La violencia sexual que enfrentan las mujeres Rohingya en Myanmar

Escrito por el 12 Junio 2018

Desde aproximadamente nueve meses que en Myanmar -o Birmania, como también se le conoce- el pueblo musulmán de los rohingya es victima de una cruenta persecución étnica. Un aproximado de 10.000 muertos y casi un millón de desplazados es solo parte de las consecuencias que este masacre ha provocado en el pueblo que es considerado como la minoría más  perseguida y olvidada del mundo.

Junto con todo el sufrimiento que involucra el perder seres queridos y escapar bajo riesgo de muerte de sus hogares, las mujeres rohingya se han enfrentado con otra dimensión de lo que este conflicto ha traído consigo. La violencia sexual por la que muchas han pasado, es uno de los puntos más preocupantes. Las Naciones Unidas señala tener conocimiento de al menos 6.000 casos de violencia de género, de los cuales un porcentaje importante correspondería a menores de edad, en lo que se acusa de ser una campaña sistemática de abusos y violaciones por parte del Ejército de Myanmar en contra de las mujeres.

En amarillo la zona por donde han debido escapar los Rohingya camino a Bangladesh

Hasta abril recién pasado, el organismo de ayuda humanitaria, Médicos Sin Fronteras, señala haber ayudado al menos 377 mujeres victimas de violación, de las cuales la mitad eran menores de edad, y se sospecha que eso es solo una parte de la totalidad de casos. Según Matthew Smith, uno de los fundadores de Fortify Rights, grupo que se encarga de monitorear las vulneraciones a los Derechos Humanos, señala que las violaciones a mujeres y niñas rohingyas por parte de agentes del Estado de Myanmar no es algo nuevo, sino que ha sido una constante a lo largo de los años y que inclusive “Los soldados utilizaron la violación como una herramienta en un ataque más grande destinado a destruir al menos parte de la población Rohingya. En términos legales, estamos frente a un genocidio”.

Desde marzo del 2018, aparte de las violaciones por parte de soldados birmanos, las mujeres rohingya también se han enfrentado a la violencia de género en manos de sus propias parejas, según consigna Médicos Sin Fronteras.

El apoyo que se le pueda brindar a las sobrevivientes de abusos y violaciones se ha visto mermada por la masiva llegada de refugiados a los campos de ayuda humanitaria, quienes ya de por si no cuentan con los recursos necesarios para dar abasto y se ven enfrentados a problemas como brotes de enfermedades y violencia dentro de los mismos campamentos.

La respuesta de las Naciones Unidas

Mientras que se han estado desarrollando conversaciones entre altos cargos de la Naciones Unidas y el gobierno de Myanmar, con el objetivo de lograr a un acuerdo que ponga fin al asesinato sistemático de los rohingya, de forma paralela, ONU Mujer ha creado centros de apoyo para las mujeres que han escapado al genocidio.

En estos centros se da ayuda psicológica a las mujeres traumatizadas, a la vez que se entregan kits de productos de higiene y otras necesidades.

En cuanto a las negociaciones de paz entre la ONU y el gobierno birmano, se ha anunciado el acuerdo de una serie de de puntos destinados a poner fin a la ola de violencia. Sin embargo, aún quedan dudas respecto a las garantías que pueda entregar Birmania en cuanto a la seguridad que vayan a tener los rohingya que decidan regresar al país -al ser las mismas fuerzas armadas birmanas quienes han llevado adelante el genocidio-. De igual manera, aún no hay certeza respecto a si se les otorgará o no ciudadanía, un elemento que al no poder acceder, ha perjudicado en gran manera a los rohingya.

Sin embargo, ya desde el año 2016 que Amnistía Internacional ha estado denunciando los abusos y violaciones contra las rohingya. Así lo consigna el informe de esta organización “Estamos en el punto de quiebre”donde ya se habla de crímenes contra la humanidad. Cabe preguntarse que sucedió para que aún teniendo los antecedentes, la Comunidad Internacional haya fallado a la hora de proteger a los rohingya.

El conflicto

Los rohingya son un pueblo que vive entre la frontera de Myanmar y Bangladesh, y los cuales en su mayoría son apátridas, es decir, no tienen nacionalidad alguna por lo cual ningún país los protege o responde por ellos. De Bangladesh escaparon durante la segunda mitad del siglo XX, producto de las luchas de independencia y posteriores guerras de la zona. Al menos eso es lo que señala el gobierno de Birmania, mientras que los rohingya manifiestan que ellos siempre  han vivido entre ambas naciones. Este punto es particularmente importante, ya que uno de los argumentos dados por Myanmar para no reconocer a esta etnia musulmán como parte de su país, es que son considerados inmigrantes y no moradores permanentes del territorio.

Las mujeres han sido victimas de violaciones y abusos sexuales cometidos por las fuerzas armadas birmanas.

El estallido ocurrió luego de que durante el 2017 militares de Myanmar lanzaran una campaña de “limpieza étnica” y que ha generado el éxodo de la mayoría rohingya. El monje budista Ashin Wirathu, a quien The Economist considera un chovinista que práctica el budismo como una forma de nacionalismo, ha sido señalado como uno de los instigadores a la persecución de este pueblo musulmán.

Wirathu, quien también ha sido llamado “la cara del terror budista” por The Times Magazine, es el líder del grupo islamófobo Movimiento 969, quienes han sido partidarios de algunas leyes de corte directamente discriminatorio como restricciones para matrimonios entre personas de religiones distintas, así como también han impulsado propuestas como el límite de hijos que puede tener cada mujer dependiendo de la región del país, siendo especialmente severos con las zonas de musulmanes.

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