Elizabeth Neira, artista visual: «Vivimos con un modelo que ya está muerto»

Escrito por el junio 30, 2021

Con una taza de té en sus manos para sortear el frío en Valparaíso, Elizabeth Neira, una de las grandes exponentes actuales del performance en Chile habla de política, actualidad, arte y sobre como la pandemia más larga de los últimos tiempos, no pudo encerrarla en su casa.

Por Natalia Miranda Vásquez.

Elizabeth Neira. Sesión en el Museo de Salvador Allende.

A través de Zoom, Elizabeth Neira habla de sus inicios en la performance, de sus primeros años de vida bajo una censura cultural que marcaría su trabajo y como la pandemia más grande de los últimos tiempos la llevó a realizar otro tipo de obras, volcándose a su territorio, Valparaíso.

Es periodista, poeta y artista visual, sin embargo, su trabajo es desconocido por muchos, a pesar de haber publicado y participado en encuentros culturales en varios países. Elizabeth apela a la colonización, argumentando que “no es algo que me pase a mí, es algo que le pasó a muchos artistas que no pertenecemos a la élite, porque esta estructura de clase tan fuertemente marcada también se arroja el monopolio y la representación, y cuando hablamos de eso, hablamos de cultura y como la élite en este país es muy colonial, no hay espacio para el otro, y ¿quién es el otro? Nosotros”.

Antes de volcarse al mundo del arte, trabajó como periodista en el diario El Mercurio cubriendo la sección cultural, donde rápidamente notó la poca cobertura que se le hacía a la escena nacional. Sin embargo, vio en internet la posibilidad de que los contenidos que no eran tomados en cuenta por “este aparato cultural elitista, blanco, arribista y católico, que aplicaba una fuerte censura de los contenidos, salieran por otro lado. Teníamos la puerta cerrada, pero había una enorme cantidad de ventanas y otras salidas a un mundo más amplio que hacía posible concebir arte desde un lugar independiente”, declaró Elizabeth.

Cuando comenzó a dedicarse de lleno al arte, uno de sus propósitos era ocupar esos lugares, así que se dedicó a viajar, publicando en algunos países y a la vez participando de encuentros sobre poesía y performance, por lo que su trabajo ha sido conocido en diversos territorios como España, Perú, México, entre otros.

Elizabeth admite que la existencia del internet ayudó mucho en ese proceso pues permitía que pudieran surgir como artistas y seguir trabajando, sorteando lo que ella llama la “invisibilización de los artistas chilenos que no son representativos de la élite”. Bajo su experiencia, “en Chile somos artistas que estamos en un escenario tremendamente underground, pero no en América Latina, entonces me di cuenta de que en un territorio más amplio yo sí tenía cabida, que no tenía que morir pegándome un tiro como Violeta Parra”, sentenció.

Nacer en dictadura como inspiración

Elizabeth Neira en Obra “El Enemigo Interno”, tomada por Fabián Gambero

Elizabeth Neira en Obra “El Enemigo Interno”, tomada por Fabián Gambero

Elizabeth nació en enero de 1973 y afirma que vivió sus primeros años en una cultura que trató en lo posible de borrar todo lo que existía como manifestación artística. A estos se suma una educación que “se fue volviendo cada vez más elitista y que se concentró en general en pequeñas máquinas que pudieran poner en funcionamiento este estado a lo Chicago Boys, donde el arte no tenía ninguna cabida”.

La situación  marcó sus primeras obras, pues la artista cuenta que todo su trabajo performático del principio, la hace entrar al underground, siendo trabajos “muy hardcore, con mucha rabia, un lenguaje obsceno y post-porno”, donde también se vinculó con artistas que estaban generando obras “reactivas al fascismo”, lo que explicaba porque eran tan censurables y poco digeridas.

Respecto a esa situación, ella misma admite que hay performances que ha hecho y que le cuesta verlas. “Me cuesta verme a mí misma cagando la constitución, entonces puedo entender de que sea censurado en Vimeo y Youtube, porque son choques, pero esa es la gracia del performance”, confezó.

Neira proviene de un colegio y familia católica, quienes tenían un gran complejo con el cuerpo, por lo que a la primera oportunidad de poder desnudarse en público lo hizo, le gustó así que siguió haciéndolo, experimentando este nuevo formato para ella, pero no para Latinoamérica, pues ya existía todo un movimiento que ponía en escena los cuerpos como forma de protesta.

Desconocía si en Chile ya existía y admite no haber pensado en las consecuencias: “Simplemente lo hice, dije «bueno tengo ganas de meterme la bandera chilena por la vagina, después tengo ganas de cagarme en la constitución y voy a usar mi cuerpo como una herramienta para esta protesta que yo quiero instalar»”, recuerda.

Chile y el proceso constituyente

Elizabeth confiesa que no tiene expectativas sobre lo que actualmente está ocurriendo en el país. Desde los 18 años que vota y siempre lo ha hecho por la izquierda, por lo que siente alegría del triunfo de la oposición en estas elecciones, pues considera que es un cambio en el tablero de ajedrez, sin embargo, su pensamiento es profundo y complejo, ya que la “traición a nuestra esperanza que ha sido constante” que la ha llevado a no esperar algo pues “vivimos con un modelo que ya está muerto, vivimos dentro de un cadáver”, declaró.

La artista considera que el mundo está en un punto de quiebre como elemento vivo, en una crisis civilizatoria “donde todas las ideas que nos sostenían están obsoletas, la acumulación y el imperio del dinero ya no es posible”. Cree que la sociedad tendrá que obligarse a vivir de otra manera, generando una tesis interesante en la cual postula como los seres humanos ya no pueden vivir solos y el individuo ya no es posible, “se vuelve a la comunidad o nos vamos a la mierda”, sentencia.

La pandemia como nueva forma de hacer arte

Obra “Vivas nos queremos”, gentileza de Biosfera Arte Experimental. Elizabeth Neira.

Obra “Vivas nos queremos”, gentileza de Biosfera Arte Experimental. Elizabeth Neira.

Como artista ha viajado bastante, pero la llegada del coronavirus hizo que una gira por Uruguay tuviera que suspenderse y con ello todos sus viajes. No acostumbraba a estar encerrada, vio como alternativa volcarse a su territorio, Valparaíso, donde vive hace siete años.

La ciudad después del estallido social había comenzado a ser testigo de un gran movimiento de ollas comunes, por lo que Elizabeth captó en ellas una nueva forma de generar contenido cultural. Admite que no fue fácil, pero finalmente lo logró, de esta forma creó la olla común de trabajadoras sexuales. Espacio en el que colaboró por tres meses y que posteriormente fue dirigido por las mismas trabajadoras.

Declara que jamás se encerró. Lleva más de un año trabajando con la olla común y ya están prontos a iniciar otra junto a un grupo de músicos del puerto de la quinta región, la cual contará con transmisiones en vivo a través de redes sociales.

“Me di cuenta de que yo podía mezclar las experiencias del arte, la poesía, la música y el performance con los movimientos sociales. Trabajé en huertas y empecé a poner palabras en la ciudad, dije «no me puedo mover, experimentemos con lo que hay». Era precario, pero algo se podía hacer. Fue bonito porque me obligó a ponerme en una interdisciplina en la cual la identidad de artistas se borra. Eres artista porque estas generando una realidad nueva”, reflexionó.

Explica que mezcló una herramienta del mundo de la organización social con el mundo del underground que eran las trabajadoras sexuales, disidencias y travestis. Además, destaca que ellas no son su obra, pues está ahí simplemente como operadora, jugando con los poderes y herramientas.

Finalmente, Elizabeth habla de sus proyectos a futuro, quiere profundizar en el trabajo social, puesto que para ella “ya no tiene mucho sentido el cuerpo individual, mi cuerpo como artista puesto en escena haciendo cosas raras, cagando, vomitando, no tiene sentido en parte porque ya lo hice, puedo entender que tenga sentido para otras personas, pero para mí, mi cuerpo ya se dio, ahora me interesa mucho más seguir profundizando en el cuerpo social como una enorme riqueza de posibilidades”.

Sueña con una escuela popular de arte, porque la considera como una herramienta poderosa que se les ha privado a las personas. “El arte debe volver a las poblaciones, a la educación popular, a servir a las personas como una herramienta de transformación de consciencia planetaria”, reflexionó.

Conoce más del trabajo de Elizabeth Neira aquí.

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