Las nuevas derechas en el Conosur

Escrito por el 25 Mayo 2018

Por Juan Ortega

América Latina y la región Conosur especialmente se configura hoy como el territorio de experimentación de nuevas maniobras socio políticas de la mano de nuevos gobiernos neo conservadores luego del ciclo llamado de los “gobiernos progresistas de la región”.

Los procesos de profundización de un neo liberalismo salvaje se han vestido de nuevos colores en con la llegada de gobiernos de derecha que acceden al poder por diversas vías utilizando las grietas de la democracia. Estas formas, que superan con creces la definición de clase política empresarial, son las que hoy dibujan la urgencia de un análisis sobre estas nuevas fuerzas políticas y sus objetivos a corto y mediano plazo. 

En el 2015, Mauricio Macri en Argentina vía sufragio electoral, a través de un golpe parlamentario-judicial en Brasil en el 2016 con Michel Temer a la cabeza, en Chile nuevamente Sebastián Piñera asume la presidencia en este 2018 y hace pocas semanas el candidato Mario Abdo Benítez del partido colorado paraguayo, ultra derecha  y ligado a la dictadura de Stroessner, aseguraba un período presidencial por 5 años en la nación guaraní.

Sólo Uruguay hoy mantiene una cabeza de playa progresista en la región, con el Frente Amplio en el poder hasta el 2020, en este segundo mandato de Tabaré Vásquez, que no tiene una oposición fuerte que pueda disputar, aun cuando como coalición han debido enfrentar fuertes temporales y fragmentaciones. No obstante cual pieza de engranaje en una maquinaria latinoamericana, el país charrúa resiste los vaivenes de los gigantes vecinos y sus vicisitudes políticas y económicas.

¿Quienes están presentes en estas nuevas huestes de la ultraderecha sudamericana? Sin duda los sectores políticos herederos de las viejas oligarquías golpistas, partidos aliados de cuanto proceso privatizador ha existido en nuestras naciones, que a punta de seguir el libro de reglas de la democracia han podido ganar un espacio en las disputas electorales, convirtiéndose en fabricas de sentido fundamentales en la producción de nuevas expectativas de consumo económica para los sectores emergentes.

Estos sectores, en algunos casos se han despojado de los rasgos que los relacionan con los horrores de las violaciones a los DDHH, redefiniendo sus identidades en “derechas liberales” o “derechas progresistas”, y han encontrado nuevas conceptualizaciones y alianzas en sectores conservadores ligados a fundamentalismos religiosos católicos conocidos por su masiva presencia en los sectores altos y pudientes de las sociedades sudamericanas y nuevos credos neopentecostales, motivados por la labor moralizadora que deben hacer de las sociedades.

Ejemplo de ello son las cercanías del precandidato ultra conservador a la presidencia de Brasil, Jair Bolsonaro, con la “Iglesia Universal” y las relaciones de José Antonio Kast, referente de la ultraderecha en Chile y ex candidato presidencial, con los sectores evangélicos que hoy integran las filas de su movimiento.

Con un discurso basado en la garantía del consumo para los sectores medios emergentes y el crecimiento económico para los grandes grupos transnacionales, las nuevas derechas han asumido agendas conservadoras en materias de migración, derechos laborales, derechos sexuales y reproductivos y suspensión de subsidios para los sectores más vulnerados como ha ocurrido en Argentina, que hoy se encuentra en complejas complicaciones económicas con nuevas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional FMI, que acercan los temores más profundos sobre el manejo económico de Macri.

Los medios de comunicación y sus conglomerados monopólicos han sido aliados fundamentales de las nuevas derechas para la instalación de nuevos relatos y la instalación de miedos en gran parte de la población. El grupo Clarín en Argentina, la red Globo en Brasil y la connivencia morbosa de la clase política con la propiedad de los medios en Chile y Paraguay dan cuenta de un puente ideológico y sociocultural que da cuenta de un diseño maquiavélico de nuevo orden simbólico. A modo de ejemplo, el miedo a ser Chilezuela, fue usado por la derecha en la pasada elección presidencial chilena, así como la exacerbación del odio ante ciertos fenómenos como la corrupción y las oleadas migrantes han sido reflejo de agendas comunes en varios países.

Las nuevas banderas que se ondean desde los poderes ejecutivos hoy son entre otras  a) el ajuste fiscal como polìtica de mejoramiento del estado y de realismo monetario, b) las reformas laborales como parte de la creación de contextos favorables a la inversión extranjera, c) las reformas previsionales que afectan directamente a los sectores de mayor edad y pavimentan el empobrecimiento paulatino de los sectores medios con argumentos neoliberales, d) la contracción de derechos sociales que han sido obtenidos mediante luchas de movimientos sociales y e) el constante aumento de la represión policial contra la movilización ciudadana son parte de un menú diseñado y orquestado en conjunciòn con modelos extractivistas que están hoy mostrando sus crisis de la forma más despiadada: acceso al agua, y daño ambiental.

Con los movimientos sociales en las calles, con ciudades militarizadas como Río de Janeiro y con atisbos de narcogobiernos en algunas fronteras, la situación no es fácil para la construcción de resistencias desde la sociedad civil organizada. Las demandas sociales hoy se enfrentan a escenarios complejos, las nuevas y viejas izquierdas buscan canales de comunicación y reflexión, que en algunos casos no logran el diálogo profundo.

La construcción hegemónica de un nuevo relato desde estas nuevas derechas, que permea fácilmente a nuestras  sociedades cuya cotidianeidad está marcada por el consumo, el uso de la tarjeta de crédito y la garantía de acceso libre a bienes y servicios como garantía de la democracia, hoy parece ser el camino para instalarse en los imaginarios del conosur como alternativas de gobernabilidad.

La delimitación de agendas de proyección de relatos de resistencia y defensa de derechos, la consolidación de apuestas políticas claras que renueven la oferta de alternativas electorales y  el desarrollo de procesos de profunda autocrítica de los populismos recientes, son algunos de los desafíos que se deben plantear aquellos progresismos que se levanten en los próximos años. Construcciones claves para definir los escenarios en disputa, con nuevas derechas flexibles y que muestran capacidades de adaptación a los nuevos tiempos.

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