Karla Palma: “El capital y las industrias siguen creciendo y afectando al medioambiente”

Escrito por el 27 Diciembre 2018

Por Evelyn Ávila y Michelle Garnica

De acuerdo a Global Witness, organización dedicada a la protección de los Derechos Humanos y Medio Ambiente, el 2017 fue el año más oscuro para ser activista. De acuerdo a una publicación de julio de este año, 207 personas defensoras de la tierra y el medio ambiente fueron asesinadas. América Latina encabeza la estadística.

Los casos de Berta Cáceres, líder indígena opositora a la construcción de una represa en Honduras, Isidro Baldenegro, defensor de los bosques de la Sierra Tarahumara, México y Macarena Valdés, quien luchaba contra el proyecto Ralco en Alto Bío Bío, en Chile, son algunos de los ejemplos de activistas asesinados por intentar proteger la tierra y el medio ambiente en los últimos años.

El pasado 27 de septiembre, Chile no firmó el Tratado de Escazú, que busca garantizar el acceso a la información participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe.

Es importante mencionar que Chile fue uno de los países negociadores del acuerdo. Esto podría volver aún más vulnerable la situación de los activistas en el territorio.

En una entrevista con Radio JGM, Karla Palma, Doctora en Comunicación y Medios de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, quien realiza estudios en Derechos Humanos, empresas y conflictos locales, analiza la relación entre empresas explotadoras de recursos primarios y el aumento de los asesinatos a activistas de los últimos años.

¿Qué opina sobre las muertes y/o asesinatos de activistas medioambientales en Latinoamérica? ¿Por qué principalmente en hacia grupos como mujeres, indígenas y jóvenes?

El tema no es nuevo de que las personas que presentan alguna resistencia frente a un modelo económico, que es el capitalismo, especialmente en temas que son medioambientales, vean su seguridad en desmedro y que vean directamente sus vidas afectadas. Lo que está pasando ahora es que va en aumento porque el capital y las industrias siguen creciendo y siguen afectando al medio ambiente. Hay mucha gente que está trabajando en temas medioambientales que nunca pensó que iban a ser activistas de esos temas.

Imagínense que ustedes están en su casa y siempre han vivido ahí, toda su familia ha vivido en ese territorio y de repente se instala una minera al lado de tu casa o se instala un lugar donde se crían cerdos, que genera un montón de contaminación. La gente que se dedicaba a otra cosa en su vida ahora se tiene que dedicar a lo que hacía y en su horario libre, que no tiene, se dedica a la resistencia porque básicamente tiene que defender su forma de vivir.

Entonces lo ven como una amenaza, es por eso que las estrategias de las empresas tienen que ver con desarrollar una línea de desarrollo sustentable, por ejemplo, pero dentro de las prácticas de las empresas, hay mucho que tiene que ver con desarmar la articulación social, desarmar las organizaciones sociales, fragmentar a las comunidades para que no haya resistencia frente a los proyectos productivos que se instalan en estas comunidades. Es parte de un sistema mayor y como consecuencia tenemos las muertes de activistas.

¿Cómo se relacionan potencias como Estados Unidos en la muerte de activistas?

Lo que pasa en Estados Unidos claramente tiene repercusiones en Chile. Hay una lucha de las comunidades indígenas de la Reserva Standing Rock, Dakota del Norte, que están tratando de parar un tubo que va a llevar gas o petróleo, y hubo un gran despliegue de la Armada de Estados Unidos en contra de estas comunidades. Lo que estaban haciendo era decir “no, no puede pasar este tubo porque tiene todos estos riesgos y va a afectar no solo a este territorio, sino a un montón de fuentes de agua”. Entonces las formas de represión que hay allá uno las puede ver acá. No es que estos conflictos estén desvinculados. Lo que está pasando en otros lados nosotros lo estamos viviendo igual.

Los conflictos en temas medioambientales uno los puede mirar desde lo macro. Uno empieza a mirar todas esas cosas y empieza a hacer las relaciones. Chile está funcionando dentro de una economía global donde nosotros nos instalamos como la periferia y la periferia se encarga de entregarle los recursos a las metrópolis, a los que están en el centro, y eso con el desmedro del medio ambiente, de las comunidades, la salud de las personas.

¿Cómo podría afectar la llegada de Bolsonaro al activismo de la región?

Una de las cosas que dijo Bolsonaro cuando asumió y que salió en las noticias, tenía que ver con la profundización de la destrucción del Amazonas y abrir el espacio a la explotación. Veo su figura como una figura política que viene a profundizar un sistema. Creo que tampoco tenemos que pensar que viene alguien y le decimos “llegó un fascista y ahora nuestra vida se va a ver arruinada”.

Si uno empieza a ver, desde años atrás diferentes gobiernos han permitido que estas cosas lleguen hasta donde están. Entonces no es solo que llegue alguien a gobernar a decir “ahora que llego el fascista vamos a entrar a tener problemas”, hay que mirar cómo se han venido construyendo las leyes, cómo se han venido privatizando el territorio, cómo se han venido abriendo las puertas para que haya menos regulaciones en temas medioambientales.

Uno se puede dar cuenta que todo esto se ha venido construyendo con el tiempo. No es que tengamos un problema de ahora de los últimos dos o tres años. Hay que entender que el problema tampoco es el que está gobernando sino que el sistema en el que se instala, qué es lo que representa y por qué llegó ahí.

¿Cree que aumente la violencia contra los y las activistas medioambientales por la escasez de recursos?

Yo creo que sí , yo creo que la violencia va a continuar y se va a profundizar, porque así como el capital quiere profundizar sus ganancias, va a ir en desmedro de los territorios, de la salud de las personas, del acceso al agua, porque ha esto también hay que darle otra perspectiva que tiene que ver con el cambio climático.

La única solución frente a esto, tal vez no completa, es que trabajemos en hacer conciencia de que la gente que defiende al territorio, defiende al medio ambiente, son solo las personas que viven en esos espacios que están siendo directamente afectados. Tenemos que involucrarnos todos, los que estamos en la ciudad, los que estamos viviendo en lugares que no tienen un vertedero al lado o que no tienen una empresa minera al lado. Tenemos que ser conscientes que nosotros vivimos en un sistema, entonces no nos sirve con que nuestro metro cuadrado esté libre de ese problema, lo que tenemos que pensar es como sistema, cómo está funcionando esto.

Yo creo que un gran problema es que nosotros no miramos la película en su gran expresión, sino que pensamos lo que nos implica a nosotros. Como nosotros vivimos en la ciudad, abrimos la llave y sale agua, pero un día vamos a abrir la llave y no va a salir agua, y yo creo que ahí va a ser bastante tarde.

La gente que ve su vida mermada por asesinatos en temas que tienen que ver con defensa del territorio, del medio ambiente, de la cultura, ha ido creciendo, porque las violaciones a los derechos humanos de las personas, los derechos humanos de las comunidades se siguen ejerciendo.

(Karla Palma es Doctora en Comunicación y Medios del Institute of Communications Research, College of Media, University of Illinois Urbana-Champaign. Es Periodista y Licenciada en Comunicación Social en Comunicación Social de la Universidad de la Frontera. Además, es profesora del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile).

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