Cristian Garin, como un pez en el agua

Escrito por el 4 Mayo 2019

¿Qué pasó con Garin? Esa es la pregunta que muchos se hicieron entre 2014 y 2018.

Corría 2013 y Cristian Garin empezaba el año con un triunfo en el ATP de Viña. El chileno, con solo 16 años, se anotaba como el primer tenista de su generación en lograr una victoria en el circuito grande. Meses después la gloria seguiría llegando, esta vez con la obtención de Roland Garros Jrs, mismo trofeo que ganaron en su tiempo Marcelo Ríos y Fernando González. Los ojos de los medios nacionales e internacionales se centraban en un adolescente iquiqueño, quien desde ese entonces debería sortear la difícil carga de ser el llamado “recambio” a una época dorada del tenis nacional que ya se encontraba en el ocaso.

Un joven que aún no llegaba a la mayoría de edad, y que solo quería disfrutar del tenis y desvelarse todas las noches soñando con un futuro brillante, se vería en la complicada misión de soportar todas las exigencias y críticas de una generación de chilenos que se acostumbraron a ver a los nuestros en los mejores escenarios. Una generación de fans que se olvidó de lo complicado de ser deportista en Chile, donde la falta de apoyo económico y la críticas desmedidas están clavados en la idiosincrasia nacional. 

En esa epopeya que fue la obtención de Roland Garros Jrs en 2013, Garin dejó en el camino a prospectos de la talla de Alexander Zverev y Borna Coric, jugadores llamados a ser estrellas en el futuro. ¿Que pasó después de ese año esplendido? El alemán y el croata subieron como la espuma en un vaso de cerveza mal servido. Ambos aprovecharon la infinidad de invitaciones a torneos que recibieron, el apoyo de sus federaciones y la cultura deportiva de sus naciones para instalarse en la élite mundial. 

Los números son claros: Coric en 2014 entró a los 100° mejores del ranking mundial y en 2015 ya se encontraba en el top 50°. Por su parte, Zverev irrumpió en el top 100 el 2015, pero ya el 2016 se encontraba entre los 20 mejores. En la actualidad Alexander es el 3° del mundo y Borna el 13°. Unas bestias competitivas que supieron aprovechar sus condiciones naturales y todo el apoyo de su entorno. Una mezcla de decisiones propias y ajenas.

Pero, ¿y que fue de Cristian Garin, el que había derrotado a ambos jugadores europeos en juniors? El chileno estuvo cuatros años rondando entre torneos futuros y challenger, las categorías más bajas del mundo profesional. Cuatro años llenos de derrotas amargas, triunfos que prometían pero que al final se quedaban en nada.

Garin no podía alejar a los fantasmas de su propia cabeza. La presión impuesta por los demás, y por el mismo, hicieron que no tomara las mejores divisiones y nublara la ruta a un destino que prometía la gloria. No fueron años fáciles para un “Tanque” que seguía teniendo un nivel fuera de lo común, pero que aún así solo podía observar como sus pares seguían progresando mientras el se estacaba, casi como si sus piernas estuvieran en un pantano que lo sumergía cada vez más al fondo.

Durante esos años de contraste los medios y un gran sector de los seguidores del tenis nacional se hicieron un festín con notas que comparaban el ascenso de jóvenes rivales de Garin y de este ultimo. Cada vez que un Zverev o Coric lograba algo en el circuito salían notas que, a pesar de tener cierta verdad, solo generaban un “chaqueteo” innecesario hacía el chileno. Difícil era encontrar alguna explicación a este “estancamiento” de Garin. Solo comparaciones que mostraban los palmares de los otros. La prensa también tiene una porción de responsabilidad en esta situación. 

El tenista latinoamericano madura más tarde. El brasileño Kuerten ingresó al top 100 a los 20 años; González a los 22; Massu a los 20; Belucci a los 21 y Schwartzman a los 22. La única excepción a la regla es Juan Martín Del Potro, quien entro al selecto grupo a los 18 años. Entonces, ¿por qué la prematura exigencia de pedirle a Cristian Garin lo que sus antecesores, de grandes logros, no habían realizado?.

Es cierto que el mismo Garin tuvo bastante culpa de esos cuatro años de vueltas en circulo. Las malas decisiones significaron cambios de técnicos en pocos periodos de tiempo, actitudes negativas dentro de una cancha y la no asimilación de las responsabilidades en la vida de un tenista.

El 2018 fue el año que terminó por orientar a Garin por el camino correcto. Después de cuatro años eligiendo caminos equivocados, el chileno al fin hallaba, de la mano del también chileno Horacio Matta, la ruta para enmendar el rumbo a las grandes ligas. Atrás quedaron los magros resultados. Lo primero fue implantar disciplina en su vida y adoptar una estrategia dentro de una cancha. Después de realizar eso los resultados empezaron a llegar. Pero no todo es miel sobre hojuelas. Las relaciones interpersonales son complicadas. Garín terminó su relación con el experimentado entrenador chileno y apostó, en palabras mayúsculas, por establecer una relación con el técnico argentino Andrés Schneiter. Una apuesta de los que muchos dudaban rindiera frutos.

De ahí en más es el resto es conocido. Un final de 2018 con tres títulos challenger consecutivos y el ingreso al top 100 con 22 años. Si, se demoro más que sus pares. Pero se disfrutó el doble. 

Este 2019 Cristian Garin estaba realizando el mejor año de su carrera: consolidación en el top 100; triunfo ATP después de seis años; primer triunfo en un ATP 500; primera final ATP; primer título ATP; primera victoria ante un top 20. El día de ayer sumó un nuevo hito a su emergente carrera: primer triunfo ante un top 10. ¿Su rival? El mismísimo Alexander Zverev. El tercer mejor jugador del mundo. Uno de los contemporáneos de su generación que disfrutaban el paraíso mientras Cristian se paseaba por los potreros.

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Seis años después de su triunfo en a final del slam parasino, el chileno volvió a poner su nombre en todas las paginas informativas y la opinión pública. Seis años que se hicieron eternos para ese joven de 16 años que soñaba con enfrentarse a los mejores jugadores en los torneos más grandes del mundo. Tardo, pero llegó. Y esta aventura no acabará pronto, porqué Garin está ahora en su hábitat natural, como un pez en el agua.

 

 

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