Sexismo en los medios: cuando el sentido común no es tan «común»

Escrito por el abril 15, 2018

Nos gustaría poder apelar al sentido común y al criterio, pero parece que ni siquiera en esos términos nos entendemos. Hoy el sexismo no es tolerado. Hoy sólo pedimos que se nos trate con el mismo respeto con el que han sido tratados los hombres en los medios.

Una vez escuché que el feminismo era una cosa de sentido común. Pese a haber defendido y reproducido esa afirmación por mucho tiempo, ya no estoy de acuerdo con ella. No estoy de acuerdo porque nuestros sentidos comunes están trastornados y no son iguales; nuestros ideales y concepciones de lo correcto no son tan “comunes”. Digo esto a juzgar por las opiniones de la gente y el tratamiento de la prensa de un hecho puntual que ni siquiera debió haber sido tema esta semana: el escote de Alejandra Valle.

Resulta que el jueves pasado la periodista fue criticada en redes sociales por un vestido que usó en el programa Intrusos de La Red. “No te acompaña ese escote, se te ven los pechos caídos”, “Te ves fatal con ese vestido” y “Ya eres un poquito grande para vestirte así” fueron algunos de los comentarios que recibió por su cuenta de Instagram.

La periodista respondió a los comentarios machistas (no “mala onda”, como tituló Las Últimas Noticias) por la red social, donde dijo con orgullo que siempre le han gustado sus pechugas y si están caídas es por el paso del tiempo y por haber amamantado a sus dos hijos. A esto agregó: “Tengo 43 años y me gusta la vida sana, pero también disfrutar de las cosas ricas sin estar pensando todo el tiempo si me veré mejor o peor en pantalla”.

Las Últimas Noticias publicó una nota de la situación y, para promocionarla, en su cuenta de Instagram el medio subió una historia con la encuesta “¿Qué opinas del escote de Alejandra Valle?” y las respuestas Sí o No.

No esperamos nada de ellos y aún así logran decepcionarnos.

¿Hasta cuándo los cuerpos y la forma de vestir de las mujeres van a ser objeto de opinión pública? ¿Hasta cuándo vamos a ser valoradas más por el físico que por nuestro desempeño profesional o nuestros logros? ¿Hasta cuándo se nos va a exigir más que a los hombres?

El cuerpo de Alejandra Valle es natural, y las críticas que recibió son de una sociedad que no concibe lo natural como bello, que cree que las mujeres deben ser delgadas, estar depiladas, no tener estrías ni arrugas, no ser tan morenas y que deben usar prendas y maquillaje que la hagan disimular alguna de estas “imperfecciones”. Justamente ése es el ideal de mujer que se ha promovido en los medios de comunicación y que es un eslabón más en la cadena de violencia hacia las mujeres.

Mientras más se reproduce el estereotipo, las exigencias y críticas hacia las mujeres aumentan. Ése es uno de las principales efectos de la sexualización y cosificación de las mujeres en los medios, junto con hacer creer que nuestros cuerpos son objeto de deseo y de opinión, exponiéndonos a ser acosadas sexualmente, porque se ha vuelto parte del sentido común opinar del cuerpo femenino.

Nos gustaría poder apelar al sentido común y al criterio, pero parece que ni siquiera en esos términos nos entendemos, aunque en este caso criticamos a profesionales de la comunicación, a personas que deberían ser conscientes de la influencia de sus mensajes y de su responsabilidad social.

Hoy los medios de comunicación no sólo son cómplices de la construcción de estereotipos, sino también replican y fomentan actitudes que minimizan los logros de las mujeres. El caso de Ale Valle nos recuerda cuando para el 8 de marzo de este año La Cuarta publicó en Twitter la encuesta «¿Cuál es la mujer más importante en la historia del fútbol chileno?», con Mayte Rodríguez y la mamá de Zamorano de opciones. Pero hoy el sexismo no es tolerado. Hoy pedimos que se nos trate con el mismo respeto con el que han sido tratados los hombres en los medios… Porque no recuerdo ninguna encuesta evaluando el paquete de alguna figura pública.

La historia de Instagram fue reportada y bajada de la red social, lo cual es una muestra de que condenar estas prácticas instala cierta moralidad de cómo se debe tratar a las mujeres (que es como sujetos de derechos, básicamente). La moralidad que busca instalar el movimiento feminista a punta de organización, campañas y condenas públicas debe estar en los discursos público y privado, para que el sentido común al que apelamos no esté manchado por la cultura machista, sino tenga relación con el respeto y la conciencia por las distintas desigualdades que son transversales a nuestra sociedad. Sólo ahí podremos decir que ser feministas es sólo una cosa de sentido común.

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