¿Hay diferencias entre una Convención Constitucional y una Asamblea Constituyente?

Escrito por el julio 19, 2021

A raíz de la declaración sobre los presos de la revuelta, ha vuelto a tomar fuerza un debate que ya se planteaba tras el acuerdo de noviembre: ¿Es la Convención Constitucional una Asamblea Constituyente? Es una interrogante para la que no hay una sola respuesta y de cuya resolución depende el alcance de las atribuciones de los constituyentes.

convención constitucional asamblea constituyente

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¿Es la Convención Constitucional una Asamblea Constituyente? ¿Se trata de dos instituciones distintas? ¿Cuáles serían sus diferencias?

La pregunta, que ha suscitado animados debates desde la madrugada del 15 de noviembre de 2019, nos retrotrae a la negociación entre las distintas fuerzas políticas que formaron parte del “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”, cuando se optó por denominar «Convención Constitucional» al órgano que en la actualidad está discutiendo los términos de la nueva Carta Magna.

Se trata de una controversia que, más allá de lo semántico, encierra una discusión sobre las atribuciones que posee el órgano constituyente y cuáles son, en efecto, sus limitaciones. Esta discusión ha vuelto a tomar fuerza a propósito de la declaración sobre los presos de la revuelta, en que la Convención solicitó al Congreso aprobar con celeridad el proyecto de indulto general presentado por senadores de oposición.

“Ninguno de los poderes es más soberano que la propia Convención”

Para la mayoría de los constitucionalistas y cientistas políticos, estamos, en los hechos, frente a una Asamblea Constituyente con otro nombre. En su momento, se optó por llamarla «Convención Constitucional» para calmar los temores de la derecha a la “venezuelización” del proceso y a que la larga demanda por la Asamblea Constituyente impactara en la aprobación de un proceso que esperaban desechar en las urnas.

Así lo han planteado, por ejemplo, constitucionalistas como Fernando Atria (hoy constituyente) o el propio movimiento Marca AC, que cerró su actividad en redes sociales el día después del triunfo del Apruebo señalando que “el pueblo de Chile ha restituido plenamente el ejercicio de su soberanía votando masivamente por la Convención Constitucional (Asamblea Constituyente), el único mecanismo que nos garantiza una participación directa, democrática, paritaria y vinculante en la discusión constitucional”.

Las críticas a esta posición surgen en tanto el poder constituyente de la Convención está predeterminado por las reglas acordadas aquel 15 de noviembre y por las reformas legislativas que les siguieron.

Regulaciones del poder constituido (el Congreso) tales como la adopción de la regla de dos tercios para generar acuerdos, el respeto de la institucionalidad democrática vigente o la imposibilidad de alterar las competencias y atribuciones de los demás órganos y poderes del Estado.

marianne gonzálezPara Marianne González, académica del departamento de Ciencias del Derecho de la Universidad de Chile y experta en Historia Constitucional, la valoración que se hagan de esas reglas depende de si entendemos la regla de los dos tercios como una pauta que limita las acciones de la Convención o como la norma que hizo posible su existencia, fruto de los equilibrios políticos existentes en noviembre de 2019.

González, en particular, entiende lo segundo y asegura que la Convención Constitucional “sí representa una forma de soberanía. ¿Está limitada por los otros poderes? Sí, tiene ciertos niveles de limitación por los otros poderes, pero también aquellos tienen sus limitaciones. Ninguno de ellos es más soberano que la propia Convención. En ese sentido, para mí sí se constituye en una asamblea constituyente porque tiene la capacidad de poder definir el contenido de la nueva Constitución sin limitaciones”.

Una Asamblea Constituyente soberana y un proceso político abierto

De que la Convención es soberana sobre el contenido del texto constitucional hay pocas dudas. Hay quienes, sin embargo, consideran que eso no la convierte en Asamblea Constituyente. Para quienes defienden esta posición, una AC no es un órgano meramente encargado de redactar una Constitución, sino uno superior a las instituciones estatales preexistentes, capaz de concentrar en sí mismo todo el poder del Estado.

felipe portales sociologo

Se trata de un modelo de asamblea que se ha adoptado en otros países latinoamericanos como Venezuela o Bolivia. La diferencia es que aquellas convenciones -que tomaron sobre sí el ejercicio de toda la soberanía- contaban con el respaldo del poder ejecutivo.

En ese sentido, el sociólogo Felipe Portales ha planteado que la AC “es una institución que se han dado los Estados para establecer las reglas básicas de un sistema democrático”. Asimismo, que la Convención actual no es soberana en su origen, ya que es producto de una reforma constitucional aprobada por el poder constituido.

Portales afirmó que “la Convención puede y debe convertirse en Asamblea Constituyente si es que quiere aprobar democráticamente una nueva Constitución”; una propuesta que implicaría adoptar una serie de atribuciones que exceden la sola escritura del texto constitucional.

¿Cuáles atribuciones? ¿Y hasta dónde podrían llegar? Lo cierto es que no hay respuestas unívocas. Para el sociólogo y académico que lidera el Laboratorio Interdisciplinar de Estudios en Controversias Constituyentes, Pablo Cottet, “esa es la magia de este proceso político: está abierto”.

Participación ciudadana: la clave de la legitimidad

Más allá del carácter de nuestra Convención Constitucional y los eventuales límites que pudiera tener el ejercicio de sus atribuciones, Cottet cree que el foco debe estar en incorporar mecanismos de participación ciudadana que mantengan la discusión constitucional en el pueblo soberano.

Según sus palabras, «la participación ciudadana que acompañe la deliberación de la Convención es lo que le va a dar la diferencia o es lo que la puede acercar a un órgano que tenga una soberanía que siga sosteniéndose en la iniciativa popular, ciudadana, como queramos llamarla».

pablo cottet

Cottet llama a observar procesos como los que se dieron en Escocia, Islandia o Colombia. En tanto, menciona iniciativas como las propuestas por la Red de Participación en el Proceso Constituyente o por la constituyente Tania Madriaga (Lista del Pueblo, distrito 7), quien aboga por incluir en la discusión constitucional iniciativas populares, la opinión de cabildos y la opción de plebiscitar aquellas materias que no alcanzan los dos tercios de consenso, pero tienen al menos el respaldo del 50% + 1 de los convencionales.

En una línea similar, Marianne González asegura que “vamos a determinar cuan soberana fue esta Convención en la medida que el resultado que produzca logre ser refrendado y logre adquirir un nivel de legitimidad social y política importante. Tendremos que verlo en el camino, incluso varios años después de aprobada la Constitución, para ver si este texto se sostiene en su práctica”.

No existe una respuesta uniforme sobre el carácter de la Convención Constitucional ni hay consenso sobre los límites que tenga en el ejercicio de sus atribuciones. Sin embargo, parece haber cierto acuerdo sobre la necesidad de abrirla a la ciudadanía para que su trabajo esté social y políticamente legitimado.

El debate sobre sus facultades va a seguir presente mientras sesione la Convención y obligará a los constituyentes a definir una respuesta, que es esencialmente política y que depende, en buena parte, de la acepción que tengan sobre el órgano que están integrando.

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