Verónica Figueroa Huencho: “Los constituyentes indígenas no son candidaturas individuales, cargan el peso de añoranzas, sueños y luchas ancestrales”

Escrito por el mayo 19, 2021

La académica del Instituto de Asuntos Públicos de la U de Chile analizó los resultados de un proceso histórico que, por primera vez, reservó un espacio para los pueblos originarios en la redacción de una nueva Constitución. Destacó los liderazgos femeninos y, aunque asegura que no se pueden asimilar a una bancada político-partidista, indica que los representantes electos comparten un piso mínimo de propuestas que pueden generar consensos.

Durante el fin de semana del 15 y 16 de mayo vivimos un proceso inédito de votación de constituyentes que, entre sus principales singularidades, incluyó la elección de 17 representantes de nueve pueblos originarios entre los 155 convencionales que redactarán una nueva Carta Magna.

Ciudadanos de los pueblos mapuche (siete), aimara (dos), rapanui, atacameño, quechua, colla, diaguita, kawésqar, yagan y chango fueron electos en un proceso marcado por una participación electoral más baja de la esperada -un 22,8% del padrón- y por la amplia votación que recibieron las candidaturas femeninas, que implicó que cuatro de las representantes indígenas escogidas fueran reemplazadas por sus pares masculinos, ante el ajuste por paridad.

Para analizar el desarrollo de esta novedosa elección y sus implicancias, conversamos con la académica del Instituto de Asuntos Públicos (INAP) de la Universidad de Chile, Verónica Figueroa Huencho, quien se reconoció feliz por lo que significa integrar a los pueblos originarios en la discusión constituyente.

Lo anterior, sin dejar de apuntar las problemáticas de esta primera experiencia, particularmente en lo que denomina como su “nudo crítico”: la construcción de un padrón electoral especial indígena que, acusó, se construyó a partir de datos insuficientes, en un tiempo muy limitado y sin tener aparejada una campaña informativa robusta para despejar dudas, lo que obligó a las candidaturas indígenas no solo a hacer campaña, sino también a educar sobre el proceso y difundirlo.

Verónica Figueroa Huencho, académica del Instituto de Asuntos Públicos y Senadora de la Universidad de Chile.

“Pero más allá de esos problemas, creo que a partir de ahora solo pueden surgir aprendizajes, solo puede mejorar este proceso que vivimos. Me quedo con que tendremos una Constitución por primera vez elegida por la ciudadanía y con los pueblos indígenas participando como tales, como pueblos. Eso es muy potente. Tanto es así que hasta hay representación de una autoridad ancestral (la machi Francisca Linconao) en una Convención Constitucional. Así de inédito, así de esperanzador es el proceso que se está abriendo”.

  • De hecho, ya hay voces que están proponiendo a la machi Francisca Linconao como Presidenta de la Convención…

Absolutamente, y eso también es interesante porque la Convención se convierte también en un espacio de aprendizaje intercultural. Las y los convencionales tendrán que aprender que significa hacer una convención intercultural.

De facto esta es una convención intercultural y, por lo tanto, debe asumirse como tal y generar espacios para que esa interculturalidad se pueda aplicar desde la definición del reglamento hasta los contenidos propios, la discusión más sustantiva: la participación de una autoridad ancestral, por ejemplo, qué protocolos específicos de pueblos indígenas, qué formas de consenso, de diálogo propias de cada pueblo van a estar ahí en la Convención. Es una oportunidad tremenda, pero también un desafío del que podemos aprender todas y todos.

  • Uno de los puntos llamativos fue que la participación electoral varió según el pueblo específico. ¿Cuánto de esas diferencias en la participación se explican por la idiosincrasia propia de cada pueblo? ¿Qué otros factores influyeron?

Es importante leer el porcentaje de participación con la magnitud. Estamos hablando de que al pueblo mapuche, que tiene un padrón de más de un millón de personas, le seguía el pueblo aimara con 75 mil. O casos como el del pueblo rapanui que se escapó a un 54% de votantes, pero con un padrón de 3 mil 600 personas, o el pueblo yagán cuyo padrón era de 170. Hay una diferencia muy grande. Más que con la idiosincrasia, hay que entender que, a mayor padrón, hay una mayor diversidad y se hace más complejo llegar a todo ese padrón.

Habría que preguntarse cuántas de esas personas sabían que estaban en el padrón electoral elaborado por el Servel, cuantos de quienes estaban en ese padrón decidieron votar por candidaturas indígenas que iban por fuera de los escaños reservados.

Habría que preguntarse, también, respecto de las propias historias de cada pueblo: claramente la historia del pueblo mapuche es una historia de resistencia, y, por tanto, parte de las comunidades llamaron a no participar, a no confiar una vez más en el Estado, a desconfiar de su “actitud colonialista”, y eso también pudo haber influido.

Y, por cierto, aquí el gran tema, es que le corresponde al Estado asegurar una participación en igualdad de condiciones a los pueblos indígenas, según lo establecido en la Declaración de la OEA y el Convenio 169. Sin embargo, el Estado no procuró aquello: la información, la capacitación no fue definida de acuerdo con la naturaleza de cada pueblo participante. Se partió desde el inicio con una concepción de un electorado homogéneo, que conoce las reglas, que ha participado siempre de la misma manera… Y tampoco ha habido educación cívica específica respecto de los derechos de los pueblos indígenas.

Todos esos elementos están ahí en la mesa, y habrá que analizarlos. Pero, más allá de estas limitaciones, hay mucho que aprender y corregir. Esperemos que la nueva Constitución vaya acortando estas brechas y que, en veinte, treinta años más ya no sea un desafío que el Estado lleve adelante un proceso eleccionario con participación indígena.

Wilfredo Bacían, quien, hasta la publicación de esta entrevista -y con un 95,2% de las mesas escrutadas- estaba logrando la elección como constituyente en el escaño del pueblo quechua.

  • Otro de los puntos notables que marcó la convención, en general, y también la elección de los escaños reservados, es la gran cantidad de votación recibida por candidatas mujeres. En el caso mapuche, por ejemplo, 6 de los 7 candidatos más votados eran mujeres, y, en total, al menos 4 candidaturas de mujeres electas en escaños reservados fueron corregidas por paridad, siendo reemplazadas por constituyentes hombres. ¿Qué opinión le merece este fenómeno?

Históricamente las mujeres han jugado un rol importantísimo en las dirigencias territoriales, han tenido una tradición y una legitimidad en sus territorios como parte de los movimientos sociales. Pensemos en Emilia Nuyado, que pasó desde una dirigencia territorial a ocupar un espacio en el Congreso, o en Natividad Llanquileo, Francisca Linconao, Elisa Loncon en las zonas urbanas, Rosa Catrileo, también Ana Llao o Ingrid Conejeros… Tremendas mujeres, solo por mencionar el caso mapuche, que se atrevieron a disputar un espacio de poder, sorteando múltiples escollos e interseccionalidades para llegar a ocuparlos.

Las reglas del juego eran claras, y al momento en que se decidió participar se sabía que esta corrección paritaria también se podía aplicar en el caso de pueblos indígenas. Pero creo que la idea de dualidad, de complementariedad va mucho más allá de quién tiene la voz en un espacio específico como la Convención. Se entiende que están poniendo en la Convención propuestas que vienen de pueblos y territorios, y en ese sentido, no son candidaturas individuales, sino que tienen el peso detrás de añoranzas, anhelos, sueños y luchas ancestrales. Ningún otro candidato o candidata que esté en la Convención puede decir eso.

Entonces, por un lado, se demostró el rol de liderazgo de las mujeres indígenas, y, por otra parte, esta corrección paritaria no es una amenaza para una agenda tan potente como la que llevan los pueblos indígenas a la convención.

  • Cuando los medios analizan la composición de la Convención según bancadas, hablan de una “bancada de pueblos originarios”. ¿Cree que funcionarán como una bancada unificada? ¿Cómo funcionará ese juego de alianzas con los otros grupos que participan en la Constituyente?

Este concepto político-partidista de bancada que ha operado en la institucionalidad occidental difícilmente se pueda aplicar al caso de pueblos originarios porque no vienen con un programa ideológico, sino que vienen con una demanda ancestral que tiene una naturaleza diferente a la del resto.

Si uno mira los programas electorales de las duplas que postulaban y de quienes ganaron, uno puede ver que, en general, hay un piso mínimo compartido de propuestas: Estado plurinacional, reconocimiento de las autonomías de los pueblos indígenas, su derecho a la libre determinación y al autogobierno, derechos lingüísticos, de la madre Tierra, etc. Yo creo que ahí hay una consonancia en los pisos mínimos que llevan los constituyentes indígenas.

Pero también se entiende que van a tener que poner estos temas en toda la discusión de la agenda transversal y ahí un desafío interesante para las y los constituyentes indígenas va a ser definir el reglamento de la Convención: que asegure que no funcionen como una entidad aislada que solamente se ocupe de temas indígenas, sino que operen en todas las áreas que se discutan y participen de todas las discusiones. Eso les permitiría incidir en la agenda de temas que van a quedar en la Constitución, y también les va a permitir formar alianzas transversales, conocer a los y las constituyentes, tratar de persuadir, argumentar y de convencerlos.

Cuando veo cómo quedó compuesta la convención, veo que gran parte de esos constituyentes electos comparten anhelos con los pueblos indígenas. El hecho de que hayan surgido voces diciendo que la machi Linconao sea presidenta de la Convención ya te da un parámetro de cómo están pensando en su interior. Eso es importante. Creo que ahí vamos a tener hartos apoyos de otros sectores y con una fuerza, al parecer, suficiente de quórum para llegar a consensos que es lo más importante.

A eso hay que añadir que, con todos los sistemas de rendición de cuentas y de transparencia hacia la ciudadanía, estaremos siguiendo muy atentos estas discusiones. Con lo que pasó el fin de semana, va a ser impresentable que un sector político quiera negar el avance de derechos y reconocimientos a los pueblos indígenas.

La machi Francisca Linconao, primera mayoría nacional en la elección de constituyentes de pueblos originarios, recibió un total de 15.574 votos, un 7,15% del total de los votos mapuche válidamente emitidos.

  • Pareciera que la participación de pueblos originarios en los espacios institucionales, así como la paridad de género, son avances que generaron un cambio de paradigma, un nuevo estándar que no va a desaparecer de un momento a otro. ¿Cuáles son sus perspectivas para el futuro?

Eso es tremendo. Hubo una historia larga de movimientos feministas y luchas ancestrales que empujaron a este momento y también una historia corta post 18 de octubre que abrió esta ventana de oportunidad… Todo eso hace que, a partir de ahora, todos los mecanismos y las formas en las que se disputa el poder, cambiaron.

El poder ya no puede ser entendido desde la lógica masculina, desde una nación hegemónica poniendo las reglas del juego, definiéndolas de manera vertical, con muchos espacios de impunidad respecto a la toma de decisiones, con los partidos tradicionales detrás… Todo eso se rompió.

Estos cambios llegaron para instalarse y, como dices, van generando un cambio cultural: ya es impresentable que no haya mujeres, ya no parece aceptable que no haya pueblos indígenas, que no haya personas que vengan de la periferia, de los territorios, de colegios públicos, que no pertenezcan a la élite.

Eso ya quedó, y tiene muy desconcertada a la clase política, a quienes hace unos días eran expertos los tiene pensando. Incluso a nosotros mismos como universidades, como formadoras de ciudadanía. Tenemos que resetearnos y enseñar cosas nuevas, formar ciudadanos y ciudadanas para esta nueva sociedad.

Entonces por todos lados hay desafíos, que también son oportunidades. Así lo veo. Oportunidades tremendas para las nuevas generaciones. Esperemos estar a la altura. Eso es lo más importante: que estemos a la altura de este desafío.

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