Patricia Cerda: “Nicanor era cauto, Violeta no tenía pelos en la lengua»

Escrito por el junio 15, 2018

La chilena, doctora de historia y residente en Berlín, reivindica la memoria cultural chilena por medio de sus aclamadas novelas históricas. Su última obra es hasta ahora, el único libro que ahonda en la entrañable hermandad de Violeta Parra y Nicanor Parra.

Nació en Concepción y vivió hasta los 25 años en Chile, pero lleva más de la mitad de su vida en Alemania. Doctora en historia de la Universidad Libre de Berlín, Patricia Cerda (56) viaja a su país natal solo para ocasiones especiales, como por ejemplo, el lanzamiento de sus libros. Sin embargo, sus más aclamadas obras no han sido textos académicos, sino que novelas.

Patricia incursionó por primera vez en la ficción el año 2013, con su libro de cuentos «Entre Mundos». Uno de los relatos tuvo especial aceptación y fue seleccionado para una antología en Alemán. Incluso recibió buenos comentarios del escritor Jorge Edwards. Decidida a escribir literatura, optó por una novela histórica que “hable de las raíces de la cultura chilena, de la cual sabemos muy poco”, recuerda.

 

Identidad Mestiza

Así, tres años después, publicó «Mestiza«, obra que retrata el período colonial desde el testimonio de una mujer retirada en Sevilla. De madre española y padre cacique, la protagonista recuerda sus años como prisionera del fuerte de Arauco, de su vida en Chile y España. Desde una visión femenina, mestiza y de pueblo, la autora presentó una alegoría de las raíces chilenas.

“Me interesa mucho la comparación entre Europa y Chile. Llevo 32 años viviendo en Alemania sin haber dejado nunca de ser chilena ni pensar como una”, explica Patricia Cerda, acerca de Rugendas, lanzada unos meses después. Esta novela se centra en el amorío entre Juan Mauricio Rugendas, el pintor romántico alemán, y Carmen Arriagada, talquina líder del romanticismo chileno.

Pero en la última obra de la escritora, publicada en abril de este año, se adentró en la relación de dos grandes íconos de la cultura chilena y latinoamericana. “Violeta & Nicanor” es el único libro que profundiza en la relación de los más destacados hermanos Parra. Patricia Cerda asegura que ellos: “son una síntesis de la cultura mestiza chilena. En su obra se muestra de manera sublime y alta, pero generosa”.

 

Violeta & Nicanor

La autora siempre le tuvo enorme cariño a la cantante popular chilena, Violeta Parra, y recuerda que en la dictadura era un ícono para los jóvenes demócratas: “Todos teníamos el look de Violeta Parra. Andábamos con  faldas largas, el pelo largo, no nos pintábamos, cantábamos sus canciones…”. En octubre del 2016, cuando se acercaban los cien años del natalicio de Violeta, tuvo la idea de escribir un libro acerca de ella.

Recorrió los sitios en donde la cantante pasó su infancia: San Carlos, Chillán, Lautaro y Concepción. Sin embargo, “cuando regresé a Berlín con todas esas impresiones y empecé a escribir, Nicanor se metía en el texto. Me di cuenta de que la novela tenía que ser sobre los dos”. La escritora adoraba su antipoesía, por lo que no era difícil darle protagonismo, y así decidió rescatar la importancia cultural de dicho amor fraternal.

Ambos tenían un carácter muy diferente: “Nicanor era cauto y controlado, Violeta no tenía pelos en la lengua y decía las cosas como son”. Además, el hermano mayor era más disciplinado y concretó sus estudios formales en la Universidad de Chile. La menor, por el contrario, nunca terminó. Era más al lote, comenta la autora.

Sin embargo, Nicanor fue el único que reconoció el genio de Violeta, asegura. “Vio en su hermana una enorme corriente que había que encauzar. Él asumió la responsabilidad”, por ello su hermana le llamaba “hermano paire”. Aunque nunca logró convencerla de terminar sus estudios en humanidades, sí la convenció de recopilar la música popular.

Patricia Cerda explica que ambos compartían más que la pasión e irreverencia, y tuvieron un profundo intercambio de opiniones, visiones y perspectivas: “Cuando Violeta regresa a Santiago, lo primero que hace es encerrarse con su hermano en la casa de Nicanor que Roberto Parra llamaba ‘la Universidad abierta de La Reina’. Todo el día le mostraba grabaciones y cuadernos, y le contaba lo que había hablado con la gente”.

Para la autora, los frutos de esas conversaciones fueron visibles cuando Nicanor publicó La cueca larga. En ese entonces, Violeta estaba en Concepción y desde allí preparó una musicalización para el poema. Cuando llegó a Santiago, interpretó su composición: “Toca una música maravillosa e incluso canta con la ironía de su hermano. La síntesis, la sinergia y el trabajo en común, son perfectas”, expresa la autora.

Por otro lado, postula que los hermanos son representantes del romanticismo en Chile, incluso afirma que fue Violeta la primera en traerlo: “Ella hizo lo mismo que los hermanos Grimm con los cuentos populares, pero con la música”. Además, Nicanor no solo recopiló los dichos populares, sino que también les añadió una dimensión metafísica, por lo que trasciende a los Grimm.

El par de hermanos, desde entonces, “elevaron lo popular chileno a una categoría universal. Lo sacaron de lo marginal, de lo reprobado y lo pusieron en un nivel sublime que nos gusta a todos los chilenos”.

Violeta y Nicanor en la carpa de La Reina (1966).

 

Violeta y el Feminismo

Dos de los tantos elementos que caracterizan a los Parra, son su enorme compromiso y su irreverencia. La escritora piensa que ambos se deben a “uno de los mayores misterios que hay en la familia Parra: ellos tienen una visión y una intuición metafísica muy pura de lo humano. Una claridad respecto de lo justo e injusto de la sociedad chilena de esa época”.

Ella teoriza que estos hermanos cuentan con una intuición no contaminada con las “estupideces” de su época y pueden reconocer las hipocresías de sus contemporáneos. “El rechazo a la hipocresía está en toda la familia Parra”. Por ello, denuncian las injusticias del “león sanguinario”. Sin embargo, mientras la irreverencia de Nicanor era aplaudida, la de Violeta, castigada.

La cantante popular era de armas tomar e iba en contra de las modas, y lo establecido por una sociedad machista. “Es intuición del ser femenino puro, que no se deja llevar por convenciones sociales”, afirma la doctora en historia. Concuerda con lo que dijo Nicanor: «El problema de Violeta, es que está rodeada de pigmeos”, y por ello, no tiene dudas de que su suicidio no fue por amor, sino por falta de reconocimiento.

La escritora cree que el género le jugó en contra a Violeta. Además de que cuando existe genialidad, la gente toma tiempo en reconocerla. La sociedad no estaba lo suficientemente avanzada, y de hecho, el culto a Violeta está recién comenzando: «‘Gracias a la vida’ es el aporte de la música chilena al repertorio universal musical. Todos los músicos dicen: ‘¿qué haríamos sin ella?'». Dentro de sus intenciones, al de escribir sobre Violeta, estaba reivindicarla.

Patricia Cerda asegura que los tópicos de la cantante son los mismos de hoy: “los mapuches, la ecología y la igualdad entre sexos”. Afirma con seguridad que Violeta forma parte de la primera generación de feministas chilenas. Por ejemplo, su mejor amiga, Adela Gallo, luchaba por el derecho al sufragio, y si bien Violeta no participaba activamente, solo se debe a que “lo suyo era la música y la poesía”.

Para la autora, el arte es algo que se queda, una base sobre la que se sigue construyendo. “ Los chilenos tenemos una relación emocional con Violeta Parra. Vamos a olvidarnos de las ideologías políticas del siglo XX, pero no nos vamos a olvidar de las canciones de la cantautora ni de la poesía de Nicanor Parra«. No tiene dudas de que la relación entre ambos, se seguirá explorando, quizás desde otras dimensiones.

Violeta Parra en 1955

En una oportunidad, Patricia Cerda había concluido una charla sobre Violeta y el romanticismo, y por cosas del destino Milena Rojas, hija de Isabel Parra, se le acercó y le pidió repetir la charla en el Museo Violeta Parra. Allí conoció a Isabel, quien no solo dio el visto bueno al libro, sino que «consideró que yo era la que mejor la había interpretado (a su madre) en Chile», comenta Patricia Cerda. La presentación de la novela se hizo finalmente en el museo.

 

La preparación de una ficción histórica

Para Patricia Cerda, a diferencia de un texto académico, la novela contiene elementos que establecen una conexión entre autor y lector. Cree que los críticos han sacralizado la literatura, viéndola solo como algo «súper elevado», y «se olvidan de que el escritor/a está escribiendo con sus intuiciones, sus emociones y su biografía». Esto último es lo más importante para conectar con el lector y ahondar en las relaciones humanas, afirma.

Por ejemplo, la escritora explica que persiguiendo el camino de Violeta y Nicanor, redescubrió su ciudad: Concepción. Expresa que traer de vuelta a esta localidad de fines de los ’50 y principios de los ’60, cuando tenía un tremendo peso cultural, «con mi alma penquista, fue interesante y bonito».

Así también en sus páginas, si bien reconoce su gran admiración y cariño a los hermanos Parra, deja en claro que no siente gran predilección por Pablo Neruda ni Gonzalo Rojas. En el libro «están mis preferencias y gustos», comenta.

Ya que sus novelas narran, desde la ficción, las acciones de personajes históricos, pueden existir confusiones. Es por eso que, para dejar bien en claro que el libro es su propia interpretación, y a la vez mantener un bajo perfil, la investigadora creó un autor-personaje. Este «otro autor» es quien viaja a Chile y reconstruye la historia de los hermanos, en el marco de la narrativa del libro.

Por otro lado, la doctora en Historia afirma que la intuición es fundamental para escribir. Tanto para escoger el tema de la novela, como para tener la empatía y la «capacidad de entender a los personajes y sus motivaciones». Sin embargo, retoma que esto no es posible sin un bajo perfil del autor. «No se escriben buenas novelas cuando el escritor es demasiado vanidoso y se pone en primer plano», asegura.

Actualmente, Patricia Cerda prepara la publicación de una nueva novela que ya está casi terminada. El argumento esta vez se desarrolla en el Berlín actual y trata sobre una fascinación amorosa. Si bien, tiene elementos históricos es casi ficción pura. «Llevo más de la mitad de mi vida en Alemania y hasta ahora no he escrito ninguna novela ambientada aquí. Por supuesto que una chilena va a ser la protagonista, es una forma de tematizar esa otra parte de mi personalidad, toda esta experiencia en Alemania».

Además, nunca deja de escribir y tiene novelas inéditas que en algún momento saldrán a la luz, pues «hay un compromiso de la escritora con sus lectores».

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