos supuestamente divertidos. Esta explotación en redes sociales conlleva un abuso del animal para que den contenido y se hagan virales. 

Desde el Centro de Primates, denuncian que las personas no parecieran entender el trasfondo de la organización. En su cuenta oficial de Instagram, el santuario publicó un video con una compilación de muchos mensajes directos que reciben de personas preguntando si allí venden monos. Al iniciar las visitas, Lorena, quien es parte del staff, hace énfasis en que no son un zoológico. Aquí trabajan con animales llenos de traumas de un pasado de maltrato, y no están dispuestos a sacrificar la comodidad de ellos por el gusto de los visitantes. De hecho, los recorridos guiados se hacen con el propósito de concientizar y generar ingresos, ya que el Centro es financiado por el bolsillo de los dueños entre un 70% y 80%. 

Para que los monos recién nacidos puedan ser traficados, los humanos matan a su madre. Las crías muchas veces no se separan de su cadáver por días, hasta que los contrabandistas se llevan a los lactantes para venderlos. Un gran porcentaje de los monitos muere antes de llegar a venderse. Se le condena a una vida de cautiverio sin capacidad de reinserción en su hábitat.

Aquí, en el Centro de primates, ellos y ellas disfrutan de la comida y se acicalan en total tranquilidad. Es esperanzador ver cómo pueden volver a ser monos en un entorno de cuidados donde se les permite ser animales salvajes. 

Pasamos por la jaula de Brian, mono capuchino que fue separado de su familia cuando sólo era una cría, como todos los que son traficados. Cuando llegó al Centro, se convirtió en uno de los más carismáticos y reconocidos del lugar, con una personalidad divertida y cariñosa. Aquí se reencontró con su hermana después de ser separados al nacer, abrazándose apenas se vieron. Brian falleció hace unos meses, pero Rosario nos cuenta que, como equipo, quieren seguir honrando la memoria de un monito tan especial como él. 

Los monos más traficados, los capuchinos, tienen la capacidad cognitiva de un niño de 7 años. ¿Es así como se debe tratar a un niño de 7 años?

Mono Capuchino en Centro de Primates de Penaflor

 

 

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