Valeria Bustos Arriagada, presidenta de la Junta de Vecinos el Progreso: “Aquí la solidaridad no es una palabra”

Escrito por el octubre 23, 2020

La pobreza y el hacinamiento del Barrio Matta Norte han hecho del rol de una junta de vecinos, la más importante para su comunidad. Ante un Estado indolente que no se preocupa del hambre y de los derechos de las personas, es la Junta de Vecinos El Progreso quien abre debate hacia una nueva constitución, protegiendo y solidarizando con aquellos que no tienen.

Por Jossefina Rojas Caroca

Foto: Junta de Vecinos El Progreso

Foto: Junta de Vecinos El Progreso

En medio de un barrio tradicional, al centro de la comuna de Santiago y entre los límites de las avenidas Manuel Antonio Matta, 10 de Julio, Vicuña Mackena y Santa Rosa, se encuentra la Junta de Vecinos El Progreso.

Comenzaron alrededor de los años setenta bajo el mando de una junta directiva designada por la dictadura por más de treinta años. Recién obtuvieron una democracia transparente el 2015 cuando Valeria Bustos Arriagada fue electa como la nueva presidenta, conservando el cargo a través de reelecciones hasta el día de hoy. Desde entonces, se encuentran activos brindando ayuda a la comunidad del Barrio Matta Norte cuyos habitantes en gran porcentaje son migrantes, trabajadoras sexuales y transgéneros.

Desde el 18 de Octubre del año pasado, cuando comenzó el estallido social, el rol de la Junta de Vecinos El Progreso ha sido fundamental para mantener unido al barrio. Organizaron la “Olla Común Permanente hasta la Asamblea Constituyente” para enfrentar el miedo al constante desabastecimiento, también pintaron murales e iban psicólogos para hacer talleres de contención para niños y madres.

Asimismo, se creó un espacio solidario de protección donde los jubilados, familias numerosas, poetas, músicos, doctores, migrantes, prostitutas y personas en situación de calle, compartían la misma mesa, la misma comida, las mismas conversaciones y las mismas actividades durante cuatro meses todos los días hasta que comenzó la pandemia .

“Es el barrio de Chile con más contagios por metro cuadrado y somos uno de los ocho barrios del país con más hacinamiento. Ese el motivo por el cual no hemos vuelto con la olla común, pero comenzamos con la organización de otras cuatro campañas para ayudar a los vecinos que no tienen que comer”, comenta Valeria Bustos, presidenta de El Progreso, quien a través de una llamada telefónica, relata los desafíos del Barrio Matta Norte. Ese día, Bustos recién había terminado sus actividades de un operativo masivo de PCR para la comunidad.

Foto: Junta de Vecinos El Progreso. Al centro, Valeria Bustos Arriagada.

Foto: Junta de Vecinos El Progreso. Al centro, Valeria Bustos Arriagada.

El pueblo ayuda al pueblo

Las cuatro campañas cumplen con las necesidades que se han presentado urgentemente en este periodo de cuarentena, donde los vecinos que sobrevivían de oficios como peluquería, venta ambulante, maestros de construcción y manicure, no tienen el dinero suficiente, ya que ellos y todo el barrio viven al día.

Junto a los estudiantes de Trabajo Social de la Universidad Santo Tomás, de la cual Valeria Bustos es supervisora de práctica, formaron un catastro que prioriza la entrega de canastas solidarias, de las cuales hasta ahora redondea las mil entregas. También está la campaña “Demanda Espontánea” donde se abre un stock de donación de alimentos para que los vecinos puedan sacar y pedir lo que les falte.

Los lunes, llamados “Lunes de Pancito”, se reparten doscientos sándwiches a personas en situación de calle y de casas okupas, y por último la campaña de los “Viernes Solidarios”, en donde la Junta de Vecinos El Progreso logró el convenio con la organización de la red de alimentos, la cual se dedica a salvar los productos que ya no son viables de comercialización en los supermercados, ya que están prontos a su fecha de vencimiento. La junta se centra en la colecta de esa comida junto con los vecinos que se encargan de descargar las camionetas, para luego repartirla a las ochenta familias más necesitadas de la comunidad.

Bustos puntualiza que los migrantes del barrio también tienen mucho que aportar en la ayuda de una atmósfera solidaria e inclusiva. En las reuniones su nivel de participación representa más del 50%, y en las campañas son los que más se ofrecen para trabajar como voluntarios.

“Cuando fue el momento de la revuelta y de la pandemia, se acercaron inmediatamente para ayudar a sus vecinos, replicando el discurso de que fueron bien acogidos en este país y hoy les toca devolver la mano. Cuando dicen bien acogidos no se refieren al Estado, se refieren a los vecinos, se refieren al trabajo inclusivo al que se les invita y se les abraza cuando llegan”, aclara la representante de la Junta de Vecinos.

Sin embargo, si bien la labor de la junta de vecinos de este barrio está presente ante todas las dificultades de sus habitantes, es un trabajo del cual ellos no deberían responsabilizarse ni sacrificarse como lo han hecho hasta ahora, y esa es una de las razones que Valeria Bustos más crítica: “Cuando te das cuenta que el Estado se muestra incapaz y es indolente, no te queda otra”.

Comenta además, que si uno solicita una canasta al municipio se demoraría alrededor de dos semanas en llegar, “y cuando existe el hambre, el hambre no espera quince días. Eso es una huelga de hambre en la práctica, de la cual el Estado es cómplice”.

Foto: “Lunes de Pancito”

Foto: “Lunes de Pancito”, por Junta de Vecinos El Progreso.

Por una nueva Constitución

El gobierno no se hace cargo de muchas problemáticas que azotan a las juntas de vecinos y a sus comunidades, de las cuales ellos terminan haciéndose cargo. Mucho antes del estallido social, la Junta de Vecinos El Progreso ha trabajado para el debate de una nueva constitución política en Chile, para buscar los caminos y soluciones que se necesitan para superar la pobreza, el hacinamiento de su barrio y del resto del país.

Lo principal que destaca Valeria Bustos, es la búsqueda de una constitución que garantice los derechos. Como por ejemplo el derecho a la salud y a su buen acceso, que se traduzca en no esperar años para una cirugía. Una educación gratuita y de calidad donde se enseñe y se practique lo mismo que en los colegios privados.

Los migrantes tampoco tienen derechos, no están regularizados y no cuentan con el acceso para los pocos beneficios que brinda el país. Llegan a Chile en busca de oportunidades pero no les dejan trabajar, no pueden postular para las ayudas alimentarias, ni para los bonos.

Bustos cree que otro tema importante, y que les afecta directamente, es el derecho a la vivienda. El hacinamiento que enfrenta el barrio es tremendo, existen los conventillos donde hay de diez a quince habitaciones con solo dos baños, edificios construidos con departamentos de cuarenta metros cuadrados donde viven hasta doce personas. Y si se llegara a postular para tener un techo adonde vivir, esa persona puede ser designada a cualquier parte de la región, sin contemplar el cambio de colegio de los hijos, locomoción y el acceso a consultorio. Además en el proceso de postulación, los comités se demoran alrededor de diez a doce años para conseguir viviendas, de las cuales se consiguen con las personas tomándose las calles y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), haciendo protestas y reuniéndose con las autoridades para que finalmente accedan.

Foto: Junta de Vecinos El Progreso

Foto: Junta de Vecinos El Progreso

“El derecho a la vivienda es uno de los principales que se necesitan en la constitución. Queremos estar en el proceso constituyente colocando la información y las ganas que tenemos para que esto cambie, presionando a los responsables de hacer las leyes. No puede ser que a casi treinta años de la transición de la democracia todavía no sea un derecho la vivienda en Chile”, declara.

Queremos estar en el proceso constituyente colocando la información y las ganas que tenemos para que esto cambie.

Valeria Bustos sostiene que el rol que cumple la Junta de Vecinos el Progreso, reemplaza y busca los espacios solidarios, caritativos y de protección de los cual el Estado debería hacerse cargo. Ahora con la pandemia se han podido visibilizar las dolencias camufladas de una comunidad numerosa, dolencias que llevan en sus espaldas durante cincuenta años de abusos y discriminación por partes de un país consolidado por una constitución antidemocrática, que no es capaz de establecer una conversación por nuevos derechos.

«Aquí la solidaridad no es una palabra”

La Junta de Vecinos el Progreso, no recibe la subvención de ochocientos mil pesos que reciben otras juntas para pagar la luz y el agua. Tienen una deuda de cinco millones heredada de la junta directiva anterior asignada por la dictadura y solo sobreviven con el único ingreso de 120 mil pesos por el certificado de residencia.

Todas las campañas que han hecho este último tiempo, como las entregas de mil cajas, los “Lunes de Pancitos”, los “Viernes Solidarios” y la “Demanda Espontánea”, surgen desde su propia organización y sacrificio junto a la ayuda del resto de los propios habitantes de Matta Norte.

“¿Cómo entregas mil canastas cuando no hay un partido político detrás? ¿Cuándo no hay un empresario? no tengo idea. Yo creo que son las ganas de hacer cosas, es el entusiasmo que se irradia y la suma de muchos voluntarios que quieren lo mismo. Esto se traduce en acciones concretas. No somos un discurso como el del Estado, aquí la solidaridad no es una palabra”, concluye la presidenta de la Junta de Vecinos El Progreso, Valeria Bustos Arriagada.

Comentarios

Opiniones
  1. Miriam Falconi   /   octubre 24, 2020, (11:24 am)

    ES VERDAD TODO LO DICHO.. YO SOY UNAS DE LAS BENEFICIARIAS DE LA JUNTA DE VECINO EL PROGRESO DIRIGIDO X SU PRESIDENTA VALERIA BUSTO ARRIAGADA
    A VOTAR TODOS ..EL DOMINGO 25 POR EL CAMBIO GRACIAS VALERIA ERES GRANDE DIOS TE BENDIGA

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