Irán #3037: La memoria incómoda y la dignidad de las sobrevivientes de la Venda Sexy

Escrito por el 14 Octubre 2019

Durante todo el mes de octubre se está presentando la obra “Irán #3037 [violencia político sexual en dictadura]”,  de la directora Patricia Artés. La propuesta pretende reflexionar en torno a la memoria del ex centro de tortura, Venda Sexy, donde vive una familia, como también, poner en cuestión la compra del inmueble declarado monumento histórico por una inmobiliaria.

La pregunta, la reflexión y la preparación de una puesta en escena enfocada en la memoria y los derechos humanos no es nueva para la directora de teatro Patricia Artés. Desde hace tiempo se ha vinculado con estos temas en sus trabajos artísticos, tanto desde el feminismo como desde la crítica hacia el capitalismo y el neoliberalismo.

Y bajo ese criterio es que ahora presenta el proyecto Irán #3037 [violencia político sexual en dictadura], una obra de teatro que habla sobre el ex centro de tortura Venda Sexy, que funcionó desde el año 1974 hasta mediados de 1975, y que se exhibirá hasta el sábado 26 de octubre en la Sala de Teatro de la Universidad Mayor, para luego viajar a Valparaíso durante noviembre.

El montaje nos muestra una familia que habita en la casa, quienes han escondido un secreto durante años. Sin embargo, la hija, Valentina, emprenderá una búsqueda hacia el pasado y la memoria del lugar donde viven, descubriendo los hechos escalofriantes que la envuelven.

Al respecto, la directora comentó que ” hace cuatro años me encontré con un lugar que se llamaba Venda Sexy que fue un centro de tortura y exterminio, cuya violencia específica era la tortura sexual y además este centro de tortura estaba habitado por una familia, a mi eso me horrorizó. Luego de eso no solté más esto como un problema. Ha sido un recorrido constante de lecturas, contactos con las sobrevivientes y de cosas de distintos ámbitos, desde la investigación en el  arte”.

El material con el cual han trabajado dice relación con archivos, documentos y testimonios de sobrevivientes ¿qué encontraron en esta búsqueda?

Al principio uno se encuentra con el tipo de testimonio y documentos que están en internet, después uno se empieza a aproximar en la lectura de los libros, el Informe Valech, y se empieza a recopilar otro tipo de fuentes como los testimonios que se constituyen como archivo y como evidencia. Y es eso también lo inestable que tiene un testimonio de violencia sexual. Porque surge la pregunta ¿cómo tienes evidencia en tu cuerpo? 

Buscamos primero internet y luego los libros de Nancy Guzmán, el libro Así se torturó en Chile y un montón de fuentes de la literatura. También en  cuanto a la casa fuimos a la municipalidad, quisimos entender el aspecto legal sobre como ocurrió esto de la venta y compra de la casa antes de que se destapara este año, cuando se negoció. En ese sentido, empezamos a indagar en aspectos legales, por ejemplo en los vacíos que hay en este país respecto de que no existe una tipificación legal sobre la violencia político sexual. Aquí no hay ningún milico juzgado por aquello. No se identifica como delito específico, la violencia sexual está subsumida en la tortura en general, como si fuese un daño colateral. Y por su puesto los testimonios de las mujeres que pudimos recopilar, documentar.

Es complicado trabajar con testimonios de mujeres y de personas que han sufrido tortura, ¿desde dónde se ubicaron para realizar estas entrevistas?

Ellas están con el legítimo derecho de no volver a hablar todo esto. Nosotras, y yo en términos personales, establecimos el vínculo y les fui a preguntar cuestiones de las cuales uno no puede acceder en otros textos, en otras entrevistas. De alguna manera lo que nosotros estábamos buscando es cómo representar por un lado el dolor sin tener que volver a representar la tortura, esos son problemas artísticos, cómo pones en relieve los actos de resistencia que tuvieron esas mujeres durante el contexto de la tortura, y también sus posiciones políticas. No volver otra vez a revictimizarlas, sino que relevar porqué fueron mujeres militantes y por eso estuvieron ahí. Las conversaciones tuvieron que ver con otros aspectos de la vida, decidimos esas son cosas súper delicadas y si no se sabe tratar, son morbo. 

Lo que nosotros estábamos buscando es cómo representar por un lado el dolor sin tener que volver a representar la tortura.

Me imagino que como directora ha sido un desafío llevar esto a escena.

Claro, por supuesto. Es quebrarse un poco la cabeza justamente pensando cómo dotar esto de dignidad y no de revictimizar o dejarte seducir, pero tampoco era como centrarse en eso, la idea era darle una vuelta. Aquí el elenco, el trabajo del dramaturgo Tomás Henríquez, el trabajo de diseño, las visuales y el protagonismo de lo sonoro, también como recurso estético, nos ayuda a hablar de cosas sin tener que remostrarlo todo. Entonces nos dimos una vuelta con todo el equipo muy talentoso y profesional.

¿Quién es esta familia y qué refleja de la sociedad chilena?

Nosotras lo que hacemos es tratar de buscar la forma en cómo hacemos una obra sobre este gran problema y tomamos esto que nos parecía la ficción misma: cómo es posible que lleve tantos años una familia viviendo ahí, porque eso es real, lo que pasa es que nosotras lo que hacemos es crear esa familia a partir de la realidad. Y por supuesto especulamos a partir de los reportajes, los relatos sobre cosas que ahí se podrían haber puesto en juego, tampoco estamos diciendo que tienen un vínculo, pero especulamos en cómo podrían haber sido ellos. Toda la información que hablamos sobre la casa, en cuanto a lo que se les ofreció u otras cosas son reales.

Pensamos en esta familia porque nos permitía justamente poner este asunto de la especulación inmobiliaria que también es gravitante.  Esto está poniendo en juego. Ellos desde le 2016 que no quisieron venderle la casa al Estado. Y el Estado les ofreció 353 millones y ahora aparece en mayo una compra venta con una inmobiliaria por 211 millones. Pareciera que la empresa inmobiliaria es de la misma familia, eso se deslizó en un reportaje que salió en Canal13.

Esta casa tiene la declaratoria de Monumento Histórico, se supone que no debiese haber ninguna modificación en su estructura.

Aquí estamos a exportas de una nueva ley de patrimonio, entonces es todo complicado, porque es muy paradójico. Uno no puede hacer modificaciones a una casa que fue declarado patrimonio, pero si puede ser propietario, a su vez existe la propiedad privada. Lo que pasa es que ante la compra de un inmueble que es declarado patrimonial o de bienes nacionales, siempre es el Estado el que tiene la primera propiedad y de esta última venta, bienes nacionales ni se enteró.

Creemos que la familia nos permite hablar de esta otra arista de la neoliberalización de la memoria, cómo se está metiendo todos estos proyectos inmobiliarios, no solo hablamos de la situación de tortura de este centro, sino también de la situación actual de la casa.

Cuesta tanto que se hable de memoria en tiempos del neoliberalismo, ¿cómo se rescatan estas historias, cuál es el rol de la cultura, del feminismo de involucrarse en estos tema de memoria activa, de esta memoria incómoda?

Bueno como tú señalas, es una memoria incómoda en los mismos relatos de derechos humanos, como que todavía hay unos sectores que lo asumen como un daño colateral, entonces poner en relieve desde una perspectiva feminista y de género ya incomoda. Hay cosas que ahí se ponen en juego. Respecto de lo otro, el rol de las organizaciones sociales es seguir señalando y seguir insistiendo en construir nuestra propia historia y apostar desde ahí, porque lo que está haciendo la derecha y otros sectores es borrar para seguir instalando sus propios discursos y eso cada vez está más brutal. Lo mismo están haciendo con la Villa San Luis, no dejar vestigios de otra vida posible, de otras personas dieron su vida por aquello, por esas construcciones de mundo, por eso es que están apareciendo muchas experiencias de memoria crítica, no es casual lo que ocurre.

Ficha artística

Dirección: Patricia Artés / Dramaturgismo: Tomás Henríquez. Elenco: Carolina Jullian, Valentina Mora, Nicole Vidal, Cristián Lagreze/ Diseño integral: Tamara Figueroa & Claus da Silva / Composición Musical: Alejandro Miranda/ Fotografías y Registro audiovisual: Macarena Rodríguez/ Producción General: Andrea Vera/ Prensa: Marcela Piña – Francisca Palma / Asistente de Arte y operador de escena: Roberto Mancilla-Cruz / Peluquería y maquillaje: Camilo Saavedra / Asesoría mapping: Keka Taucán / Realización escenografía: Gonzalo Veloso / Fotografias vivienda: Cristóbal Olivares y libro “Ingrid Olderock:la mujer de los perros” de Nancy Guzmán.

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