Josué Maureira: en la lucha por mí y por todos mis compañeros

Escrito por el 30 Octubre 2019

La noche del 21 de octubre, durante el toque de queda, el estudiante de medicina de la Universidad Católica, Josué Maureira, fue detenido por Carabineros de forma ilegal en Estado de Emergencia. Su crudo relato de tortura y abuso sexual se suma a las 17 denuncias de la misma característica presentadas al INDH, pero el agravante de discriminación por orientación sexual muestra la realidad de un país donde la homofobia está lejos de ser erradicada.

Reporteo: Agustín Alvarado y Constanza Aguilar

Fotografía: Constanza Aguilar

 

“Que no nos vengan a decir que en Chile no hay homofobia, que las cosas ya no son como antes y que ahora hay mucha más libertad. Que no nos digan eso como si tuviéramos que estar agradecidos de no haber nacido hace 40 o 50 años atrás, como si tuviéramos que conformaros con su homofobia misericordiosa y merecida a causa de incomodar al resto.  Que no nos vengan a decir que en Chile las cosas han cambiado, como si no hubiésemos retrocedido a aquello que esperamos nunca volver a vivir”.

Cacerolazo, barricada, consigna justa.

Lacrimógena, guanaco, represión.

Muerte, tortura, violencia.

Silencio, indiferencia, impunidad.

“En la comisaría de San Miguel se tortura”, señala el cartel de Metro modificado con graffitis. Afuera de la Fiscalía de la misma comuna, ubicada en Gran Avenida 3814, un grupo de manifestantes corea al unísono “Josué, amigo, el pueblo está contigo”, mientras banderas arcoíris flamean y un leve picor a lacrimógena aún inunda el aire. Los efectivos de la Comisaría Nº12 de San Miguel ubicada a pasos del lugar miran a lo lejos y amenazan con volver a atacar.  Los gritos de “Paco culiao” y  “Paco asesino” retumban en el ambiente.

Un grupo se junta en la puerta de la Fiscalía, las cámaras corren y apuntan hacia una dirección, los gritos de apoyo suenan más fuerte y se sienten desde el alma. Es ahí cuando Josué sale a agradecer el apoyo. Maquillaje plateado en sus ojos, el pelo cobrizo y sus uñas rojas: “Es para que nunca más en Chile ninguna persona vea violados sus derechos humanos”, nos dice y en su mirada se ve fuerza. La fuerza que todos los presentes necesitamos sentir de su parte, la que nos quita un poco más el miedo de salir a la calle donde la heterosexualidad es la norma obligatoria.

El silencio ruidoso del abuso policial

El toque de queda ya regía la noche del 21 de octubre cuando Josué Maureira, en su calidad de aspirante a médico, decidió salir en la búsqueda de posibles personas heridas durante las manifestaciones. Al perseguir unos gritos de ayuda el estudiante de cuarto año de medicina de la Universidad Católica ingresó a un supermercado que se encontraba siendo saqueado. Es ahí cuando Josué fue detenido y golpeado sin mediar provocación por parte de un grupo de uniformados.

Perdía y recuperaba la conciencia a causa de los golpes, cuenta el estudiante de 21 años que se encontraba siendo llevado a la 51º Comisaría de Pedro Aguirre Cerda. La violencia y abuso policial, lejos de cesar, prosiguió hasta el calabozo donde fue encerrado. Así describió el propio estudiante parte del abuso del que fue víctima:

“Vuelvo a la comisaría, en la que me siguen golpeando, de ahí fui llevado donde me registran las huellas, ahí se me recrimina mi condición de homosexual y la persona que era el jefe me amenaza con matarme. Luego efectivos de Carabineros entre tres, dos me bajan los pantalones y proceden a agredirme sexualmente con la luma”, describió.

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Al percatarse de sus uñas pintadas de color rojo le preguntaron si era “maricón”, a lo que Josué respondió que sí. “Maricón”, le repetían mientras era golpeado por los agentes del Estado, dos de ellos identificados como Marcos Valenzuela y Luna Werches. “Maricón”, le obligaban a gritar cada vez más fuerte mientras recibía los golpes.

Luego de los constantes abusos, Josué fue trasladado al Penal Santiago 1, donde estuvo hasta el pasado viernes 25. Durante toda su detención fue en la Comisaría donde sufrió las peores vejaciones. Instancia en la que, además, denunció que la constatación de lesiones fue bastante somera, calificando sus heridas como “leves” sin siquiera haberlo examinado.

El Colegio Médico en un punto de prensa habló sobre los hechos de violencia y torturas realizadas por Carabineros, donde anunciaron que pondrán todos los casos, incluido el de Josué Maureira, a disposición de las distintas comisiones que estarán esta semana observando la situación de los DDHH en nuestro país.

Así lo señaló el Presidente del Departamento de DDHH del Colegio Médico de Chile, Enrique Morales. “Nosotros vamos a dar a conocer todos estos casos y no solo de salud visual, sino todos los que recibamos de distinto ámbito, tanto al enviado especial de la ONU, como a la comisión de Amnistía Internacional que se hará en Chile”.

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A estos dichos se sumaron los del vicepresidente del mismo Colegio Médico, Patricio Meza, quien hizo un llamado a respetar los protocolos y el Estado democrático frente a la gran cantidad de denuncias existentes.

“Hay muchos pacientes que han sido golpeados, que han sido detenidos, unos dicen que han sido torturados, por lo tanto en ese sentido hacemos un llamado a que en el país se respete el Estado de Derecho y los derechos humanos de cada una de las personas, porque independientemente de lo que esté haciendo la persona existen protocolos debidamente establecidos que resguardan los derechos de todas las personas“, expresó.

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Frente al caso surgieron diversas denuncias y expresiones de repudio. La primera medida fue del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH). Organismo que ya el sábado, tras ser liberado el estudiante, presentó una querella por torturas con abuso sexual, con el agravante de la discriminación por la orientación sexual mediante la Ley Zamudio. A la denuncia del instituto, se sumó también una querella anunciada por la Clínica Jurídica de la Universidad Católica.

Memoria viva, lucha colectiva

Mientras compartían con sus amigos en una plaza ubicada en el sector Llolleo, San Antonio,  un par de militares se acercaron a las jóvenes de 21 y 22 años. “Si quiero me las pesco y les saco la chucha, mariconas”, les dijeron esa tarde del 12 de octubre mientras la golpeaban con puños y un bate de béisbol.

“Maricón, cola, fleto”. El insulto, reapropiado por la disidencia sexual en un intento de transformar el dolor de años de discriminación en una coraza contra la homofobia, sigue siendo el grito ácido de una sexualidad fuera de la norma.

Solidaridad: Por mí y por todxs mis compañeros

En opinión con Radio JGM.

Mientras que algunos se preguntan “si los maricones no bailamos ahora, ¿quién lo hará?”, la violencia constante que vivimos los no heterosexuales nos recuerda la persistente realidad que se vive en Plaza Italia para abajo, donde el baile no es suficiente, la rabia amarga se acumula en tus venas y no puede ser disfrazada con la alegría de la bandera multicolor y el carro alegórico con figuras mediáticas heterosexuales promocionando marcas sobre él que cruza la Alameda cada año en la “Fiesta por el Orgullo”.

En Josué veo a mis amigos, a la familia que conformamos reconstruyéndonos desde el dolor de los atropellos vividos durante nuestras vidas por ser fletos/as, el espacio seguro que apreciamos porque sabemos que nos puede ser arrebatado en cualquier momento.

En Josué vi la razón por la que los “cuídate” tienen cada vez más sentido, pero desde ese miedo colectivo transformado en coraje de aquellos que nos agrupábamos en las puertas de la Fiscalía de San Miguel, pudimos ver en Josué la fuerza y entereza de una lucha política y social. La responsabilidad de tomar tu dolor como una bandera de combate para poder gritar con todas tus fuerzas “nunca más”.

Por ti y por todos tus compañeros.

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