El impacto de Donald Trump a la política medio ambiental

Escrito por el abril 9, 2019

Donald Trump, el Presidente de los Estados Unidos, es conocido por hacer afirmaciones sin evidencia que las respalde y por su analfabetismo en materia medioambiental. La semana pasada, en una cena de recaudación de fondos para su campaña, el presidente Trump, quien ha negado en múltiples ocasiones la vinculación entre el calentamiento global y la acción humana, aseguró que el ruido de los molinos que generan energía eólica causa cáncer. Aprovechamos esta última declaración para hacer una revisión a las consecuencias que ha tenido la administración de Donald Trump en la lucha por el medio ambiente.  

Donald Trump ha hecho múltiples declaraciones contra los postulados e iniciativas ecológicas desde antes de sentarse en el sillón presidencial. Previo a ser candidato a la Casa Blanca, Trump había afirmado que el concepto «calentamiento global» había sido inventado por lo chinos para afectar a la industria manufacturera de los Estados Unidos. Varios años después, si bien admitió que el calentamiento era un fenómeno real, negó que este fuese ocasionado por la acción del ser humano, planteando que es un fenómeno cíclico que se iba a dar con o sin la intervención del ser humano. En alguna otra ocasión declaró que él piensa que el cambio climático no es tan grave, y que sabe de aquello ya que tiene «un instinto natural para las ciencias«.

 

 

Un nuevo comentario del mandatario ha causado polémica. Durante un acto republicano de la semana pasada, Trump afirmó «Si usted tiene un molino de viento cerca de su casa, felicitaciones, su casa acaba de bajar un 75% en valor. Y dicen que el ruido causa cáncer«. Esta afirmación la hizo nuevamente sin dar evidencia científica que la respaldara.

Salida del Acuerdo de París

Uno de los sucesos más polémicos después de la llegada de Trump a la Casa Blanca, fue la salida de EEUU del Acuerdo de Paris, compromiso firmado en 2015 entre casi 200 países en el cual se determina reducir sus respectivas emisiones de carbono, con la intención de tomar medidas ante la creciente contaminación atmosférica.

Los únicos países que no habían firmado el acuerdo previo a la salida de Estados Unidos eran Siria y Nicaragua. Siria debido a la violenta guerra civil en la que se encuentra sumida y Nicaragua porque consideró que los estándares que propone el acuerdo internacional no eran lo suficientemente estrictos con las naciones más grandes, con más recursos y más contaminantes.

El mayor problema es que Estados Unidos es el segundo país que más genera gases de efecto invernadero, sólo superado por China, país que sí se ha comprometido ha disminuir sus emisiones de carbono en el mediano plazo. Aunque China sea el país que más contamina la atmósfera en la actualidad, a lo largo del último siglo ha sido Estados Unidos el mayor emisor de CO2. La quema de combustibles fósiles, como son el petróleo, el gas y el carbón, son los principales generadores de dióxido de carbono (CO2). Una investigación del Centro de Análisis de Información sobre el Dióxido de Carbono determinó que Estados Unidos es el responsable del 27% de las emisiones de esta contaminación en el mundo. La Unión Europea le seguiría de cerca con un 25%. Por otro lado la Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que la contaminación del aire provoca 3 millones de muertes al año en todo el mundo.

 

Manifestaciones en España para que los gobiernos tomen acción en la lucha contra el cambio climático.

 

Las señales anti ecológicas del gobierno de Trump

Salirse del Acuerdo de París no ha sido lo único que ha hecho el presidente de Estados Unidos. Al poco tiempo de asumir como mandatario se borró de la página oficial de la presidencia de EEUU todas las referencias al cambio climático y los proyectos que buscaban combatir ese fenómeno. En diciembre del mismo año retiró el cambio climático de la lista de amenazas a la seguridad nacional.

Por otro lado, desde un inicio Trump dio una clara señal de su postura con el nombramiento de Scott Pruitt como jefe de la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense (EPA por sus siglas en inglés). Pruitt es un negacionista del cambio climático. Rechaza tajantemente que este sea un fenómeno ocasionado por el ser humano e incluso demandó a la EPA en 14 ocasiones cuando era fiscal general de Oklahoma, llegando a paralizar la entrada en vigor del proyecto Clean Power Plan de la administración de Barack Obama, que establecía el primer límite a las emisiones de CO2 en un intento de reducirlas en un 30% en 25 años. Luego de que empezó su papel a cargo de la EPA hubo una purga de expertos de esa institución y algunos grupos medioambientales calificaron su elección como «poner a un pirómano a cargo de la lucha contra los incendios». Además, Pruitt ha criticado en numerosas ocasiones el costo económico que supone el ecologismo.

“No, no estaría de acuerdo en que es un contribuidor principal al calentamiento global que vemos”. Dijo Pruitt en una entrevista a la cadena CNBC, luego de que le preguntaron si creía que las emisiones de CO2 que causan los combustibles fósiles están acelerando el calentamiento global. 

 

Pruitt renunció el año pasado debido a que estaba vinculado a varios escándalos con fondos públicos.

El gobierno de Trump también se han encargado de debilitar a la EPA  económicamente, haciendo recortes de hasta el 30% a su presupuesto. Con estas actuaciones no sólo merman la protección e investigación del medio ambiente a escala local, sino que también tiene una consecuencia global, ya que gran parte del conocimiento del cual se dispone sobre esta materia procede de EEUU. Por otro lado, el gobierno le prohibió a la EPA darle información a la prensa.

El año pasado Trump descalificó un informe respaldado por más de un centenar de científicos, y una serie de agencias federales, que detallaba las devastadoras consecuencias que el cambio climático podía tener en la economía, la salud y el ecosistema. El presidente se limitó a comentar «No me lo creo«, nuevamente, sin ningún sustento.

“Leí el informe, leí una parte y está bien. Pero no les creo”.

 

El foco en el carbón y el petróleo como fuente de energía

El tema energético ha sido uno de los asuntos en los cuales Donald Trump ha insistido con frecuencia desde que empezó a hacer apariciones públicas en la década de los ochentas. Su postura principal ha sido la independencia energética, con el objetivo de lograr que Estados Unidos produzca su propia energía, eso se traduce en una agresiva política exterior contra otros países productores de petróleo.

“Imaginen un mundo en el que nuestros enemigos y los carteles del petróleo no puedan usar más la energía como un arma” Dijo el Presidente en un discurso de campaña. 

El Acuerdo de París limitaba bastante la industria de producción de carbón y otros combustibles fósiles, ya que son las industrias que más contaminantes liberan. Si bien los generadores de energía eólica no producen cáncer, como desinformó el presidente, las plantas que queman carbón sí lo hacen, junto con provocar otra serie de problemas de salud.

La promesa del muro y su amenaza sobre el ecosistema de Arizona. 

Incluso las intenciones de Trump de construir el muro serían nocivas al medio ambiente. Según National Geographic la construcción del muro que separaría la frontera que divide México y Estados Unidos, pondría en peligro el hábitat de la flora y la fauna autóctona de la zona, en las cuales hay entre ellos 62 especies calificadas en peligro critico de extinción.

El muro podría incrementar la erosión del suelo, alterar los flujos naturales de agua y los patrones de incendios forestales. Otro efecto que podría tener es el de desconectar a la fauna y a la flora planteando peligros a su supervivencia. Un muro de concreto aislaría y reduciría poblaciones de animales lo cual limita su capacidad de desplazarse en busca de alimento, agua o pareja. También obstaculizaría la huida de los animales en caso de incendios, olas de calor o inundaciones, las cuales son muy frecuentes en Arizona desde los últimos años.

Por otro lado, la construcción del muro fronterizo no tendrá que cumplir con las exigencias de más de 30 leyes medioambientales federales, como la Ley de Especies en peligro de extinción, la Ley Nacional de Política medioambiental, la Ley de Aire Limpio y la Ley de Agua limpia. Esto gracias a una ley aprobada por el Congreso en 2005, como respuesta a los ataques terroristas del 11S, que autoriza al Departamento de Seguridad Nacional a suspender cualquier ley en nombre de la seguridad nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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