Aunque insuficiente, justicia al fin y al cabo: El caso de La Manada

Escrito por el 21 Junio 2019

Hoy, el Tribunal Supremo de Justicia ha dado su veredicto sobre el caso de La Manada. Luego de las airadas manifestaciones contra la sentencia de la Audiencia de Navarra, que desconoció el acto de violación y sólo condenó a los acusados por “abuso sexual”, las voces de protesta parecen haber llegado a oídos de los jueces. Con la nueva sentencia del Supremo se ha hecho justicia finalmente, no sólo por el aumento en los años de condena, sino porque al fin se reconoce que omisión no es consentimiento. 

Hace poco más de un año, a finales de abril del 2018, aproveché un paro que aparentaba ser largo y me tomé unas semanas de descanso fuera de Santiago. La tesis, la universidad, la realidad, me tenían agobiada, exhausta, así que armé mis maletas y me preparé para desconectarme por unas semanas. Pero aunque nos mandemos a cambiar lejos es muy difícil desentendernos de todo por completo. Siempre está esa miradita a las redes sociales, ojear de pasada la página de un diario online, esa noticia en el inicio de facebook -o en una historia de instagram o un tweet- y la realidad te cae encima con todo su peso. Una mañana, mientras revisaba Facebook, me atraganté con el desayuno cuando apareció la noticia de La Manada y se me vino el peso de la cruda realidad encima: la justicia no está del lado de las mujeres.

Recordaba poco y nada del caso de La Manada, me sonaba pero no sabía detalles. En 2016 cinco hombres habían atacado a una joven de 18 años durantes las Fiestas de San Fermín, la violaron en grupo y grabaron el acto, vídeos que enviaron por un grupo de Whatsapp llamado “La Manada”. La joven no se defendió, sólo cerró lo ojos hasta que todo acabó. Luego de que la dejaron y se fueron, la joven se sentó a llorar en un banco hasta que una pareja se le acercó y esa misma noche se realizó la denuncia. El 26 de abril de 2018, casi dos años después de la agresión, los agresores fueron condenados por la Audiencia Provincial de Navarra a tan sólo nueve años de cárcel, ya que no se consideró el suceso como una violación, sino como un abuso sexual.

Mientras leía la noticia se me quitó el apetito y no volvió hasta varios días después. No quise leer los comentarios de la noticia, porque todas y todos sabemos que tienen altos niveles de toxicidad, pero aún así, luego, en estas conversaciones que uno escucha contra su voluntad, me llegaron comentarios del tipo “¿Por qué no se defendió?” “Si va a ese tipo de eventos se lo estaba buscando”. 

La Audiencia de Navarra no consideró el acto una violación porque la víctima no se defendió, se dejó someter, y por ello, aunque la Fiscalía pedía 22 años de cárcel para cada acusado, la Audiencia sólo los condenó a nueve años por abuso sexual. Incluso hubo un juez, Ricardo González, que solicitó la absolución de los jóvenes, ya que consideraba que la víctima había consentido al no oponer resistencia. Pero no quedamos conforme con la definición de “abuso sexual”, el cual es un concepto que se queda corto para expresar los vejámenes a los que fue sometida la joven.

Fueron múltiples las manifestaciones en contra de la sentencia de la Audiencia de Navarra. En un tweet, la actriz Jessica Chastain relató lo hechos, evidenciando su crudeza: “5 extraños le dicen a una adolescente intoxicada que ellos la llevarían hasta su auto. En vez de ello, ellos la llevan a otro lugar donde se filman violándola de forma grupal. Estar inmóvil con los ojos cerrados no es equivalente a consentimiento. Eso no es abuso sexual, es violación.”

La respuesta de las masas ante la resolución de la Audiencia era clara: Si no hubo consentimiento fue violación. De las calles de España la manifestación pasó a volverse una campaña mundial bajo el slogan “Hermana, yo sí te creo”. Miles de mujeres llenaron avenidas para que su voz llegara a los tribunales de justicia y que los jueces comprendieran que muchas veces la víctima no se defiende por miedo, por shock o por temor a terminar muerta como muchas otras víctimas de violación.

“Estaba totalmente en shock, no sabía qué hacer, quería que todo pasara rápido y cerré los ojos para no enterarme de nada” Declaró la joven en el Palacio de Justicia, al cual llegó en un vehículo camuflado, lejos de las cámaras,  ya que durante todo el proceso se ha buscado mantener privada su identidad. 

A pesar de la resolución tomada por la Audiencia de Navarra, la Fiscalía decidió continuar trabajando para elevar la condena a los violadores, afirmando que existió fuerza intimidatoria suficiente como para probar que el sometimiento no era sinónimo de consentimiento. La fiscal, Isabel Rodriguez, insistió en que la sola presencia de los agresores constriñeron la voluntad de la joven haciendo que ella valorara como inútil cualquier intento de oposición de su parte. A los esfuerzos de la fiscalía se le sumaba el grito y la manifestación de muchas mujeres en las calles, que al  igual que a mi, se les revolvió el estómago y se les fue el apetito al enterarse de este caso.

Hoy día desayuné con la noticia de que el Tribunal Supremo español determinó, por unanimidad, que el caso de La Manada no fue un abuso, sino una violación, y elevó la condena de 9 a 15 años para los cinco acusados. 15 años que parecen pocos para un delito tan grave, insuficientes en comparación con los 22 que se solicitaban, pero la sentencia va más  allá de la duración de la condena. Al fin se reconoce que fue una violación, sin eufemismos. Es un reconocimiento de que no es necesario un “no” explícito como signo de que no hay consentimiento. Hoy día siento que vuelvo a respirar después de poco más de un año. Aunque nunca parezca suficiente, y aunque el daño ya está hecho, sentir que se hace justicia es un alivio.

 

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