El problema de la vivienda en Chile: el 27% de los hogares son arrendados
En nuestro país existe un grave problema de déficit habitacional, frente a esto, el arriendo de viviendas nace como una respuesta para miles de familias. Pero, ¿qué sucede cuando los arriendos son excesivamente caros?, ¿estaríamos viviendo un arrendamiento crónico que no nos deja ser dueños de propiedades?.
Emilia Muñoz Aguilera
El déficit habitacional en Chile se mide en dos dimensiones: cuantitativo, que mide a través de Censos de la población los requerimientos de nuestras viviendas y, por otro lado, la dimensión cualitativa, la cual calcula, por medio de la encuesta Casen (Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional), los requerimientos de adecuación de viviendas existentes.
Teniendo en cuenta esta medición, según los resultados del Censo del año pasado, el 26,2% de los hogares en Chile residen en una vivienda arrendada, lo que representa un aumento significativo respecto al 17,7% registrado en 2002. Asimismo, el centro de Políticas Públicas de la Universidad San Sebastián (USS), con datos de la última Casen determinaron que, el número de hogares que arrienda una vivienda en nuestro país va al alza. Además, esto se incrementa entre quienes están en situación de pobreza y pobreza extrema.
En la misma línea, el estudio concluyó que el 27% de los hogares en Chile arrienda una vivienda, lo que se traduce en un total de 1.855.939 hogares en 2022. En contraste, en el año 2017 era un 25% con un total de 1.479. 825 hogares. Vemos un claro crecimiento en el número de hogares arrendados.
Frente a esto, el profesor asociado del instituto de estudios urbanos y territoriales de la Universidad Católica e investigador asociado del centro de estudios de conflicto y cohesión social Coes, Felipe Link publicó un articulo títulado “Hacia una sociedad de arrendatarios crónicos”.
Respecto la situación en nuestro país comentó: “Hay temas sobre a la calidad de arrendatario que afectan la calidad de vida (…), la incertidumbre que te puedan echar, o requisitos abusivos para arrendar, cambio de condiciones del contrato. Hay una afectación de las formas de vidas urbanas, la idea del vínculo con el territorio, el conocimiento con los vecinos, esas cosas van siendo bastante distintas”.
Por otro lado, podemos apreciar que el 64% de los mayores a 36 años consideran que arrendar fue una etapa de su vida, y que ahora pudieron comprar un inmueble. Pero más de la mitad de los menores a 35 años consideran que el arrendar es una condición permanente. La brecha es clara, y se debe en su mayoría a la diferencia de ingresos económicos y del alto costo monetario de de los arriendos.
Entre 2000 y 2022, Atacama, Coquimbo, Ñuble, O’Higgins y Aysén fueron las regiones que experimentaron el mayor aumento en los valores de renta. A nivel nacional han crecido un 68% acorde a datos de la Casen. Además, en el año 2000 la mediana del precio de arriendo era de $ 178.318 y para el 2022 esta cifra alcanzó los $ 300 mil.
Volviendo al nivel regional, la mediana del valor de las viviendas para arriendo de Atacama y Coquimbo incrementaron un 169%, incrementando el valor de $ 111 mil a $ 300 mil. En Ñuble los precios se alzaron en un 124%, casi llegando a los $200 mil pesos.
Con estos datos podemos evidenciar que esta no es una problemática solo presente en la Región Metropolitana, se extiende a lo largo de todo el país y esto es quizás lo más preocupante.
Felipe Link nos comentó que esta es una problemática que va en incremento: “Tenemos una combinación de diferentes factores que hacen que los arriendos vayan al alza creciente en la línea de tiempo, (…) y no vemos que se vaya a revertir , no vemos que sea transitoria, que en algún momento baje. Al contrario, esperamos, según los datos que hemos visto, que esto siga creciendo”, finalizó.
El rápido avance del crecimiento del arriendo plantea un desafío urgente para las políticas públicas habitacionales. El arriendo ya no es un tránsito a la propiedad, sino que se ha convertido en una realidad para muchos hogares. El alza de los precios y, a la vez, los bajos salarios en nuestro país convierten al panorama en un lugar perfecto para la proliferación de arrendatarios crónicos, impidiéndoles el sueño de la casa propia y obstaculizando el derecho a una vivienda digna.
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