Las medidas para controlar al castor canadiense en la Patagonia chilena

Escrito por el noviembre 23, 2022

El castor canadiense llegó al hemisferio sur para ser usado en la industria peletera el año 1946. Esa idea de negocio terminaría desatando una plaga que hasta hoy no puede ser controlada ni dimensionada totalmente.

Por Francisco Verdejo y Bianca Vivaldi

castor canadiense

Parte de la conducta del castor canadiense es modificar su entorno, al talar los árboles y crear represas o “castoreras”.

En 1946 se introdujeron veinte castores canadienses en la Patagonia argentina. El motivo era crear una industria peletera, pero el negoció no prosperó. Tras el fallido intento de lucrar con sus pieles, estos roedores siguieron reproduciéndose, sin control, con factores biológicos a su favor como la ausencia de depredadores y un clima ideal.

Aquello produjo su expansión más allá del sur de Argentina, llegando a la zona austral de Chile en la Región de Magallanes. La expansión fue tal que según datos del proyecto GEF Castor, que es un proyecto que busca erradicar al animal, se estima que para 2018 había entre 70mil y 110mil ejemplares en el lugar. Estas elevadas cifras dan cuenta que presencia en la zona constituye una amenaza para la biodiversidad.

Parte de la conducta del castor canadiense es modificar su entorno, al talar los árboles y crear represas o “castoreras”. Estas, las utiliza como hogar y las instala en medio de los ríos. Eso implica la inundación del bosque nativo, ya que el agua es retenida en medio de las edificaciones. Esta acción del castor conlleva la pérdida de extensas áreas de flora nativa que, por su naturaleza, no son aptas para resistir estas condiciones. Además cambia el cauce de los ríos, provocando que distintas especies e incluso seres humanos no puedan abastecerse de agua. También, al inundar el área, despoja a los animales originarios del lugar de su hábitat.

Estas consecuencias producen una reacción en cadena, y no afecta solo a la biodiversidad, también supone una pérdida económica, ya que se deja de producir madera y ganado, además de afectar al turismo. Según un estudio de GEF Castor y la Universidad de Chile, este animal le ha provocado al Estado chileno una pérdida aproximada de 73 millones de dólares.

En su hábitat original los castores contribuyen a la creación de humedales, entre otros beneficios relacionados con las corrientes de agua. Sin embargo, el castor en Chile es una especie exótica invasora, lo que significa que al ser transportado desde su origen hacia otro lugar termina causando un impacto negativo. Las especies exóticas invasoras son una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad y según el Ministerio del Medio Ambiente, actualmente en Chile existen al menos 128 especies exóticas invasoras (EEI) repartidas a lo largo del territorio.

Más demora, más difícil de controlar

Los impactos del castor no son inmediatos, tienen que pasar años e incluso décadas para poder dimensionar el daño que le provocan al ecosistema. Los investigadores Giorgia Graells, Derek Corcoran y Juan Carlos Aravena en el estudio “Invasion of North American Beaver”, afirman que el primer registro del roedor en Chile fue en 1968. Aun así, los primeros esfuerzos para controlar al castor por parte del Estado chileno llegaron en 1999, treinta años después. En ese año, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) hizo campañas de control y educación al respecto. También, aumentó la investigación sobre esta plaga y su amenaza.

El año 2008 los gobiernos de Chile y Argentina firmaron el “Acuerdo sobre la Restauración de los Ecosistemas Australes Afectados por el Castor Americano”. Entre las medidas prometidas estaban la realización de estudios, un plan de contingencia inmediata, financiamiento, entre otros. Si bien parte de estos puntos se realizaron, la presencia y el daño del castor no necesariamente fue amortiguada. Por ejemplo, el año 2013 se registra al primer ejemplar en la provincia de Nueva Esperanza, dando cuenta de la expansión de su territorio. Ese mismo año, la ciudad de Porvenir quedó sin suministro de agua por un día debido a las consecuencias del castor, además de las condiciones climáticas del lugar.

El Jefe Departamento de Conservación de la Biodiversidad de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Ricardo Quilaqueo, afirma que desde su institución han tenido un programa permanente para abordar la problemática. Pero el principal problema que enfrentan es la falta de recursos, que limitan su capacidad de acción. “(El presupuesto) se ha mantenido de forma constante y es algo que no aporta mucho a la solución del problema, pero sí permite contribuir en algo (…) Se requiere una visión que no sea a escala de áreas silvestres, sino a escala regional”, aseguró.

En ese sentido, el académico de la Universidad de Concepción (UdeC) y fundador del Laboratorio de Invasiones Biológicas (LIB), Aníbal Pauchard, explicó que la rapidez de acción es clave para este problema. “A esto lo llamamos la curva de invasión: mientras más te demoras en el control, más recursos tienes que gastar. Es como un incendio, si lo controlas cuando la casa se está empezando a quemar puedes salvarla sin tener un costo más alto. Si te demoras,  es más difícil controlar el problema”, afirmó.

Actuar como Estado

En 2017, se aprobó el proyecto «Fortalecimiento y Desarrollo de Instrumentos para el Manejo, Prevención y Control del Castor”, más conocido como GEF Castor. Este es manejado por el Ministerio de Medio Ambiente (MMA), la Global Enviroment Facility (GEF) y la  Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Además, participan el SAG, la Conaf y la organización Wildlife Conservation Society (WCS).

Este busca mejorar marcos institucionales para el control de especies invasoras, conservar la biodiversidad de la Patagonia, además de una cooperación binacional de gestión, monitoreo y recuperación del ecosistema patagónico.

Actualmente, está en una fase piloto en tres zonas de la Región de Magallanes. Este trabajo consiste en evaluar los costos y requerimientos que se necesitan en el lugar, para luego implementar un plan definitivo. Hasta ahora han realizado estudios, instalado trampas y hecho campañas de difusión.

El período de prueba se extendió por complicaciones de la pandemia, pero esperan que se termine en los próximos seis meses. Posterior a aquello, se estima que en un plazo de 15 años se pueda tener un mejor control del castor. Pero este proyecto no solucionaría el problema por completo.

El coordinador del proyecto GEF Castor, Felipe Guerra, explicó que el objetivo «es dejar instaladas las capacidades, la estructura de gobernanza y las técnicas necesarias para hacerse cargo. Armamos el rompecabezas y ahora es turno del Estado de Chile, por medio de sus instituciones, de hacerse responsables. El proyecto GEF no soluciona el problema, ayuda a que los países a lo hagan”.

En cuanto a medidas estructurales y que podrían actuar a nivel nacional, está el proyecto de Ley que crea un Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). Dentro de sus objetivos está “la creación de una serie de instrumentos que permitirán hacer frente a las principales amenazas que hoy enfrenta nuestra flora y fauna, como la gestión de especies exóticas invasoras”.

Para Aníbal Pauchard, la creación de este servicio puede “subir la prioridad de las especies invasoras. Eso nos ayudaría bastante a poder controlarlas, si uno tiene un organismo y las normativas nos permiten mejorar en ese sentido. Los políticos tienen que escuchar las vivencias y actuar acorde”, explicó.

La iniciativa está en sus últimos trámites legislativos. Esta busca crear un único servicio que vele por la conservación de la biodiversidad y la gestión de las áreas protegidas. Aunque mientras no sea aprobado, la gestión de las especies invasoras se mantendrá igual que en las últimas décadas.

Las trampas éticas

El año 2015 se modificó el reglamento de la Ley de Caza (Ley  N° 19.473). Este indica que especies como el castor canadiense, el visón y otras EEI consideradas perjudiciales para la flora y fauna, “podrán ser cazadas o capturadas en cualquier época del año, en todo el territorio nacional y sin limitación de número de piezas o ejemplares”.  Si bien este fue un avance objetivo para tratar de frenar al castor, contempla una nueva arista ética. La posible incertidumbre sobre cómo se ejecutaría un control del castor que realmente sea efectivo y donde los civiles puedan identificarlo.

Ricardo Quilaqueo, jefe del Departamento de Conservación de la Diversidad Biológica de la CONAF, se refiere a cómo se involucrarían los civiles en la caza del castor: “La forma en que la hemos abordado es justamente informando a la ciudadanía los daños que provoca este animal, no solamente para la vegetación, sino también para otras especies que son mucho más importantes en términos de recursos o de riqueza biodiversa de Chile”.

El año 2017, se aprobó el proyecto de “Manejo, prevención y control del Castor canadensis en la Patagonia chilena”. Este proyecto es ejecutado por el Ministerio del Medio Ambiente e implementado por el Global Environment Facility (GEF) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Ahí nace GEF Castor, en donde comienzan a discutirse y generar nuevas estrategias para abordar el problema de la plaga.

Una estrategia a la que llegaron y que ha tenido buena recepción es la de las trampas éticas. A diferencia de la caza con armas de fuego que puede provocar mucho dolor en el animal, las “trampas éticas” abordan esa dimensión tratando de inducir una muerte casi instantánea y con el menor dolor posible.

El coordinador nacional del proyecto y biólogo ambiental de la Universidad de Chile, Felipe Guevara, comenta que “con estas trampas es muy poco el sufrimiento, lo que es un factor muy grande”. Esto se alza como una opción viable al tener que descartar muchas que rozaban lo fantasioso, como la sugerencia de reubicar a los castores en Canadá. Además, también comenta que por donde ubican las trampas, es muy poco probable que otra especie se viera afectada, a diferencia de la caza de civiles que podrían confundir al castor con otro animal.

Por otro lado, Guevara comenta que a ciertas organizaciones ligadas al turismo se les ha realizado capacitaciones sobre el castor. Así mismo, la población civil que se vaya informando caerá en la cuenta que las opciones de control son reducidas.

Al menos, si no se puede evitar la caza, estará la certeza de que se contempló una arista ética. La que tratará de causar el menor daño posible a los ejemplares de esta especie que, sin depredadores en Sudamérica, llegaron por culpa del ser humano a destruir un hábitat al otro lado del mundo.

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