Las postales que formaron a la fotógrafa Val Palavecino y los horizontes que ve su lente

Escrito por el junio 19, 2019

Hasta los 17 años Val solo había hecho “click” con las antiguas cámaras pocket, pequeñas cajas compactas que no daban la posibilidad de manejar algún aspecto de la fotografía, más que el ángulo y la luz. Fue criada sin mayores estímulos artísticos y estuvo a punto de estudiar periodismo o derecho. Hoy sus trabajos son admirados en Chile y el mundo. Los caminos que escogió -o la escogieron- para convertirse fotógrafa, y los lugares donde tiene puesta la mirada en un futuro, son lo que aquí revela.

Valentina Palavecino nació en Puente Alto, pero vivió gran cantidad de su vida en la histórica y colorida Quinta Normal, rodeada de fachadas irregulares y únicas. La joven fotógrafa tiene 21 años y, a diferencia de muchos grandes expositores de este arte, no viene de una familia de artistas; de hecho, sus inquietudes salieron a flote cuando estaba pronta a salir del colegio, a los 17 años.

Su madre, Soledad, es enfermera y ha trabajado en ello toda su vida; tomó un “camino tradicional”, mismo camino que en un comienzo ella también quiso tomar. Quería estudiar periodismo porque le gustaba mucho escribir, sobre todo de música. Su otra opción era derecho. Increíble resulta pensar que de haber quedado en periodismo en la Universidad de Chile, aún estaría estudiando, cursando la mitad de una carrera universitaria y probablemente sin haber vivido si quiera un cuarto de lo que ha vivido hasta hoy.

Osmosis

En 2015 y con 17 años, conoció a un chico que definiría el gusto de ésta por la fotografía. Él era fotografo, tenía una banda y se dedicaba al fotoperiodismo. Junto a él Valentina comenzó a asistir más seguido a tocatas y a interesarse más en un mundo que hasta ese entonces, no le había llamado del todo la atención.

Recuerdo que yo lo admiraba mucho. Me gusta admirar a la gente que me gusta. Me fue guiando por el mundo más artístico, empecé a mirar de una forma distinta y  a creer que era posible tomar una carrera artística o tornar mi vida hacia ello -recuerda Valentina mientras mira la pantalla de un computador en el que está editando sus fotos.

Luego de no quedar en periodismo, estas ideas llegaron a un puerto más concreto y decidió estudiar en el Instituto Profesional Arcos, en la modalidad vespertina, ya que sentía que tenía conocimientos previos con los que podría complementar la carrera.

Escogió ese instituto por una recomendación que llegó a ella desde un fotógrafo que conoció en un evento, un día de trabajo en el que era anfitriona de un sushi. Comenzó a conversar con el fotógrafo oficial de la jornada, quien se dedicaba a la foto documental, uno de los tantos intereses de Palavecino. “Tenía un rollo con su abuela también, y eso me identificó mucho”, cuenta la artista sonriendo con una mirada de remembranza sobre la madre de su madre.

Val Palavecino

Ella ha vivido toda su vida en un potente matriarcado: abuela, madre y hermana. Entre todas se apoyan, se cuidan y se aman. Y como cuidar no solo significa proteger, sino guiar, en un comienzo su madre no la apoyaba mucho con su veta de fotógrafa. Ella creía que era un pensamiento plagiado desde sus amigos o su pololo. Irónicamente, el tener que trabajar para comprar una cámara, le dio la oportunidad de conocer de nombre el lugar en el que tiempo más tarde, realizaría sus estudios profesionales de fotógrafa.

«Me di cuenta de qué cosas me gustaba hacer cuando metí la nariz en el mundo real, antes estaba estructurada, es un poco como la caverna de Platón. Me fui deconstruyendo de a poquito».

Finalmente estudió dos años en ese instituto y su madre comenzó a creer más en ella y su talento, luego de que salieran publicadas unas fotos suyas en el diario. Desde ahí el apoyo ha sido incondicional.

De su etapa académica en aquel emblemático edificio de 106 años ubicado en Santo Domingo 789, lo que mejor se lleva es la gente, sus amigos y amigas, los primeros acercamientos al feminismo, al compañerismo puro y la empatía, ya que académicamente -según Valentina- no es de lo mejor. “Yo estoy esperando que me mencionen como ex alumna para decir que ¡No!, que no lo hagan”, señala entre risas pegando un gracioso golpe en la mesa en señal de determinación.

La seguidora de Andy Warhol, con quién no solo comparte signo zodiacal, sino que también el gusto por lo análogo, cuenta que en su casa de estudios ella era una alumna regular, siempre de cincos, no de sietes. Sin embargo, logró tener resiliencia frente a esta esta situación, debido a que ocurrió un punto de inflexión en su vida cuando entendió que las notas no la definían, que la academia era una cosa, y sus inquietudes artísticas personales otras.

¿Cómo te desligaste de la academia

-Me di cuenta de qué cosas me gustaba hacer cuando metí la nariz en el mundo real, antes estaba estructurada, es un poco como la caverna de Platón. Me fui deconstruyendo de a poquito. Creo que uno tiene que tener un poco una doble personalidad, ¿cachai? Dar lo que quieren que des en clases y seguir con tus cosas. Nunca hay que abandonar las cosas que a uno le gustan o le llaman la atención, nunca hay que abandonarse

«El artista está presente»- Val Palavecino

¿Con qué te quedas de ARCOS?

-El ambiente que se generó, porque yo no lo había vivido nunca, entonces eso me abrazó y me hizo confiar, me hizo tener amor propio.

Formar un núcleo de amigos y amigas, basado en el amor y el cuidado mutuo, significó mucho para Val, quien sufrió en su etapa de colegio: fue víctima de acoso escolar. Hoy, años después, resignifica aquel sufrimiento, como una etapa de maduración y aprendizaje, ya que haber pasado por eso la hizo ser más certera en sus decisiones, saber cuán difícil era la vida y sobre todo saber quién es ella y las cosas que puede llegar a lograr

¿Cómo fue esa etapa?

-Entre mis pares no me llevaba bien, no congeniaba y no entendía por qué me pasaba esto, por qué yo estaba mal y por qué siempre estaba sola. Entonces eso sería como un momento de inflexión, porque mucha gente dice como «hueona, yo a los 21 estaba perdidísma, no sabía qué hacer y tú ya has estado en muchas cosas»… Creo que es un hito que me dio madurez.

Intuición

Las circunstancias son cruciales en todos los momentos de la vida de una persona, ya que diferentes aspectos muy distintos entre sí conjugan para que una situación concreta resulte, y lo haga de la mejor forma. Sin embargo, no solo del destino se sirve la vida. Hay momentos en los que un impulso te da la confianza y energía suficientes para hacer algo o, en el caso de Val Palavecino, de hablarle a alguien.

Así fue como una noche de 2017 durante un concierto de Gianluca, la artista junto a su mejor amiga María José Tapia, trasformaron en confidentes las paredes del Centro Arte Alameda, y allí, donde generalmente se proyectan los sueños concretados de los cineastas, ambas decidieron que querían trabajar con él.

-Nos encantaba su estética, las letras de sus canciones y teníamos muchas ganas de trabajar con él -recuerda mientras apoya el mentón en sus nudillos.

Primero, María José trabajó con él en las visuales; luego se integró ella al equipo fotográfico.

La intuición es parte del día a día de la cazadora de momentos, ya sea en sus orígenes como fotógrafa de trinchera capturando el momento preciso o de forma más íntima, logrando una pulida foto fija o una significativa dirección de foto. Necesita y vive de la intuición para saber cómo desenvolver su arte, cómo será o funcionará la persona a la que fotografiará, para saber si aquella será solo una sesión o podrá terminar en una amistad. Palavecino se fía de su intuición y, por lo menos hasta sus 21 años, la vida le ha retribuido esta confianza en sí misma de la mejor manera.

Ése es como el lema creo yo: el movimiento que tiene que haber, no andar poniéndonos zancadillas a nosotros mismos, ni a otras personas

-La gente se pregunta, ¿cómo puedo llegar a esto? Es como, loco tienes que salir a correr.  Una vez corriendo te vas a ir encontrando con gente, porque siempre va a haber gente en el camino que necesita una mano. Puedes pasar tú y lo harás con energía, o puedes pasar y más adelante estar cansado, pero va a venir alguien con más energía y así. Ése es como el lema creo yo: el movimiento que tiene que haber, no andar poniéndonos zancadillas a nosotros mismos, ni a otras personas -aconseja la intuitiva Palavecino.

Val Palavecino

mara oscura

Ir a un concierto, sacar buenas fotos, capturar el instante perfecto, subirlas a una red social, etiquetar al artista, esperar. Recibir el reposteo del artista, una etiqueta o quizás un crédito. Ir a un concierto, sacar buenas fotos… Así estuvo Valentina por dos años y, a pesar de que dice no aburrirse fácil, si lo hace pronto cuando ve que hay un status quo acechando su inquietud creativa.

Al estar por dos años en “las trincheras” del fotógrafo, esperando el momento preciso tantas veces, comenzó a sentir -la inherente- intuición en cada concierto. Sabía el momento exacto en que los artistas harían algo que definiría el show y se convertiría en el recuerdo inolvidable de aquel día. Ese control sobre la situación fue un momento decisivo para comenzar a imaginar su proyecto actual, “El artista está presente.

– ¿Cómo se te ocurrió el concepto?

-Comencé a pensar y caí en cuenta de que irme a un escenario en el que yo tenga control de todo, también significaría un camino de investigación y abstracción. Así que decidí sacar a los artistas del escenario en tarima y posicionarlos en el escenario de mi mente. La gente los ve tal cual los ve en el escenario, pero este es mi imaginario representado en una foto.

Le comentó este proyecto que tenía recién gestando en su mente a su amiga, quién ahora también es su compañera de trabajo con Gianluca y ahora último, la colabora con su proyecto actual. María José es visualista y muy parecida a Valentina, ambas poseen una energía intensa, pasional y arrebatada con la cual han hecho grandes cosas. Juntas aterrizaron el imaginario de Valentina hasta un punto concreto, en el cual lograron resumir la propuesta a “Artista X, éste es tu concepto según yo. ¿Lo aceptas?”.

La fotógrafa se fue dando cuenta que muchos aceptaban su idea, le agradecían el concepto que tenía ella de ellos y participaban de buena manera en el proyecto.

Val Palavecino

Durante Lollapalooza la artista entró al festival con pulsera de artista, ya que es parte del equipo de Gianluca y trabaja con Playa Gótica. Esta experiencia dejó grabada en su memoria lo capaz que era de conseguir lo que se propusiera en la vida, ir a festivales grandes, trabajar con grandes artistas, crear una productora que se dedique a la dirección de arte y diseño de grandes festivales alrededor del mundo, o lo que sea que se proponga en el camino. No obstante, el Lollapolooza de este año, fue muy especial para ella, ya que recordando a Andy Warhol recorrió el Lolla junto a su cámara instantánea buscando artistas, para poder registrarlos con su cámara: darles una foto y quedarse con la otra. Ese fue la pequeña rutina que aplicó, con C. Tangana, Rosalía, Fran Straube, Jorja Smith, Pablo Chill-e, entre otros artistas que asistieron al festival.

 

-“Me gustaría estar en todo lo que sea como dirección de arte o diseño de escenario en grandes festivales. Crear tal vez mi propia productora y que vaya por todos, en Coachella, Primavera Sound, en todos los Lollapolooza posibles, de todos los países”, sueña.

Valentina Palavecino vive el día a día, siempre con una experiencia nueva. Es una mujer amante de los híbridos y los matices, de los procesos antiguos de fotografía como el cianotipo y el colodión. La joven mira el horizonte con esperanza, a la vez que sujeta la mano de lo analógico para ser un nexo entre lo que fue y lo que será.

¿Te sientes plena con quien eres ahora?

-Me siento segura y querida por mi alrededor. Eso me da la confianza para hacer lo que sea.

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