Agotados, estresados y desconcentrados: La realidad de madres y padres estudiantes en pandemia

Escrito por el mayo 6, 2021

El prolongado encierro, la falta de espacios personales para estudiar y la sobrecarga de responsabilidades ha provocado un notable deterioro en la salud mental de ocho de cada diez madres y padres universitarios, y casi la mitad ha pensado seriamente en congelar sus estudios. El problema, acusan, radica en una sociedad adulto-céntrica que les pone exigencias que no se condicen con sus realidades.

Estrés, agotamiento, mínimas horas de sueño. A poco más de un año de pandemia, la comunidad de estudiantes que son padres, madres y cuidadores de niños, niñas y adolescentes ha sufrido largamente los efectos de las nuevas rutinas que se vieron forzados a adoptar. En particular, aquellos derivados de una difícil compatibilización entre los tiempos que requieren estudiar (y trabajar) bajo modalidad remota, y su rol en la crianza y en el cuidado de infantes que también han visto reducidos sus movimientos a los confines del hogar.

De acuerdo con los datos recopilados por la organización de Madres y Padres Universitarios de la Universidad de Chile (Mapau Uchile), un 83% de los integrantes de esa red ha visto su salud mental comprometida o afectada durante el período de confinamiento. Situación crítica que depende, en buena parte, del soporte con que cuenten los padres y las madres mientras cumplen sus otras obligaciones.

El citado catastro detectó que solo un cuarto de los progenitores universitarios cuenta con redes de apoyo constantes para el cuidado de su/s hijo/s que les permitan estudiar y trabajar con tranquilidad.

Para el resto, la situación es más complicada. Al hecho de que la mitad mantiene trabajos remunerados y dedica al menos dos horas diarias al trabajo doméstico, se suman la falta de espacios de estudio personales y la necesidad de compartir con sus hijos los dispositivos electrónicos para conectarse a clases online. Además, uno de cada siete padres-estudiantes tiene, también, la responsabilidad del cuidado de adultos mayores o personas en situación de discapacidad.

Todo esto ha derivado en madres y padres cansados, con escasas horas de sueño en el cuerpo, que permanecen en un estado emocional frágil y tienen serias dificultades de concentración, al compartir sus áreas de estudio y trabajo con sus hijos, a quienes no son capaces de darle todo el tiempo que requieren. “Es super difícil concentrarse con un niño que está jugando, gritando”, manifiesta la estudiante de Psicología, madre y coordinadora de Mapau, Lorenza Duclos.

Según las cifras recogidas por Mapau Uchile, un 49% de sus integrantes pensó durante el año pasado en congelar sus estudios, cifras que encienden las alarmas principalmente en el caso de las alumnas, pues se condice con el preocupante retroceso de la incorporación femenina al mundo laboral, también ligado a su participación protagónica en responsabilidades domésticas y de cuidado en sus viviendas.

Para Duclos, el fondo del problema está en “una cultura muy adulto-céntrica que no está pensando en los niños. La sociedad quiere que trabajes como si no tuvieras que criar y quiere que críes como si no tuvieras que trabajar, expectativas que no se condicen con la estructura de nuestra realidad”, aseguró.

Infantes solos e hiperconectados

De acuerdo con los datos entregados por Unicef en marzo, prácticamente todos los indicadores de la infancia han retrocedido en pandemia. La suspensión de las actividades educativas presenciales en jardines y escuelas, el encierro prolongado y la pérdida de contacto con sus pares, han provocado que los niños, niñas y adolescentes tengan mayores niveles de estrés, malestar, desmotivación frente a algunas actividades, y dificultades de conducta y aprendizaje, especialmente en el caso de los más pequeños, quienes necesitan más horas de atención y acompañamiento.

Para la psicóloga infanto-juvenil y académica de la Universidad de Chile, Jennifer Conejero, la multiplicidad de tareas con las que deben cumplir sus cuidadores los ha llevado a buscar otras formas de distraerlos para poder concentrarse en sus deberes: “Muchas veces les pasan un dispositivo electrónico para que estén conectados todo el día sin molestar, y esto no es que sea culpa de los papás, es la situación… (Sus hijos) están expuestos a muchas más pantallas que -ya se ha dicho- dañan su desarrollo”.

“Se sienten solos, hay niños que dicen que se sienten más abandonados. Muchas veces no hay tiempo, ni siquiera, de sacarlos en la tarde a dar una vuelta en las comunas que ya están en fase dos”, agregó la profesional.

Una flexibilidad necesaria

Para Conejero, se necesita que las instituciones de educación superior y los trabajos colaboren con padres y madres, entregándoles mayor flexibilidad para cumplir con sus entregas y responsabilidades. En su opinión, al disponer de sus propios tiempos, los cuidadores deberían destinar espacios exclusivamente dedicados a sus hijos, organizar comidas juntos donde no se esté conectado a celulares u otros dispositivos y acompañarlos en sus tareas o instancias de aprendizaje.

En una línea similar, Lorenza Duclos indica que es necesario entender que un alumno que es padre o madre no puede cumplir con todas las exigencias que se esperarían de un universitario promedio. “Muchos estudiantes no pueden cumplir con los plazos no solo porque tienen que llevar a su hijo al médico, porque se enfermó o porque esté especialmente irritable, sino porque tienen que salir a trabajar, a buscar la canasta de alimentos del jardín o del colegio… son un montón de situaciones así”.

“La multidimensionalidad de la realidad de los papás no se ajusta a la pretensión del estudiante ideal de la universidad que puede responder a todos los plazos porque llega a su casa a estudiar tranquilo”, agrega.

Foto: Mapau Uchile

Foto: Mapau Uchile

Aunque decenas de universidades han adoptado gradualmente programas y políticas de corresponsabilidad en el cuidado de hijas e hijos de estudiantes, todavía faltan esfuerzos por darlos a conocer a los cuerpos académicos, y por designar responsables que estén a cargo de la implementación concreta de esos reglamentos.

En el intertanto, y aunque las energías tambaleen, las madres y los padres universitarios siguen enfocados en intentar conciliar sus responsabilidades y darles el mejor cuidado posible a sus hijos. El futuro exigirá hacerse cargo de las consecuencias que esta nueva forma de vida les ha acarreado a las familias. Por mientras, el desafío es seguir adelante, un día a la vez.

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