Ñuble: Ley de Cuotas no logra garantizar la representación femenina

En Ñuble, la aplicación de la Ley de Cuotas, que busca garantizar al menos un 40% de mujeres en las candidaturas parlamentarias, parece aún insuficiente. Pese a estar vigente hasta el 2029, en las elecciones recientes las postulaciones femeninas alcanzaron apenas un 39,2%. El número, que no llega al mínimo esperado, vuelve a encender el debate sobre la real efectividad de esta política pública. La pregunta que queda en el aire es si basta con la norma o si se requieren cambios más profundos en el sistema político.

La reforma electoral de 2015, que reemplazó el sistema binominal, incorporó esta cuota como medida de acción positiva. Según la ley, ni hombres ni mujeres pueden superar el 60% de las candidaturas, lo que asegura que al menos el 40% corresponda al sexo subrepresentado. Sin embargo, la norma tiene carácter nacional y no por distrito, lo que permite a los partidos cumplir en lo formal, pero sin garantizar resultados equitativos en cada territorio. En la práctica, esta diferencia se ha transformado en un vacío que afecta la representación femenina.

La política, una tierra de hombres

La politóloga Jeanne Wirtner, académica de la Universidad de Concepción y egresada de la Universidad de Denver, advierte que muchas veces las candidaturas femeninas son usadas como “relleno” en las listas. Es decir, se incluyen para cumplir con el requisito legal, pero no se les otorgan posiciones competitivas que les permitan ganar un escaño.

De esta forma, la política continúa siendo, como dice Wirtner, una “tierra de hombres”. La falta de apoyo real a las postulantes perpetúa las brechas y limita las oportunidades de las mujeres: «Las candidatas de relleno de cierta manera dentro de las listas, es para cumplir con el 40% y muchas veces puede ser asociado con mujeres que no necesariamente tienen la posibilidad de salir pero si tiene una cierta posibilidad de ir generando apoyo para el primer candidato de la lista, esa puede ser una estrategia que utilizan para lograr justamente la elección de sus candidatos. En general, también yo diría, porque todavía no tenemos partidos de mujeres, las mujeres también participan en esa lista aceptando que seguramente no van a salir electas, pero para aportar que la lista tenga una buena votación», aseguró.

La desigualdad también se expresa en la distribución ideológica. Soledad Martínez, académica del Centro de Estudios Ñuble de la Universidad del Bío-Bío, explicó para el Diario La Discusión que en la centro-derecha apenas un 29% de las candidaturas corresponden a mujeres. En cambio, en la centro-izquierda esa cifra se eleva a un 55%. Estos números muestran que la apertura hacia la participación femenina no es homogénea y depende de los sectores políticos. La diferencia marca una brecha que sigue influyendo en la competencia electoral.

Ley de cuotas

Mujeres y política, un cambio cultural

Desde el gobierno, la Seremi de la Mujer y Equidad de Género en Ñuble, Constanza Sánchez, reconoce también que la ley ha sido fundamental para abrir espacios, pero es insuficiente si no se produce un cambio cultural. “No basta con asegurar la igualdad en las inscripciones; necesitamos avanzar hacia la igualdad en los resultados”, señala. Según la autoridad, el desafío no es solo que más mujeres se postulen, sino que efectivamente logren ser electas. La brecha entre participación y representación sigue siendo crítica.

Los obstáculos que enfrentan las mujeres en política son diversos. Compatibilizar la vida familiar con las exigencias del Congreso,  lo que implica sesiones extensas y trabajo en terreno, que muchas veces llega a ser una carga que recae con más fuerza sobre ellas. Además, persisten barreras culturales: socialmente se acepta más que un hombre asuma un rol político, mientras que las mujeres deben sortear prejuicios adicionales. Estas dificultades explican en parte la resistencia de muchas a iniciar una carrera parlamentaria.

Según la académica Jeanne Wirtner, deben existir cambios sociales que deben haber primero para mejorar esta problemática: «Hay muchos cambios culturales y estructurales que se requieren para que las mujeres puedan acceder a escaños y también para que se presenten más mujeres a cargos y eso implica que uno tiene que ir ejerciendo mayor participación en toda unidad, desde la educación básica hasta la universidad, dentro de sindicatos, dentro de empresas, más mujeres que van ejerciendo roles de poder. Y otro elemento, que deberíamos ir avanzando es la violencia política ejercida hacia las mujeres en Chile, en muchas partes, hay un nivel de crítica hacia las mujeres y de violencia no tanto física, pero verbal y psicológica que va debilitando a la mujer, desincentivando su participación en la política» afirmó.

Una ley insuficiente

Aunque la Ley de Cuotas incluyó incentivos económicos, como el financiamiento adicional para partidos que logren candidatas electas, los resultados no han sido los esperados. En 2017, la primera elección bajo esta norma, las mujeres aumentaron su presencia en la Cámara de Diputados del 15,8% al 22,6%. En el Senado, pasaron de un 18,4% a un 23,3%. Si bien los números representaron un avance, siguieron lejos de la paridad. La cuota, en definitiva, abrió la puerta, pero no aseguró igualdad en la llegada.

En ese mismo proceso, los estudios evidenciaron que los partidos no buscaron mujeres competitivas ni ofrecieron apoyo suficiente a sus campañas. La brecha de financiamiento se mantuvo: los hombres recibieron en promedio un 32% más de recursos que las mujeres. Esto reflejó que el problema no es sólo normativo, sino también de voluntad política y de estructuras de poder. Sin un compromiso real de los partidos, las cuotas se convierten en un límite simbólico más que en una herramienta transformadora.

Tenemos como ejemplo a la Convención Constitucional de 2021, que nos reflejó que sí es posible aplicar medidas de paridad efectivas. Allí se aseguraron mecanismos de entrada y salida que garantizaron una representación equilibrada de hombres y mujeres. El resultado fue el órgano más paritario de la historia de Chile, y uno de los más paritarios a nivel global.

Sin embargo, los comicios locales de 2024 volvieron a mostrar un panorama desigual. Aunque las mujeres lideraron postulaciones a concejalías y consejerías regionales, los cargos de mayor visibilidad, como alcaldías y gobernaciones, siguieron dominados por hombres. Esta diferencia refleja que, mientras más poder concentra el cargo, más difícil es para las mujeres acceder.

La pregunta de fondo es si Chile está dispuesto a avanzar hacia un modelo de paridad más robusto. La Ley de Cuotas ha permitido ciertos avances, pero también ha mostrado sus límites. Para expertas y autoridades, el desafío es pasar de la igualdad formal en las candidaturas a la igualdad efectiva en las urnas. En Ñuble, donde las mujeres representan la mitad del padrón, la subrepresentación sigue siendo un espejo de las barreras estructurales. El camino hacia una democracia paritaria aún está en construcción.

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